2024-12-24

JUGANDO A IMAGINAR LAS FIESTAS EN ARGENTINA

Un panorama navideño digno del Grinch en un mal día…

Escenas de peleas “intestinas” y “de los intestinos”.

Etapa navideña. 

Cada quien tiene su librito para describir esta época del año… y el recetario para enfrentarla.

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Todo varía de acuerdo a un rango infinito de particularidades, pero podemos decir que la edad tiene que ver mucho con el tema.
Así, los niños, para este momento, ya enviaron la carta a Papá Noel.

En ese punto, este artículo llega un poco tarde, porque ese señor que va por los cielos en trineo no escapa a la situación general, y cuando sobrevuela la Argentina, para peor, al hacer los cálculos en pos de llenar su bolsa de regalos, además de sufrir por la problemática inflacionaria, entra en una confusión total, porque no sabe con cuál de los tipos de dólar existentes debe hacer los cálculos, si el oficial, el blue, el turista, el mayorista, el contado con liqui…

En definitiva, a los pequeños habría que haberles dicho previamente que procuraran cuidar el bolsillo del pobre Santa Claus. Y, claro, que al momento de escribir la mencionada misiva, también recordarán cómo fue el comportamiento durante el año, porque eso de andar con buen pie durante los días previos a Navidad, haciendo buena letra, si el resto de los meses fueron clones de diablillos, no sirve. Papá Noel es bueno, pero no come vidrio, y seguramente buceará en sus archivos para ver cómo se portaron desde que el 2024 dijo “hola”, y no sólo tendrá en cuenta los momentos en que el año está por saludar con un “chau” for ever.

El asunto, para los grandes, puede tornarse más complejo.

Se sabe que estas fechas suelen llamar a la nostalgia.

Siempre hay un ser querido que ya no está, y el recuerdo muchas veces acarrea lágrimas… Ni hablar si la despedida ocurrió durante este año, porque la cercanía del adiós complejiza todo.

Los choques de copa, en esos casos, pueden llegar a sonar como bombas… y las esquirlas, meterse en el alma.

Pero, salvando esa temática, que no puede haber alguien que se la tome a broma, el resto suele ser tragicómico.

Por ejemplo, las discusiones “intestinas”, es decir, aquellas que se producen en el ámbito hogareño, a partir de compartir la mesa con gente que, por ahí, no se aguanta mucho, por más que sean parientes… o casi.

Así, en un día en que, según los papeles, todo tendría que ser paz y amor, el panorama se transforma en la última secuela de Alien vs Depredador.

Y todo porque reflotan rencillas de otros tiempos, odios sin fecha de vencimiento y cuestiones por el estilo.

Para ser sinceros, la cuestión es ridícula desde el vamos, porque ¿para qué reunirse el 24 de diciembre por la noche con quien durante el resto del año se trató de evitar?

Parece algo masoquista.

Pero, claro, hay ocasiones en que esos encuentros –que derivan en encontronazos– son inevitables. Si no aguantás a tu suegro y la reunión de este año es en su casa… y bueno, habrá que bancarse lo que venga.

Existe el peligro de que se produzcan otros inconvenientes, como un marido que, algo entonado, mire de más el escote de la nueva novia del cuñado, corriendo el riesgo de recibir puntapiés y codazos de su mujer, como así también alguna expresión colérica del propio cuñado, que ve como le ojean a la conquista.

Están también las expresiones beodas fuera de contexto y los maltratos verbales entre aquellos que nunca se bancaron.

Incluso, a partir de las burbujas del champagne que sobrepasan la azotea, no debe descartarse hasta alguna discusión futbolera.

A la hora de los postres, seguramente no faltará el pariente robusto –o la pariente robusta– que se arroje a la mesa de dulces. Al observar la escena, surgirá el cuestionamiento: después de la entrada fría, la caliente y los dos platos principales –porque no supo con cuál quedarse y le entró a ambos– dónde pueden caberle el pan dulce, las garrapiñadas y el turrón, del cual, por otra parte, como suele hablar con la boca llena, llegan pedacitos al resto de los presentes, a modo de fuente de fragmentos de almendras o similares…

Si el panorama de las discusiones “intestinas” es intenso, qué decir de lo referido a las peleas de “los intestinos”, porque el efecto de los atracos en comidas y bebidas no siempre aguarda al día siguiente. En ocasiones, la misma Nochebuena puede resultar perfumada por las corridas a un baño que, en general, no es el propio, porque esta Navidad toca ir a comer a casa ajena…

En fin, ¿qué más decir?

Feliz Navidad, vermouth con papas fritas (o espumante con frutos secos, dada la fecha) y good show, como brindaría el gran Tato Bores…

Y, si todavía tienen un lugarcito para aguantar una cosita más, se puede recordar que después de Navidad… ¡viene Año Nuevo!

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