2024-10-30

PABLO SIGÜENZA Y EL HELVECIA

Barco hundido en Bariloche: conocé la historia del abogado y buzo que participó del descubrimiento

¿Cómo llega un abogado a ser parte de una expedición en la que finalmente se encuentra un barco hundido?

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Es cierto, la idea parece algo extraña, pero lo que sucede es que el abogado en cuestión también es buzo.

Pablo Sigüenza (foto: Facundo Pardo).

Pablo Sigüenza es el letrado que integra el equipo de investigación que dio con el Helvecia en las aguas del lago Nahuel Huapi.

La noticia del hallazgo tomó trascendencia mucho más allá de los límites de la ciudad.

El hecho posee condimentos que lo hacen atractivo.

De por sí, que tres personas se unan en pos de un proyecto vinculado a un naufragio suena a película.

Y, justamente, un filme es en lo que se está trabajando.

Cabe resaltar que todo nació a partir del empuje de Nicolás Mazzola, cineasta que emprendió un camino para poder cumplir el deseo paterno (su padre Juan Carlos falleció en 2018) de dar con la embarcación.

Nicolás Mazzola (foto: Eugenia Neme).

Para eso se unió con Pablo Sigüenza, que además de abogado es un apasionado del buceo (para él, estar bajo el agua es lo más parecido a lo que puede sentir un astronauta en el espacio) y había compartido una amistad con su papá. 

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A ellos, se les sumó Lucas Bonfanti, un cordobés que trabaja en una empresa de computación, también buzo y amante de las aventuras “a la Indiana Jones”.

Lucas Bonfanti (foto de Walter Van Hoorenbeeck, gentileza de Lucas Bonfanti). 

Nicolás, más allá de emprender la investigación “en serio”, decidió hace una película con la historia. "La búsqueda del Helvecia" está en su etapa final de producción, y la idea es que pronto pueda ser estrenada.

Pablo Sigüenza, en tanto, escribió un libro que está por salir a la venta. Su título es "Vapor Helvecia. Naufragio, olvido y hallazgo".

“Empecé a bucear durante mi primera juventud y nunca dejé de hacerlo, aunque hubo épocas en las que lo hice con mayor intensidad y otras que no tanto”, cuenta el letrado, detallando: “Nací en Buenos Aires, me recibí de abogado a los veintitrés años y a los veinticuatro me instalé en Bariloche, en marzo de 1989, porque desde hacía tiempo quería venir a la Patagonia”.

“Como soy aficionado a la historia, una vez que llegué, empecé a ver datos de la ciudad y la región”, dice, y explica: “Entre toda la información, di con el hundimiento del Helvecia, del cual se conocía muy poco, porque todo el mundo decía saber dónde estaba, pero, en realidad, no se sabía nada”.

De tal manera, apunta que se relacionó con la escuela de buceo que tenía Juan Carlos, el papá de Nicolás, y “ahí el tema del Helvecia estaba omnipresente”.

Indica que Juan Carlos de vez en cuando salía en su búsqueda, pero más que nada con sus hijos.

La cuestión, todavía, era algo que Pablo veía medio de lejos, aunque, claro, era uno de los tantos que soñaba con encontrarlo.

Pablo, en su rol de buzo (foto gentileza de Pablo Sigüenza).

En cierta ocasión, cuando Juan Carlos ya había fallecido, Nicolás le contó su idea de realizar una película sobre el Helvecia, más allá de que lo encontrara o no.

Hasta ahí, parecía una ocurrencia que quedaría sólo en eso, un deseo lanzado al aire sin mayor trascendencia. Pero, la semana siguiente, Pablo comenzó a recibir llamados de Nicolás consultándole cómo le parecía que se podía llegar a tal o cual dato vinculado a la embarcación hundida.

“Me empecé a involucrar en el proyecto cada vez más”, indica el abogado.

Luego, una vez metido en la vorágine “helvética”, no necesitaba que lo motivaran, estaba metido de cabeza en el trabajo en torno al barco.

Pablo, en su estudio legal (foto: Facundo Pardo).

Una tarde de octubre de 2024, en su estudio céntrico, Pablo señala que se complicaba obtener información sin tener credenciales de investigador. “Se cerraban un montón de puertas”, expone, aunque reconoce que, en otros espacios, el espíritu amateur que los impulsaba logró conmover a gente que les abrió archivos de interés.

Por aquel entonces, Nicolás, en una entrevista con el periodista Daniel Pardo, contó el proyecto en el que se había embarcado.

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Lucas Bonfanti, en Córdoba, leyó la nota, publicada en El Cordillerano, y se contactó con el director para sumarse a la propuesta.

En tal sentido, Pablo destaca que Lucas consiguió aportar información recabada en diarios de época.

Como un astronauta... pero abajo del agua (foto gentileza de Pablo Sigüenza).

El abogado, por su parte, fue hallando datos por diversas “puntas”.

Por ejemplo, remarca la ayuda que brindó el cónsul de Chile en Bariloche, Javier Matta Manzano.

Pablo decidió ir a verlo cuando se topó con tres actas de defunción que hablaban de los orígenes chilenos de personas que habían estado en el Helvecia cuando la embarcación naufragó (sus cuerpos fueron hallados en la costa).

“Para nosotros, era muy importante darles nombres a las víctimas, tanto como hallar el barco”, afirma el letrado.

Con el presentimiento de que la totalidad de la tripulación provenía de Chile, el abogado acudió al consulado.

Matta Manzano consiguió una notificación que quien era cónsul chileno en el tiempo en que sucedió el naufragio (el barco se hundió el 31 de diciembre de 1906) envió a quien era por entonces canciller, informando acerca de la muerte de diez chilenos en aguas del Nahuel Huapi.

Pero no todos habían estado en el naufragio del Helvecia. Cuatro, en realidad, fallecieron días antes en otro accidente, cuando se dio vuelta el bote en el que estaban.

De esa forma, los que iban tras la historia del barco hundido consiguieron los nombres de las otras personas que habían estado a bordo. En total, eran seis. Una de ellas, Santiago Pacheco, fue el capitán… pero sólo en esa jornada. Su labor habitual era la de maquinista. “Sospechamos que el capitán titular pudo haber sido Nicolás Márquez, hermano de Daniel, quien históricamente capitaneó el vapor El Cóndor… Uno de los diarios que consiguió Bonfanti decía que el capitán ese día había dado parte de enfermo –sin dar su nombre– y por eso Pacheco había asumido el rol”, cuenta Pablo.

Pablo y el Helvecia (foto gentileza de Pablo Sigüenza).

En cuanto a lo que provocó el naufragio, aprecia: “Sospechamos que puede haber quedado un tambucho (abertura en la cubierta para acceder a los espacios del interior de un buque) mal cerrado o algo por el estilo. Debido a la sucesión de olas, quizá fue entrando agua, lo que habría causado que, de manera imperceptible, se fuera tornando pesado de proa, hasta que se hubiese ido a fondo… Pero es sólo una hipótesis”.

Justamente, en su libro, el único capítulo que responde suposiciones, donde Pablo recurre a la ficción para recrear un momento que, en realidad, no sabe a ciencia cierta qué pasó, se vincula al motivo del hundimiento.

Amante del buceo (foto gentileza de Pablo Sigüenza).

El abogado menciona a diversas personas que colaboraron en distintas etapas de la búsqueda. Por ejemplo, cita a Pablo Vigliano por cuyo intermedio pudieron utilizar un sonar de barrido lateral de la Universidad Nacional del Comahue. También se refiere a gente del Conicet que les entregó batimetrías (estudios de las profundidades), que, más allá de que ya tenían unos años, sirvieron para limitar el área de búsqueda. Asimismo, evoca que desde Pancora Robótica Submarina le facilitaron el uso de una cámara de deriva.

“El lago será el patio de nuestra casa, pero es gigante”, sonríe el letrado, al referirse a las dificultades que atravesó el equipo para realizar la búsqueda en las dimensiones lacustres.

El placer de haber hallado un "tesoro" (foto gentileza de Pablo Sigüenza).

“Reivindico la aventura de tres tipos comunes y corrientes que hicieron lo que hicieron sin cargar con grandes pergaminos, sólo la voluntad de realizar la investigación y encontrar un barco hundido”, celebra.

El día de febrero de 2023 en que finalmente lo hallaron, Pablo no se metió al agua, sino que asistió a Lucas y Nicolás desde la lancha.

Cuando Nicolás emergió, se sentó en un costado junto a él y le contó que el nombre del barco, en realidad, era Helvecia II (lo había visto en la proa). Hablaron unos instantes sobre otros detalles y ambos se pusieron a llorar…

La emoción aún permanece a flor de piel.

Hallazgo del Helvecia (foto tomada por Lucas Bonfanti, gentileza del autor).

Pablo, finalmente, vería al barco poco después, en una segunda visita al lugar, donde sí se arrojó al agua.

Increíblemente, en esa ocasión, mientras Nicolás y Julián, junto a otro buzo (Luis Barrera), estaban en el agua, una patrulla de Prefectura, con efectivos que requerían permisos, retrasaba la zambullida del abogado.

Cuando pudo arrojarse al lago, nadó rápidamente en busca del Helvecia.

Una vez frente al barco, recorrió el contorno sin tocarlo. “Tratando de disfrutar y memorizar todo lo que veía” describe.

En cuanto al porqué de no dar detalles sobre la ubicación, explica: “Por un lado, no queremos que lo expolien; por otra parte, está a una profundidad suficiente como para que un buzo que no tenga capacitación en buceo profundo se mande una macana y suceda una tragedia”.

Cuenta que averiguó acerca de cámaras para vigilancia subacuática que se alimentan con una boya en superficie que contiene un pequeño panel solar, y las recomendó a las autoridades.

“Quisiera que esté lo suficientemente vigilado como para que no lo expolien, y no sólo que se conserve, sino que se estudie. El Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, que es la autoridad de aplicación en materia arqueológica en la Argentina, cuenta con un departamento de arqueología subacuática, el PROAS”, manifiesta.

Asimismo, sueña con que las cámaras que vigilarían el barco también podrían transmitir imágenes en pantallas de grandes dimensiones en algún sitio cerrado, como un museo, para brindar “una experiencia inmersiva”.

Por lo pronto, agradece “el placer de haber vivido la aventura”, aunque aclara que, la del Helvecia, “todavía es una historia abierta”. 

“Descubrimos lo sustancial, pero hay datos que todavía no conocemos”, indica.

Además, anuncia: “Me encantaría seguir la pesquisa de algo nuevo, algo distinto”.

Habla de otras cosas que se podrían buscar en el lago, pero también advierte que “la costa marítima patagónica está repleta de naufragios”.

A la vez, suelta: “Si bien me gusta bucear, en tierra también existen muchas historias interesantes para develar”.

La mirada en el horizonte (foto: Facundo Pardo).

En cualquier caso, para que no queden dudas, sonríe: “Esto sigue, no terminó acá”.

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