LA GENTE LLENÓ LA BAITA PARA VER “HISTORIAS ARGENTINAS”
Pigna y Saborido en Bariloche, “cerca de la revolución” en un “ensayo general para la farsa actual”
Por la noche, el reloj marcaba las ocho y siete minutos cuando en un teatro La Baita repleto comenzó a sonar Cerca de la revolución, de Charly García, el marco musical con el que Felipe Pigna y Pedro Saborido ingresaron al escenario para dar comienzo a un recorrido por Historias argentinas, tal el nombre del espectáculo que el historiador y el guionista presentaron el sábado en Bariloche.
“Estamos preocupados porque siempre dicen que el público montañés es el más difícil”, bromeó Saborido, para romper el hielo, a la vez que Pigna contó que su papá fue manager de la Camerata Bariloche y evocó que varios momentos de su infancia trascurrieron en la ciudad.
De tal manera, el historiador rememoró que el espacio en el que estaban, antes de transformarse en el teatro La Baita, había sido el cine Arrayanes, donde fue espectador de diversas películas.
La presentación de Saborido y Pigna se desplegó sobre tres ejes: civilización y barbarie, identidad argentina y revoluciones.
En cuanto al primer punto, conversaron acerca de cómo muchas veces la barbarie es emprendida por los supuestos civilizados.
“Acá terminó la Campaña del Desierto”, dijo Pigna, quien, en alusión a la resistencia indígena que se desarrolló en la zona patagónica frente al avance de las milicias, mencionó al cacique Modesto Inacayal, al que calificó como “un héroe de los pueblos preexistentes” que, tras ser capturado, fue traslado como “pieza viviente” al Museo de Ciencias Naturales de La Plata, donde se suicidó mirando al este, “recitando una oración en su lengua y despojándose de las ropas que el winka le había dado”.
La referencia sirvió como puntapié para desplegar un paseo por diversos momentos de la historia, empezando por quien tiene el copyright de la sentencia “civilización y barbarie”, Domingo Faustino Sarmiento, aunque el historiador recordó que, no mucho antes que el sanjuanino, el francés Víctor Hugo había hablado de “civilización 'o' barbarie”.
Uno de los citados en el derrotero histórico fue Juan Bautista Alberdi, que, a partir de diversas menciones del presidente Javier Milei, “se ha puesto de moda”, como dijo el propio Pigna, quien igualmente aclaró que la versión que impulsan los libertarios de este tiempo difiere de la real.
Así, a modo de ejemplo, detalló que Alberdi consideraba que no se podía hablar de libertad sin equidad e incluso había sido crítico del modo en que actuaron algunos que decían impulsar ideas liberales, lo cual lo llevó a escribir: “Los liberales argentinos son amantes platónicos de una deidad que no han visto ni conocen. Ser libre, para ellos, no consiste en gobernarse a sí mismos sino en gobernar a los otros. La posesión del gobierno: he ahí toda su libertad. El monopolio del gobierno: he ahí todo su liberalismo”.
En cuanto al segundo segmento del espectáculo, dedicado a la identidad de aquellos que pueblan esta parte del mundo, Pigna apreció: “La búsqueda del ser nacional como un ser único es un absurdo; lo más lindo que tiene la Argentina es su multiplicidad”.
Para desarrollar tal punto, el historiador recurrió a la figura de alguien sobre quien estudió mucho, ya que le dedicó un libro, Carlos Gardel, “el argentino por excelencia siendo francés”, expuso, aunque aclaró que el dato remitía sólo al lugar de nacimiento, Toulouse, ya que el zorzal “era absolutamente criollo”.
También surgió el nombre de otra figura emblemática de Argentina, Jorge Luis Borges, pero desde un punto de vista particular, con Saborido hablando del encanto que el escritor sintió por las achuras –comida considerada de esclavos–, a partir de una visita al mercado del Abasto, guiado por Raúl Scalabrini Ortiz.
Luego llegó el tiempo de hablar de las revoluciones, entendiendo la temática como un momento de transformación donde una causa une a gente diversa.
De esa forma, Pigna y Saborido llegaron al peronismo, un cambio profundo que el historiador calificó como “un sismo en la política argentina”, algo que escapaba a las explicaciones tradicionales que podían llegar por parte de la derecha y también desde la izquierda.
“La creencia genera la existencia”, sostuvo Saborido, aunque advirtió: “A veces falla”.
“El peronismo es una oportunidad, no una certeza”, añadió.
Remitiendo de alguna manera a ese pensamiento que lleva a unir al peronismo con lo religioso, debido al desarrollo de la idea de un movimiento que elude a lo meramente político para vincular extremos impensados, Saborido arribó al Vaticano… O, en realidad, el que llegó fue Jorge Bergoglio, para convertirse en Francisco… “Lo imposible es Bergoglio. Hace treinta años, ¿había alguien que creyera que pudiera haber un papa argentino?”, preguntó el guionista. Y agregó: “Aparte, peronista… eso es lo raro”.
De ese modo, a partir de referencias históricas al enfrentamiento de la Iglesia con el peronismo, se apuntó a la reinvención de un partido que no termina de ser tal, sino algo distinto, una cosa indescifrable que sólo podría nacer y desarrollarse en este país.
“Siempre lo insólito puede ocurrir”, expresó Saborido.
Para el final, y teniendo en cuenta el presente argentino, claramente opuesto al ideario del historiador y del guionista, sobre el escenario se perfiló el concepto de que “todo pasa”, es decir, que lo que se vive ahora será una parte más de la historia a contar en el futuro.
Tras algo más de una hora y media desde que el Cerca de la revolución de Charly abriera el espectáculo, para la despedida llegó la redonda Vencedores vencidos… con su “ensayo general para la farsa actual”, sin olvidar, claro, el “teatro antidisturbios”.