2024-12-20

RODOLFO GALOSI

El hombre que pensó en desarrollar Huemul considera que “la isla podría ser tan atractiva como el cerro Catedral”

Fue concejal e impulsó el espacio que había sido utilizado por Richter.

El doctor Rodolfo Galosi, oriundo de Berisso, localidad ubicada a unos diez kilómetros de La Plata, llegó a Bariloche en 1974.

Cinco años después, realizó un viaje a Europa con su esposa.

“Allá descubrimos la historia de cada lugar al que íbamos. Por ejemplo, en lo referido a castillos y museos. En todos lados, para conocer, había que pagar unos tres dólares”, recuerda.

Ese dato le quedó grabado.

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En 1987, cuando el Concejo Municipal adoptó la modalidad de cuatro años de gestión (hasta aquel momento había sido de dos), ingresó al cuerpo legislativo.

Militaba en la línea Humanismo y Liberación de la Democracia Cristiana, integrando, con el justicialismo, el Frente para la Victoria, adelantándose a la denominación que tomaría la coalición kirchnerista en el siglo XXI.

Entre aquel viaje al antiguo continente y su asunción como concejal, el doctor profundizó en la historia de la isla Huemul de una manera azarosa.

“Yo tenía como compañera de trabajo a una instrumentadora quirúrgica de apellido Mariscotti, y charlando con ella surgió la lectura de un texto que escribió su hermano, físico”, señala Galosi.

La referencia es al libro El secreto atómico de Huemul, de Mario Mariscotti, que Galosi rememora haber comprado en la recordada Casa Raúl.

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La obra relata la historia de lo que el austríaco Ronald Richter desarrolló en Huemul con el visto bueno del entonces presidente Juan Domingo Perón, quien había creído en la palabra del europeo, con la promesa de la generación de energía por fusión.

En Huemul aún quedan en pie, aunque derruidas, las instalaciones que Richter usó para, infructuosamente, conseguir su propósito.

Galosi evoca que, al tener frente a sí aquellas páginas, “surgió la idea de poner en marcha un proyecto en el cual se pudiera trabajar sobre un sitio sobre el que existiera un interés público vinculado a la historia”.

De tal manera, cuando llegó al Concejo, promovió, junto a los concejales Luis Álvarez y Héctor Baudino (que completaban el frente), analizar qué se podía hacer en la isla. Para contar con el punto de vista de un ecologista, los concejales sumaron a Alejandro Beletzky, quien acudió con ellos en la primera visita que hicieron a Huemul.

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Galosi, sobre la impresión que tuvo aquella vez, frente a los “pastizales y edificios destruidos”, habla de “un asombro histórico”.

Justamente, explica que se trabajó en “tener un espacio relacionado con la historia, pero, además, de cuidado de la naturaleza e investigación, que no fuera visitado solo por los turistas, sino también por la gente de Bariloche”.

El doctor indica que así nació un “proyecto para hacer un llamado a licitación pública con el objetivo de una explotación que incluyera la limpieza del lugar y el acceso a centros de interpretación, con guías de turismo capacitados para explicar lo que había sucedido en el sitio”.

De esa forma, remarca que la respuesta que hubo en el Concejo “fue muy buena”, y relata que la idea no era transformar el asunto en algo desmedido, ya que, a su entender, allí no debía –ni debe– pensarse en una empresa grandilocuente.

Incluso, cuando se refiere a la venta de productos alimenticios que podría hacerse, sostiene que debería tratarse de “algo básico”.

La vegetación reina en la isla.

“Lo ideal sería que la gente vaya, recorra y vuelva; a lo sumo tener un espacio destinado a una especie de picnic ecológico”, considera.

Así, siempre se opuso a quienes llegaron a pensar en instalaciones para un bingo o casino. “Se hubiera convertido en un lugar donde la carga humana hubiese sido muy grande, superior a la que puede haber allí”, aprecia.

“En aquel momento, justamente, aclarábamos que había que evitar que eso se transformara en un lugar de explotación superficial, meramente económico”, indica.

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Más allá de que finalmente la concesión (que se efectuó poco después de que cesara su cargo como concejal) dejó un sabor amargo –incluso para el concesionario–, Galosi –que en la actualidad anda por los ochenta años– cree que “algo puede hacerse” y sostiene que “el lugar debería ser visitado por una cantidad importante de gente”.

“Todo es cuestión de planificar y hacer una publicidad adecuada, porque la isla podría ser tan atractiva como el cerro Catedral, pero, en lugar de enfocarse a los deportes, apuntando a la naturaleza y la historia”, manifiesta.

Cartelería que quedó en la isla de la concesión de los noventa.

En cuanto al factor económico, opina que podría ser redituable, pero comenta: “En la Argentina tenemos la idea de que la ganancia debe llegar ya, pero no es así, habría que darle un poco de tiempo”.

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