SEGUIRA SACANDO SONRISAS
Tras el pedido de un niño, trabajador municipal no dudó en regalar un peluche recuperado del vertedero
Quién dijo que todo está perdido, se pregunta Fito Páez, aunque bien podría hacerlo el empleado municipal que luce en la imagen que ilustra este artículo.
En medio de la salida de los niños de una escuela primaria pública barilochense, a unos pasos de un cronista de El Cordillerano, sucedió el hecho en cuestión.
Mientras del establecimiento se retiraban alumnos y alumnas de los grados inferiores, un camión municipal aguardaba con el motor encendido frente al portón, con un trabajador que arengaba al grito de “reciclen, reciclen”, mientras batía una botella plástica rellena con envoltorios y papeles.
Del otro lado, un curso completo, con maestra y porteros de escoltas, respondía la coreografía y se acercaba al camión para arrojar una buena cantidad de botellas, con más papeles y envoltorios, tapitas y botellones, que colectaron los alumnos en cada uno de sus domicilios.
Pero entre gritos, carcajadas y una siembra de conciencia difícil de magnificar, se escuchó un breve intercambio de palabras que cerró con el trabajador municipal pidiendo una foto para mostrar a los compañeros.
De ahí la escena.
Es que entre toneladas de basura que se acumulan en el vertedero municipal, este trabajador municipal y sus compañeros recuperaron un ajado peluche y como forma de animar el trabajo, decidieron atarlo en la parrilla frontal del humeante Mercedes Benz municipal.
Sucedió que un pequeño que llegaba junto a su padre a buscar a un hermano, fijó su mirada en la trompa del camión y no dudó un instante en acercarse al trabajador y pedírselo. Tras la foto de rigor, el trabajador desató el peluche y lo entregó a su nuevo dueño pidiéndole que lo cuide.
Tras los apretones de mano y abrazos de rigor, todos se retiraron del lugar con una sonrisa, dejando el lugar perfumado de humanidad. ¿Quién dijo que todo está perdido?