VIAJA POR DIVERSOS PAÍSES CON SU “HANDPAN”
Carolina: alma de trotamundos musical
“No sabía dónde ir excepto a todas partes”, escribió Jack Kerouac en su libro En el camino.
Aquella frase parida por la mente del escritor beat, de alguna manera, puede describir a Carolina Bensi.
Cuando era aún más joven –ahora anda por los veintisiete–, allá por 2018, decidió salir de Monte Chingolo, localidad de Lanús, Gran Buenos Aires, a conocer el mundo.
Empezó por Córdoba, pero pronto se animaría a más…
Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela… Siempre por tierra.
En ella latían palabras que de chica había escuchado de Silvia, su madre, quien le había comentado acerca de sus tiempos juveniles como mochilera.

Carolina, al comenzar su transitar de andariega, lo hizo acompañada no de alguien, sino de algo… El elemento en cuestión, que aún la acompaña, es un handpan, término inglés que en español sería algo así como cacerola de mano.
Se trata de un instrumento musical metálico.
“Es de percusión, melódico y armónico”, explica ella, a la vez que destaca que, por tal motivo, “se pueden hacer ritmos, melodías y armonías”. Así, recalca que “es el único que permite las tres cosas”.

Carolina supo del instrumento de casualidad.
Una vez, simplemente, observó a un muchacho que lo utilizaba, en la vía pública. Luego conoció a alguien que los fabricaba y decidió comprar uno.
En su recorrido por los lugares que visita, suele tocarlo en la calle y, con el dinero que la gente le deja, va solventando los gastos de su andar.
Suele pasarle que muchos, en especial niños, quedan hipnotizados con el sonido que emana del handpan.

Ella dice que es algo “mágico”.
Se trata de una sonoridad extraña, hipnótica, relajante… pero no tan fácil de conseguir.
Muchos músicos profesionales se desconciertan cuando están frente a él y no consiguen que suene adecuadamente.
Si bien la inspiración para su elaboración proviene de instrumentos de larga data, lo cierto es que el handpan es una creación moderna, de este siglo.
Básicamente, es una especie de “hijo” del steelpan, es decir, cacerola de acero, como se conoce a los tambores que nacieron en Trinidad y Tobago fabricados a partir de contenedores de petróleo.

Carolina, incluso, llegó hasta Trinidad y Tobago, con la intención de interiorizarse en algo así como “los antepasados” de su handpan, pero como estaba “floja de papeles” no pudo permanecer más que un día, y terminó en Venezuela.
Justamente, uno de los recuerdos más gratos que guarda en relación a sus travesías se vincula a la venezolana Isla de Margarita, donde permaneció varios meses. “Me encantó la cultura y la forma de alimentarse”, señala.
La joven, más allá de la música, cuando, para continuar su recorrido, necesita un ingreso extra, se da maña con la elaboración de comida y la realización de artesanías en macramé con piedras.
El viaje que en la actualidad la tiene en el camino la llevó primero a Trelew, luego a Puerto Madryn y después a Bariloche, donde había estado por primera vez en el Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias de octubre del año pasado. Reincidió en el verano y ahora una vez más pasó por la ciudad.
Pero en estos momentos ya está en Villa La Angostura y tiene pensado seguir recorrido hacia Chile.
Y, a todo esto, ¿qué dice Susana, su mamá, que sin percatarse sirvió de inspiración para los viajes de su hija?: “Que estoy más loca que ella, y que voy a llegar siempre a donde me proponga”, sonríe Carolina.