Atractivo hasta en las historietas
En 1960 Isidoro vino a hacer sus locuras a Bariloche
Las Locuras de Isidoro es una publicación que nació en formato de revista en 1968. El número 26 del 6 de agosto de 1970 fue denominado “Romance en Bariloche”.
Perteneció a la editorial Dante Quinterno, los dibujos eran de Tulio Lovato y los guiones de Mariano Juliá y Faruk (Jorge Palacio). La revista llegó a tener una tirada de 300.000 ejemplares.
Isidoro Cañones no tendría mucho futuro en la sociedad actual, era un playboy chanta y vividor, que dilapidaba el dinero ajeno. Su personalidad de vago, débil, temeroso, afecto a la noche, al juego, a las mujeres y a la bebida, tenía como contrapartida, ser ocurrente y divertido, sabía ser simpático y hacerse querer. Así lo define un artículo de la revista De La Flor.
Isidoro no envejecía ni maduraba, cada una de sus historias estaba acompañada por su tío, el coronel Cañones, el mucamo Manuel y Cachorra, nieta del misterioso coronel Bazuka.
No hay duda de que se trata de una historieta y un personaje controvertidos, que han recibido en el tiempo numerosas lecturas con perspectivas diversas, políticas, semiológicas, feministas. En la sección “Estudios críticos” de AhiRa, pueden leerse las intervenciones de la revista Militancia, Oscar Steimberg, Juan Sasturain y Liliana Viola.
La revista publicó historietas originales hasta mediados de la década de 1970 y luego, como republicación de materiales antiguos y con el título Selección de las Mejores Locuras de Isidoro, apareció hasta bien entrados los años 2000, superando los quinientos números. (Material consultado de José María Gutiérrez, director del Archivo de Historieta y Humor Gráfico Argentinos de la Biblioteca Nacional).
En Bariloche
En el Nº 26 el tío de Isidoro, llega en avioneta a visitar a un viejo amigo a un campo de la Patagonia. Le iba a pedir un favor muy especial, que se hiciera cargo de Isidoro. La intención era dejarlo confinado como castigo por haberle vendido piezas de su colección privada.
Ninguno de los intentos del capataz fue suficiente para que el joven pudiera enlazar un caballo o realizar las tareas de campo. Hasta que una mañana, llega un grupo de mochileros buscando albergue por una noche para luego, continuar viaje hacia Bariloche.
Escondiéndose en una de esas mochilas, finalmente logró escaparse y llegar a nuestra ciudad. Obviamente que intenta conquistar a una joven adinerada, hace sus “locuras” en el cerro Catedral.
Una anécdota más de la presencia y relevancia que ha tenido Bariloche como ciudad turística en el país y el mundo.