2024-11-06

EXPOSICIÓN DE LA SOCIEDAD DE HORTICULTURA DE BARILOCHE

El SCUM se vistió con flores

Una persona enamorada suele pensar en bajar una estrella del cielo para obsequiarle a quien es objeto de su cariño.

Es más, si pudiera, le daría un racimo de ellas.

Pero como tal cosa es imposible, se contenta con representar su querer con flores.

Foto: Facundo Pardo.

Cuenta la leyenda que las lágrimas que vertió Afrodita, la diosa del amor, por la muerte de su adorado Adonis, en conjunto con la sangre del fallecido, al posarse sobre la tierra dieron como resultado rosas rojas.

Desde siempre, las flores estuvieron vinculadas al amor.

¿Pero qué pasa con aquellos que aman a las flores?

Una muestra de ese vínculo, de cuidado y acompañamiento, puede verse en el  Salón Cultural de Usos Múltiples (SCUM), en Moreno y Villegas.

Foto: Facundo Pardo.

Allí, desde el lunes, la Sociedad de Horticultura de Bariloche está desarrollando la exposición de primavera 2024.

Justamente, el cierre será hoy, con la entrega de los premios de esta edición, que se realizará a las 17.

Un jurado escogido especialmente para la ocasión ya determinó los ganadores, en categorías como “mejor flor de mi jardín”, “ramo”, “arreglo libre” y “rama”.

Foto: Facundo Pardo.

Cabe indicar que la entidad lleva a cabo dos grandes muestras en el año, una es la actual, de primavera, y también está la de otoño.

Además, quienes conforman la agrupación suelen organizar charlas, visitas a jardines y otras actividades.

Foto: Matías Garay.

Aunque en el SCUM, al momento de dialogar con el periodista, sólo hay mujeres –casi en su totalidad, mayores de setenta años– la vicepresidenta de la Sociedad de Horticultura, Inés de Ojeda, señala que también jóvenes forman parte del grupo, así como algunos hombres (“No son muchos, pero hay”, dice).

En cuanto a la juventud, destaca que, precisamente, el acercamiento tiene que ver bastante con la realización de las muestras.

Foto: Facundo Pardo.

“Se entusiasman cuando ven las flores expuestas”, añade a su lado Nilse Guevara, quien recalca que, precisamente, las que están en el salón provienen de jardines particulares. “No son de viveros ni de florerías”, apunta.

Nilse vino de Buenos Aires hace unos treinta años.

Solía visitar la ciudad de vacaciones y cuando se jubiló se radicó aquí.

Foto: Matías Garay.

“Toda la vida he sido una enloquecida por las flores; es algo innato”, cuenta, para después señalar: “Tengo un jardín pequeño, pero muy trabajado, con rosas miniaturas, pero todavía no es el tiempo para que aparezcan, aún no empezaron a florecer… Están apimpolladas, pero les falta un poco de calor. En general, empiezan a crecer en diciembre. Seguro que en la próxima exposición otoñal voy a traer”.

La mujer explica que se trata de las que suelen denominarse “rosas rococó”, tal como las llama Mirtha Legrand.

Foto: Matías Garay.

Nilse, más allá de su gusto por esas rosas pequeñas, cultiva un poco de todo, pero, según revela, le falta espacio… “Las plantas se ‘codean’ para hacerse lugar”, bromea.

Foto: Facundo Pardo.

María García, en tanto, tiene un parque más amplio, que posibilita que pueda desarrollar su gusto por el reino vegetal, que, en su caso, más allá de las flores, se vincula a una pasión por los árboles.

Desde hace alrededor de veinte años, forma parte de la Sociedad de Horticultura, y su acercamiento fue, a la vez, una manera de acercarse a la idiosincrasia barilochense. 

Foto: Matías Garay.

También procedente de Buenos Aires, aterrizó en la Patagonia más que nada por el entusiasmo de su marido por ciertos deportes invernales, particularmente del snowboard, el cual practica a sus… ¡ochenta y nueve años!

Ella, por su parte, dice que a los ochenta ya colgó los esquíes… “Me di cada porrazo”, ríe.

Foto: Facundo Pardo.

El matrimonio había tenido su luna de miel en Bariloche, así que el vínculo con la localidad viene de larga data.

María comenta que, en algunos aspectos, la ciudad le parece “una comunidad cerrada, donde es difícil hacer amistades”. En ese sentido, rescata el contar con conocidos y familiares que le facilitaron la adaptación.

Foto: Matías Garay.

Por ejemplo, Inés, la vicepresidenta de la Sociedad de Horticultura y amante de los rododendros, es la suegra de un sobrino de María, por lo que fue gracias a ella que se arrimó a la entidad, donde encontró un espacio para desarrollar amistades y disfrutar con las exposiciones y las sonrisas de aquellos que se acercan para ser parte (porque cualquiera puede participar de los encuentros). A todo esto, su marido, el amante del snowboard, también es socio.

Foto: Facundo Pardo.

María Penovi es otra de las integrantes de la institución; desde hace dos años, participa en la comisión directiva.

“Me encantan las plantas y las flores, pero, por favor, no me pregunten por los nombres científicos”, sonríe, ante la dificultad de ciertas denominaciones.

Penovi llegó a Bariloche en 1973.

Venía de General Alvear, que define como “el centro geográfico de la provincia de Buenos Aires”.

La mudanza se debió a un problema de salud del esposo, a quien le recomendaron un cambio de ambiente debido a una alergia.

“Habíamos venido de viaje de boda, y a él le gustó mucho el lugar porque le recordaba al pueblo de Italia donde nació”, explica Penovi, en referencia a Teggiano, en la provincia de Salerno.

“Me gusta todo lo que es flores, y la que prefiero es la rosa, por la variedad y el tiempo que permanece, ya que está desde diciembre a junio”, señala.

Foto: Facundo Pardo.

Hay que recalcar que la Sociedad de Horticultura de Bariloche cumplió en 2024 ochenta años, ya que, con Nelly (Hedy) Frey de Neumeyer como presidenta, nació el 11 de enero de 1944. 

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