2024-02-14

UN AÑO MÁS EN QUE EL LAGO ESCONDIDO NO SE ALCANZA A DIVISAR

Un portón cerrado, grasa en las rejas, fuego en un cartel y piedrazos

Los participantes de la octava marcha a lago Escondido en reclamo de un paso libre y seguro hacia el espejo de agua se toparon con un portón cerrado.

Ese bloqueo, al inicio del acceso al camino a Tacuifí, está conformado por rejas.

Lo que llamó la atención fue que los barrotes, en esta ocasión, habían sido engrasados, por lo que varios manifestantes terminaron manchados.

Hubo presencia policial, y también se observó, tras el vallado, a unos veinte metros, gente colocada a modo de barrera, incluyendo personas a caballo.

Según coincidieron varias fuentes consultadas, desde el otro lado de la cerca de hierro, en determinado momento comenzaron a arrojar piedras de un tamaño importante.

Si bien unos pocos de quienes asistieron para intentar llegar al lago Escondido optaron por contestar del mismo modo el ataque, la mayoría tomó la decisión de retirarse rápidamente, con el fin de evitar la confrontación.

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Aquellos que sostienen que el acceso es un espacio privado, en cambio, hicieron hincapié en que los movilizados desprendieron un cartel que estaba colocado en el portón y lo prendieron fuego.

El letrero hacía referencia, precisamente, a que la Justicia dijo que ese sitio es privado, y, en lugar de la denominación camino de Tacuifí, que es la que utilizan quienes señalan que ese sendero debe ser público, figuraba el nombre Domingo Puchy.

Cabe recordar que el año pasado, por una decisión judicial, se determinó que el único sendero de libre acceso es el de montaña.

Días atrás, una columna de manifestantes intentó acceder al espejo de agua por aquella senda, pero las dificultades del terreno, en muy malas condiciones, impidió pasar más allá del lago Soberanía, a poco menos de cinco kilómetros del objetivo que se pretendía alcanzar.

Así, con el camino más corto y en buenas condiciones cerrado y engrasado, un sendero de tránsito libre pero –paradójicamente– casi intransitable, piedrazos y un cartel destruido, terminó el nuevo intento por acceder a un lago que muchos asignan como propiedad de un británico con vínculos con jueces, fiscales y políticos argentinos, que recientemente se declaró culpable de tráfico de influencia privilegiada en los Estados Unidos.

Del otro lado, claro, están aquellos que insisten en que habría que facilitar el acceso a un sitio que debería poder disfrutar quien quisiera.

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