DEL LAGOMOTO AL HELVECIA
El papel del Conicet en el hallazgo del barco hundido en el Nahuel Huapi
A principios de 2023, Gustavo Villarosa, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), recibió una comunicación poco usual.
Quien lo llamó fue Lucas Bonfanti, una de las personas que forma parte de la película en desarrollo La búsqueda del Helvecia, un documental que gira en torno al hallazgo de una embarcación sumergida en el lago Nahuel Huapi que tuvo que esperar más de cien años para ser hallada.
“Me contó que estaban buscando el barco y que justo él había visto un video nuestro, de divulgación, donde hablábamos del lagomoto de 1960, los deslizamientos subacuáticos y demás”, dice Villarosa.
“Como no hallaban al Helvecia en la zona en la que, de acuerdo a los datos históricos que tenían, creían que podía estar, me preguntó por la posibilidad de que lo hubiera movido un desplazamiento de sedimentos en el fondo”, dice.

Primera imagen subacuática del Helvecia en las profundidades del lago Nahuel Huapi tras su naufragio en 1906 (foto de Nicolás Mazzola suministrada por Conicet).
Bonfanti, un explorador cordobés, se había sumado al proyecto del director de la película, Nicolás Mazzola, y el abogado Pablo Sigüenza, en busca del barco perdido. La historia detrás de la iniciativa tiene un trasfondo emotivo que le añade un valor especial. El padre de Nicolás, Juan Carlos, era un buzo que durante años intentó, sin éxito, dar con el Helvecia. Por eso, su hijo, tras el fallecimiento del papá, decidió continuar con la idea de encontrar el barco.
Cuando Bonfanti ya era parte de aquel sueño personal de Nicolás que se transformó en un plan colectivo, se enteró del trabajo emprendido en el Conicet.
Es cierto, el tema era otro, muy distinto, porque los estudios de Villarosa se habían centrado en lo que ocurrió en 1960, cuando el terremoto de Valdivia derivó en un tsunami lacustre en Bariloche, pero el cordobés imaginó que podría haber una conexión.
Pensó en la posibilidad de que desplazamientos bajo el agua hubiesen corrido la embarcación, o bien el barco pudiese haber quedado bajo sedimentos.
“Yo le dije que no podíamos descartarlo, porque en el fondo del lago hay un montón de cicatrices de deslizamientos, es algo que ocurre con mucha frecuencia, pero me parecía raro que se pudiera mover tanto o taparse por completo”, señala Villarosa.
“Pedí que me pasaran la zona y nos fijamos en los relevamientos que hicimos en 2007, de donde salieron los datos que usamos en una publicación de 2009, sobre el lagomoto y la desaparición del muelle. Fue así que nos pusimos a buscar con la investigadora Débora Beigt y la becaria Lucía Domínguez”, cuenta el hombre del Conicet.
De esa forma, en el área que los encargados de la película habían marcado, aparecía lo que Villarosa define como “una cosa rara”, pero todo indicaba que no era el Helvecia. “No se trataba del barco; no tenía la forma ni las dimensiones. Parecía algo geológico”, advierte el investigador.
Villarosa se comunicó con Bonfanti y le propuso explorar alejándose un poco de la zona de búsqueda delineada.
“Después de trabajar tres días con eso, fuera del área donde estaban buscando, a unos trescientos metros al oeste, encontramos lo que claramente era la forma del barco hundido. Sobresalía en una zona del lago donde el fondo es bastante liso”, explica el investigador.
De tal forma, la gente del Conicet superpuso a un mapa de Bariloche –para que sirviera como referencia– un esquema del fondo, con la marca de “dos formas”: “Una, la que decíamos que no parecía que fuera, y la otra que pensábamos que sí”, explica Villarosa.
Apenas se toparon con el Helvecia, los impulsores del documental le dijeron al investigador del Conicet que había tenido razón.

Gustavo Villarosa junto al equipo de investigación (foto gentileza de los investigadores).
“Tenemos mapas tridimensionales del fondo, con alta resolución, donde se ve la forma de cualquier cosa que esté apoyada. No es una foto. Surge de datos a los que hay que hacerles un procesado. Y después tenemos que georreferenciarlo, lo que en el agua es bastante complejo”, expresa Villarosa, al referirse a la técnica que propició que el barco se hallara con rapidez.
Esa tecnología, vinculada al uso de una ecosonda multihaz, se relacionaba a un trabajo de 2007 (publicado en 2009) realizado en conjunto con Eduardo Gómez, del Instituto Argentino de Oceanografía del Conicet. Aquella labor se centró en el lagomoto de 1960, “cuando el muelle frente al Centro Cívico desapareció porque se produjo un deslizamiento de los sedimentos del fondo lacustre, producto de la agitación del terremoto de Valdivia, el más grande que se registró instrumentalmente en la historia de la humanidad”, según detalla Villarosa.
“El sismo provocó que los sedimentos del fondo, por debajo del veril del lago, se desprendieran y se deslizaran pendiente abajo, en un sector grande, donde estaba asentado el muelle de Bariloche, que lo habían terminado de construir hacía poco”, cuenta el investigador, quien después señala: “Junto con el muelle, hubo dos embarcaciones que se hundieron; dos personas fallecieron”.
Sobre los estudios vinculados al tema, Villarosa aprecia: “Un inventario de deslizamientos es útil porque, en función de cuántas cicatrices se observan en el fondo, pueden hacerse estimaciones sobre la recurrencia”.
–¿Es posible que se reitere algo así?
–Sí, de hecho, tsunamis pequeños hay con cierta frecuencia. De cuando fue la erupción del 2011 (en Cordón Caullé), existen reportes de tsunamis pequeños; tenemos registros de deslizamientos que originaron olas de tsunami chicas, porque cuando el sedimento que se desplaza es de un volumen chico, genera una ola pequeña; el problema se da cuando se producen muchos deslizamientos al mismo tiempo en varios lugares del lago, o deslizamientos muy grandes. Nosotros, precisamente, trabajamos con riesgos volcánicos y derivados de caída de cenizas, los tsunamis lacustres y la inestabilidad de costas.

Gustavo Villarosa, doctor de la Universidad de Buenos Aires, área de Ciencias Geológicas; investigador principal del Conicet (foto suministrada por Conicet).
Villarosa nació en Buenos Aires y vive en Bariloche desde 1995. Hace treinta y cuatro años que forma parte de Conicet. Precisamente, llegó a la Patagonia por su labor como investigador.
“Vine porque en ese momento acá había un instituto del Conicet que estaba empezando a trabajar en vulcanismo, y yo comenzaba mi doctorado en vulcanología”, narra.
En tal sentido, remarca: “Los mejores registros volcánicos están en los sedimentos de los lagos; se encuentran restos de cenizas volcánicas de erupciones que ocurrieron hace miles de años”.
De tal manera, el investigador se introdujo en lo que se denomina limnogeología, es decir, “el estudio de procesos geológicos en los lagos”.
En cuanto al presente del Conicet, remarca que “la situación es complicada”.
“Nosotros, en este momento, tenemos tres proyectos de investigación aprobados, para los cuales no estamos recibiendo fondos, y de eso dependen los becarios para poder terminar a tiempo sus tesis; no les podemos proveer los insumos”, se lamenta.
En ese punto, añade: “De los tres becarios que terminaron sus becas a principios de año, sólo uno se quedó en el sistema. De los otros, uno se fue a Italia y otro a la industria privada”.
“En los último meses, perdimos a la mitad de la gente”, cuenta.
Asimismo, remarca: “Nos molesta muchísimo que nos digan ñoquis. Debemos ser la instancia del Estado con más evaluaciones, continuas y exigentes”.
En tal sentido, expone: “Cuando Conicet da una beca para hacer un doctorado, por cinco años, y ese tiempo termina, hay que haber completado ese doctorado y, si se quiere permanecer en el sistema como científico, debe tenerse, por lo menos, tres publicaciones de calidad en revistas internacionales de primera línea. Así, se puede competir por una beca posdoctoral, que dura tres años más. Si pasa todo ese tiempo, un total de ocho años, es factible presentarse a ingresar en la carrera de investigador científico”.
En cuanto a la modalidad en que se llevó a cabo la labor para los impulsores de la película sobre la búsqueda del Helvecia, señala: “Nos hicieron un pedido formal por Servicios Tecnológicos de Alto Nivel (STAN) y nosotros se lo bonificamos. Nos parecía una causa noble y lo hicimos gratis”.