DIEGO MARTÍNEZ: CON SUSPENSO Y ALGO DE TERROR
Cuando las historias son “casi ciertas” y conquistan la atención
Entre las visitas que dejó la Otaku Con veraniega, como mojón a destacar puede incluirse la de Diego Martínez.
Al ingresar a Bomberos Voluntarios, se lo podía ver en el sector donde se ubicaban los ilustradores (además de artistas de maquillaje, coleccionistas que exhibían rarezas y hasta tatuadores).
Con un sombrero de ala corta, camisa y corbata, por fisonomía y vestimenta uno podía encontrar semejanzas con Jorge Lanata.
Pero, más allá del "lanatismo" visual, Diego estaba en el lugar para mostrar su arte.
Había llegado a la convención desde Buenos Aires invitado por un amigo que vive en Bariloche.
Dibujante y escritor, el visitante, precisamente, contaba: “Desde que tengo uso de razón, dibujé y escribí”.
También estudió cine (Diseño de Imagen y Sonido), en la Universidad de Buenos Aires.
Así, escribió guiones para cortometrajes, mucho de los cuales concretó.
El tiempo lo llevó hacia la industria de los videojuegos, y hoy trabaja como artista digital en esa área.
Diego, en un momento, se percató de que contaba con muchos guiones que, dado el rumbo laboral en el que se había perfilado, difícilmente filmaría.
Optó por corregirlos, cambiar tiempos verbales y acomodarlos al formato cuento.
A la vez, ese acercamiento a aquellos textos le hizo retomar con fuerza la manía de escribir.
De esa forma, entre lo “remodelado” y lo nuevo, surgió una antología a la que llamó Historias casi ciertas, libro que presentó, precisamente, en la Otaku Con.
El factor común de esas páginas es que todo se origina en historias reales (escuchadas de gente cercana), donde un elemento al que se puede calificar como paranormal, extraño o incluso bizarro sirve como disparador para un argumento donde la ficción mete la cola, aunque el lector nunca termina de saber dónde termina lo cierto y comienza lo inventado.
Además, cada cuento (son catorce) incluye, a modo de colofón, una ilustración que, por supuesto, también realizó Diego.
De esa manera, Historias casi ciertas podría definirse como una obra integral, de autor.
En el encuentro llevado a cabo en Bariloche, Diego reveló que, entre las incluidas en el libro, tiene sus “historias casi ciertas” favoritas.
Así, mencionó una que se relaciona con un pozo sin fondo, otra donde los protagonistas deben revivir a un muerto, y hasta una titulada Santa Mugre, en la que, en el contexto del colapso económico y social de 2001, surge la necesidad de salvar la Navidad y aparece un Papá Noel muy particular.
Las hojas del libro se deslizan sobre un suspenso que bordea el terror, aunque nunca alcanzan el horror grotesco.
Entre sus influencias, figuran escritores como Howard Phillips Lovecraft, Arthur Conan Doyle, Philip K. Dick, Stephen King y Neil Gaiman.
A la hora de señalar libros puntuales que lo marcaron, y que tiene como obras de cabecera, el escritor citó a La historia sin fin, de Michael Ende, y El señor de los anillos, de Tolkien.
De esa manera, en su universo particular confluyen aquellas lecturas pero condimentadas con una fantasía made in el sur del mundo, con los penares económicos de una Argentina que tiene, en su derrotero diario, mucho de ciencia ficción… aunque, curiosamente, acá, la ciencia ficción es real, provocando que los diccionarios no sepan muy bien cómo definir algunos términos cuando de cuestiones de esta parte del globo se trata…