SU ABUELO FUE DETENIDO DURANTE LA DICTADURA Y VIVIÓ PARA CONTARLO
El Día de la Memoria desde la perspectiva de un joven de dieciséis años
Lautaro Iglesias tiene dieciséis años y es estudiante de cuarto año en el Colegio Integral Vuriloche.
Para él, el 24 de marzo es “una de las fechas más importantes en el país”.
“Hace el foco en la memoria sobre el proceso más oscuro en la historia de la Argentina, que ocurrió en la década del setenta y principios de los ochenta, donde hubo persecución política y terrorismo de Estado”, señala.
Asimismo, menciona que, en aquel momento, existió “un plan económico encubierto bajo esas prácticas”, que, en su opinión, “se vuelve a ver en la actualidad con la gestión de Javier Milei”.
“Es una fecha especial, que nos permite tener memoria y pedir verdad y justicia para no volver nunca más a un proceso como aquel”, sostiene.
“Mi abuelo, que por suerte puede contarlo, fue detenido durante la dictadura y torturado en un centro de detención”, afirma.
En tal sentido, cuenta que, una noche de 1977 en Buenos Aires, su abuelo Guillermo, que era estudiante de Ingeniería Civil y no militaba en ninguna agrupación ni tenía contacto directo con el universo político, regresaba a su casa tras haber ido a la facultad cuando, en una esquina, un Ford Falcon cruzó con el semáforo en rojo.
Por poco no colisionaron.
Guillermo, por el frenazo, detuvo el auto, y el Falcon hizo marcha atrás para estacionar junto a su vehículo.
Quienes se encontraban en el interior bajaron y empezaron a revisar sus pertenencias.
Encontraron libros que tenían que ver con sus estudios y documentaciones propias. A una de ellas le faltaba su foto (la había utilizado en un trámite). Con eso bastó para que aquellos hombres siniestros le pegaran en el estómago y lo trasladaran a una comisaría.
Al arribar a la unidad policial, lo llevaron a una habitación y lo sentaron en una silla con las manos atadas.
Como fondo sonoro, se oía una grabación que hablaba de un ataque a una comisaría por parte de un grupo armado.
Le apoyaron un arma en la cabeza y, vinculando la acción con lo que se escuchaba, le dijeron que si algún policía caía en aquella embestida dispararían.
Tras la amenaza, lo tiraron al piso.
Guillermo quedó mirando el techo, y un oficial le tapó la boca y la nariz mientras otro le retorcía los dedos y un tercero le daba golpes de puño en el vientre.
Luego, lo volvieron a poner en la silla, y lo que siguió estuvo lejos de significar un alivio: le empezaron a pasar cables pelados por la muñeca.
En ese momento, apareció un superior que pidió explicaciones acerca de la detención.
Aquel jefe consideró que tener varios documentos en regla (salvo aquel al que le faltaba la foto) dejaba en claro que la captura era injustificada.
Ante esa intervención, sacaron a Guillermo de la habitación y lo llevaron a la sala de entrada. Le pidieron que se peinara y acomodara la barba.
También le ofrecieron café y cigarrillos, que rechazó.
Solo quería volver a su casa.
Y eso hizo.
Permaneció en reposo durante varias semanas, con el estómago negro por las lesiones y un trauma que se extendió mucho más.

Ahora, su nieto, en relación al Día de la Memoria, sostiene: “Me parece importante que hagamos énfasis en la fecha”. Así, destaca: “Hay que poder mantener el acuerdo que sostenemos desde 1983, en cuanto a continuar con el orden democrático y coincidir en que nunca más queremos volver a una etapa como aquella”.
Hablando del presente, considera que, en la actualidad, existe un Gobierno que llegó por los votos pero "es abiertamente negacionista, afirma que los desaparecidos no fueron treinta mil y que en los setenta existió una guerra y no hubo terrorismo de Estado...”.
Lautaro comenzó a interesarse en la política cuando tenía alrededor de diez años, apoyado en un interés que, desde chico, siente por la historia y las ciencias sociales.
Asimismo, también influyó que escuchara conversaciones que mantenían sus abuelos sobre cuestiones vinculadas al país (“Era plena crisis macrista”, apunta).
El joven vivía en Parque Chacabuco, Buenos Aires, pero en 2021 se mudó junto a su familia a Bariloche, en busca de tranquilidad.
Al llegar a esta ciudad, el interés por la política aumentó. “El año pasado empecé a militar por mis convicciones y por un proyecto que le cambie la realidad a los argentinos”, expresa, a la vez que dice: “En mi familia tengo coincidencias ideológicas y políticas con mis papás y mis abuelos, que son peronistas”.
En ese punto, recalca que, justamente, fueron sus abuelos quienes lo adentraron en la doctrina peronista.
En la actualidad, Lautaro integra la seccional local de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), una agrupación ligada al justicialismo desde sus orígenes.
Enfocándose en lo que hace a Bariloche, el joven habla “de un momento de reconstrucción y ampliación” de la organización.
De esa forma, se refiere al grupo como “un espacio abierto a todos los estudiantes de nivel secundario que quieran participar”. En tal sentido, especifica que el objetivo “es que se sigan afianzando y construyendo centros de estudiantes en la ciudad, así como incentivar a los jóvenes en la lucha, para que puedan defender sus derechos y movilizarse en relación a cuestiones que afectan a toda la sociedad”.
En lo que hace a próximas actividades, cuenta que figura la idea de acercarse a los colegios para, precisamente, colaborar en la organización estudiantil.
Claramente, la intención es ampliar la UES como grupo. “Nos movilizan cuestiones políticas y sociales, tanto a nivel local como nacional, por lo que tenemos una militancia activa en diversos temas”, detalla, y apuntando al tipo de acciones que suelen encarar, menciona una reciente colecta de útiles con fines solidarios.
Pero, claro, lo inmediato es la cercanía del Día de la Memoria.
Así, menciona que organizaron diversas actividades, entre ellas una charla con Adriana y Germán Schwartz, hijos de un desaparecido (Julio César), que se desarrollará hoy –viernes 22 de marzo– a las 18.30, en Casa Macacha, Pasaje Gutiérrez 890.