PINTADA QUE REMITE AL HORROR
Un “Viva Videla” en Bariloche que indigna y duele
El local está ubicado en Mitre 1549.
Se trata de un espacio conocido como “Casa cultural y política Rebelión Patagonia”.
Es del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), movimiento que forma parte del Frente de Izquierda y de Trabajadores-Unidad (FIT-U).
Se inauguró hace algo más de un año, pero recientemente ha sido foco de atención por un hecho que habla de una sinrazón que persiste más allá de lo imaginable.
¿Hace falta señalar que el Estado no puede actuar de una forma vinculada al terrorismo?
Cualquiera en su sano juicio diría que sería innecesario por redundante.
Sin embargo, todavía están quienes reivindican aquel accionar.
El martes aparecieron pintadas en el local de Rebelión Patagonia con un “Viva Videla” que indigna y duele.
Recordemos…
Jorge Rafael Videla: se están por cumplir noventa y nueve años de su nacimiento (llegó al mundo el 2 de agosto de 1925); murió en el penal de Marcos Paz, donde cumplía condena, el 17 de mayo de 2013.
Encabezó, junto a Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, el golpe de Estado que derrocó a la presidenta constitucional María Estela Martínez de Perón, el 24 de marzo de 1976.
El 29 de ese mes, asumió la presidencia de facto.
Permaneció cinco años en el poder.
Es el autor de la frase tristemente célebre: “No tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido”.
Videla dijo aquello en medio de un terrorismo de Estado que “desaparecía” personas.
No importa el número.
La discusión no debe ser si fueron treinta mil o no, cuestión en la que muchos ponen el ojo.
Así hubiese sido un ser, no debería haber pasado, como no tendrían que haber sucedido varias otras cosas en este país.
Pero es indudable que quienes, durante lo que denominaron Proceso de Reorganización Nacional, se apropiaron del poder (gracias al apoyo de muchos que después miraron para otro lado, guareciéndose incluso bajo banderas populares) fueron asesinos.
El Estado nunca –jamás de los jamases– puede actuar con métodos terroristas.
Aún si se considera que existe un problema social delictivo relevante, la barbarie no es la respuesta.
En sí, no se puede combatir la ilegalidad con más ilegalidad.
Eso no es debatible.

Estampa indignante.
Muertos sin tumba…
Padres que no tienen un sitio en el que llorar a sus hijos…
Hijos que no tienen un sitio en el que llorar a sus padres…
Pañuelos blancos como símbolos del horror (a veces, luego, salpicados –aunque nunca manchados– por negligencia propia o actos de terceros; una cosa no niega la otra)…

El horror atraviesa el tiempo y llega al presente en forma de pintada.
En definitiva, gracias a Videla y compañía, “¡el horror, el horror!” de un Kurtz desquiciado (made in Joseph Conrad, despachado por Francis Ford Coppola desde el Congo a Vietnam) se trasladó a una Argentina que se mareó en sangre.
Y ahora, tantos años después, llega alguien y pinta “Viva Videla” en una pared…
No importa el muro; sino la pintada.
¿A quién se le puede ocurrir reivindicar “¡el horror, el horror!”?
Trato de encontrar una palabra en el diccionario para definir a alguien así… No lo consigo.