2024-07-07

MARÍA AUXILIADORA ESQUINA JAMAICA

Nonpalidece en Bariloche: recital humeante y un “saludo” para Milei

De vez en cuando, algún espectáculo hace que la nocturnidad barilochense cambie su vibración. El sábado fue una de esas ocasiones.

Por más que el termómetro afirmaba que la temperatura rondaba por el horizonte que divide los grados positivos de los negativos, en un sector de la ciudad la aguja se elevó hasta alcanzar un registro caribeño.

El gimnasio del María Auxiliadora está ubicado en Beschtedt 754, pero durante la noche sabatina se mudó por un rato a Jamaica.

Como en medio de un efecto especial de características humeantes, Nonpalidece aterrizó en el escenario a bordo de una imaginaria nave espacial de “peace and love”, “paz y amor”, “peace and amor” o “paz y love”, como prefieran llamar al mensaje de la banda.

Igualmente, hay que aclarar que, más allá de tanta peaceandloveada, hubo un instante destinado a dejar en claro el desacuerdo con la gestión gubernamental nacional, ya que el cantante, Néstor Ramljak, sobre el final del recital, soltó por el micrófono un rotundo “Milei, la concha de tu madre” que retumbó en ese espacio y fue vitoreado por la mayoría del público.

Cabe recordar que en el concierto que los No Te Va Gustar brindaron en abril en Bomberos Voluntarios también hubo un grito en la misma dirección. Aquella vez, cuando el grupo terminó de tocar Pensar, la canción que incluye aquello de “con hambre no se puede pensar”, los asistentes comenzaron a corear: “Milei, basura, vos sos la dictadura”.

No Te Va Gustar, en abril.

De esa forma, pareciera que los recitales de rock (en este caso se podría abrir un asterisco para “rock/reggae”) se están transformando en un lugar de trinchera ideológica.

No es algo nuevo, claro.

Si Charly García se convirtió en el tipo emblema que supo interpretar el inconsciente colectivo de los argentinos ha sido, en gran parte, gracias a la etapa de Serú Girán –con cierto preanuncio en Sui Géneris– donde, metáforas mediante y esquivando la censura, describió un país que se movía al ritmo de la sangre derramada.

Evidentemente, la expresividad del público, en aquellos años, estaba totalmente coartada. Efectivos policiales dentro de los recintos se encargaban de fijar a la gente en el cauce represivamente permitido.

Se puede citar, para reflejar aquella etapa, la ahora mítica patada que lanzó desde el escenario el guitarrista de The Police, Andy Summers, que terminó haciendo volar la gorra de un policía que quería llevar detenida a una joven, en el porteño estadio de Obras Sanitarias el 15 de diciembre de 1980.

Así las cosas, no es de extrañar que sea en ambientes culturales, especialmente del lado del rock, donde comiencen a verse reacciones espontáneas en contra de un gobierno explícitamente de derecha, con sueldos que quedan lejos del ritmo inflacionario y una dirección que deja cada vez más gente afuera del “sistema”.

Es decir, si en otros ámbitos se celebran números “macro”, en los shows de rock se destila la bronca por las cifras “micro”, que tienen a gran parte de los espectadores como víctimas.

Más allá de eso, debe indicarse que, desde lo musical, el recital se vivió como un mantra de casi dos horas... Claramente, era lo que el público fue a buscar.

Se veían muchos “bailecitos” en cámara lenta propios del género, como si el espíritu de Bob Marley se hubiese hecho presente en tierra barilochense, y Ramljak, con su rasta tam (gorro para dreadlocks), a modo de médium, ayudara a que el alma mater del reggae acudiera a la cita.

Casi dos horas de recital, y el único “pero” que puso la gente estuvo relacionado con que, al final, esperaban que la banda saliera para un bis que no llegó.

Igualmente, el público quedó contento por la cuota de reggae de calidad brindada.

En cuanto al merchandising, estaba el “kiosquito itinerante” de Nonpalidece, con gorros, remeras y cds de la banda, y también había un puesto de un negocio local de la calle España con productos relacionados a la cultura cannábica, típica del género.

Además, en una barra se podía conseguir agua o cerveza, para calmar la sed en una noche donde, como se advirtió al inicio de esta crónica, el calor caribeño se coló en el frío barilochense.

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