2024-02-02

CUANDO LA FUERZA DE VOLUNTAD HACE MAGIA

Un accidente le impidió ser músico profesional y ahora guía el violín endiablado de Paganini

Los libros de historia dicen que Niccolò Paganini murió en 1840.

Sin embargo, en esta temporada veraniega se lo ha visto con su violín en el centro barilochense.

Es cierto, su estampa es la de un muñeco, no un ser humano, pero…

Ya saben, la leyenda afirma que Paganini, para tocar como lo hacía, hizo un pacto con el diablo, así que quién sabe. Quizá lo pactado incluía un retorno a la vida en el siglo XXI para presentarse en la calle Mitre de Bariloche.

Ahora bien, si en vez de divagar nos atenemos a la realidad, debe decirse que lo cierto es que este Paganini es “manejado” por Cristian Sánchez.

Pero pongamos un poco de orden en estas líneas, que sí parecen endemoniadas, por lo confusas.

Un 24 de diciembre, hace varios años, en su Rosario natal, Cristian (que hoy anda por los treinta y ocho), al ver a su familia preocupada porque se había cortado la luz y parecía que la Navidad, en ese hogar, iba a acontecer a oscuras, quiso hacer una conexión con la casa de su vecino, quien enchufo un cable para que él lo conectara en su vivienda.

Al tomarlo, una descarga importante recorrió su cuerpo.

No se murió porque Dios –o el diablo, en estas cosas nunca se sabe– no quiso.

Sólo se lastimó un dedo de la mano derecha, y parecía que no pasaría a mayores.

Pero…

Varias operaciones, injertos de piel que no funcionaron y cuestiones diversas empañaron el tema.

No pudo volver a mover el dedo herido.

Más allá de lo que ello pueda acarrear en la vida diaria de cualquier individuo, en él la cuestión tuvo un sesgo de dolor particular.

Había estudiado música, especializándose en violín, durante trece años.

Su destino, para aquel momento, parecía definido: sería un violinista profesional.

Y en eso estaba… Pero el diablo (otra vez Lucifer se entromete en este artículo) metió la cola.

Por el problema de su dedo no pudo volver a tocar el violín, al menos profesionalmente, aunque aún tiene el instrumento y, a solas, lo hace vibrar.

La situación le hizo entrar en un estado anímico complicado.

Como una manera de sanar espiritualmente, se le ocurrió viajar, recorrer el país.

El problema era cómo solventar el recorrido.

Primero, ideó vender cosas en el camino.

Así, pensó qué artículos podía ofrecer.

Pero, aún no sabe bien la razón, en determinado momento optó por probar con otra cosa.

Se le ocurrió hacer una marioneta.

Nunca estudió cómo se manejaban ni la forma en que se hacían.

No vio tutoriales ni nada por el estilo.

Todavía, para él, es una incógnita lo que motivó que decidiera probar con eso.

(Habrá sido el diablo… mmm.) 

El asunto es que fabricó a quien bautizó Paganini, como el violinista supuestamente endemoniado, y le colocó un intrincado sistema de tanzas que comunicó con un pianito artesanal que, al pulsar determinadas teclas y pedales, moviliza al “artista”.

Esa fue la primera de tres creaciones (también tiene un baterista –Tito Drummer– e incluso una figura de Lionel Messi).

Ya con la idea de surcar la Argentina con sus “acompañantes”, se compró una pequeña van, una Mitsubishi L100 amarilla de los ochenta.

Al principio, ni siquiera se atrevía a mostrar lo que hacía ni a la vuelta de la esquina.

Sentía algo parecido a la vergüenza.

Finalmente, cuando rompió con esa barrera, escenificó su arte en parques de Rosario y, ante la respuesta positiva de la gente, la temporada de verano pasada comenzó a incursionar en otras ciudades.

Ahora le tocó el turno a la Patagonia.

Llegó a Bariloche el 30 de diciembre de 2023.

Más allá de esta ciudad, ha visitado San Martín de los Andes y Villa La Angostura, y tiene pensado ir también a otras localidades de la zona.

Suele parar en campings, siempre acompañado de su fiel Charo (“La Charo”, en realidad), una perra labradora de nueve años que, mayormente, se la pasa durmiendo. Ni siquiera el violín endiablado de Paganini logra que levante demasiado la cabeza. Por lo general, se echa al lado de su “socio” y, durante las actuaciones, descansa a su lado. Cristian sonríe y continúa haciendo que la música viva.

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