2024-12-24

ENTREVISTA

¿Por qué Milei mantiene las prestaciones de Anses? Un libro bucea en el funcionamiento de un organismo que ofrece recursos de gobernabilidad

Las autoras son investigadoras del Conicet: “El desprecio por la actividad científica resulta angustiante”, opina una de ellas, en un reportaje exclusivo.

La Administración Nacional de Seguridad Social (Anses) es un organismo cuyo funcionamiento, para la mayor parte de la sociedad, resulta una incógnita.

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Poco se sabe de la gran billetera del Estado que deviene en mantenedora (con alambres) de una paz social siempre enclenque debido a la pobreza que, en la Argentina, se acostumbró a tocar niveles siderales.

Pilar Arcidiácono y Luisina Perelmiter, investigadoras del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), decidieron meterse en esa caja negra, husmear en cada rincón de un área que todo lo abarca, como un monstruo de innumerables brazos.

Así, nació “De bobo nada. Cómo funciona la Anses y por qué pone en cuestión los mitos contra el Estado”, libro publicado recientemente por la editorial Siglo XXI.

Luisina Perelmiter y Pilar Arcidiácono.

Sobre el origen de la obra, Pilar Arcidiácono explica: “Durante la pandemia, trabajamos sobre el Ingreso Familiar de Emergencia. Aún con todos los problemas que hubo en medio de la ejecución, resultó una manera de ver la capacidad de Anses para implementar políticas masivas. Fue entonces que surgió la idea de ponernos a investigar sobre el organismo”.

Siguieron cuatro años de trabajo, con, por ejemplo, entrevistas a personas que se desempeñan allí. “Lo bordeamos tratando de entender su lógica”, señala Arcidiácono, para luego definir: “Fue un viaje al interior de un organismo que es uno de los sectores más importantes del Estado, porque administra una parte significativa del presupuesto nacional, pero, sobre todo, el mayor gasto público social que tenemos”.

De tal manera, considera que “es central no sólo para la política social, sino para la estabilidad democrática, para la producción del orden en la sociedad argentina”.

“No hay nada equivalente en el país, y diría que tampoco en la región, como forma de llegar masivamente a la población, y lo hace de una manera particular, porque las prestaciones no son discrecionales, sino que dependen de un sistema, no de un mediador político o de la buena voluntad de un burócrata”, aprecia quien es doctora en Ciencias Sociales, magister en Políticas Sociales y licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires.

Igualmente, aunque destaca que se trata de “una relación directa entre el Estado y la ciudadanía”, Arcidiácono aclara: “No es perfecto ni funciona bárbaro; llega de manera despareja, porque quiere hacer legible a una sociedad que se le va moviendo, donde todo cambia y el Estado corre detrás de algo que se le escapa como arena entre las manos”.

En ese punto, reflexiona: “Masificó la política social, pero llegó de diferente manera a las personas: a una familia, con una asignación; a otras, con otras… Y eso implica distintos montos y obligaciones”.

Arcidiácono remarca el modo en que el organismo llega masivamente a la población.

La letra fría de la información institucional de Anses señala que se trata de “un organismo descentralizado creado en 1991, que tiene a su cargo la administración de las prestaciones y los servicios nacionales de la Seguridad Social en la República Argentina”.

En un primer momento, el objetivo fue unificar las cajas jubilatorias.

“El Anses surgió en medio del menemismo con la idea de ser un organismo residual; después pasó a ser la mayor caja de bienestar de la Argentina”, dice Arcidiácono, quien sintetiza: “Fue creado casi para desaparecer, como parte de la reforma del Estado, y luego se le colgó todo”.

En tal sentido, remarca la “eficiencia de la base de datos”, y que, en definitiva, conformó “una burocracia muy profesionalizada”.

El libro.

–¿Se puede pensar qué hubiera pasado durante la pandemia si no hubiese existido Anses?

–Resulta muy difícil… Las prestaciones masivas, de no caer en Anses, no sé dónde habrían ido. La respuesta fue posible gracias a las bases de datos de Anses y a la capacidad de penetración territorial… No tengo la capacidad imaginativa para ver qué otro organismo podría haber ocupado ese rol.

–¿Cómo describiría el presente de Anses, con la gestión gubernamental actual?

–Todo es muy incipiente. Al principio hubo una cantidad importante de despidos, cierre de oficinas… En cuanto a las prestaciones, en el campo de las jubilaciones, se ve una depreciación de los montos importante; en cambio, en la Asignación Universal, hay una subida, o sea que recupera su poder adquisitivo. También se dio la suspensión de la posibilidad de Anses de dar créditos. Como instrumento de gobierno, si tengo en la cabeza Desarrollo Social, Anses, en este proceso, salió más entero, porque las prestaciones no se ven cortadas. Incluso, podría decirse que genera un tipo de vínculo coherente con la forma de pensar del proyecto político de La Libertad Avanza, individualizado entre el Estado y la ciudadanía, sin necesidad de intermediarios. Además, sería muy difícil pensar en retirar las prestaciones sociales. En un contexto de indigencia y pobreza, no sé qué pasaría si se sacaran… Es una pregunta que nadie quiere hacerse.

–Es decir, más allá del color político que pueda tener el gobierno, en la Argentina de estos tiempos resulta impensado mantener cierto orden social sin la presencia de Anses…

–Absolutamente. Creo que se convirtió en un instrumento de política social y de gobernabilidad importantísimo, independientemente de los colores de los gobiernos. Paga alrededor de veintidós millones de prestaciones mensuales. Es inimaginable no pensar en esa billetera del Estado en términos de continuidad, aunque seguramente habrá ajustes de base. Se viene una discusión sobre el sistema previsional, las formas de acceder, si hay una lógica privatizadora…

Las autoras del libro sobre el Anses trabajan para el Conicet.

–Tanto usted como Luisina Perelmiter son investigadoras del Conicet, ¿cómo observa la actualidad de ese organismo?

–Mal, en todo sentido. Por un lado, salarialmente, que es lo que sentimos cotidianamente en nuestros bolsillos… También en lo que hace a las carreras cortadas, con los becarios que quedan afuera. Y los presupuestos de los proyectos, los cuales, para continuar, tendremos que solventar nosotros… Más allá de todo eso, hay algo peor que, teniendo varios años en el Conicet, nunca había visto: la denostación pública, el maltrato… El desprecio por la actividad científica resulta angustiante.

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