PANORAMA DE LOCALES CERRADOS
En Navidad casi no hubo restaurantes abiertos para almorzar en el centro barilochense
“Aquel restaurante tiene luz, vamos a ver si está abierto”, le dijo una turista a su marido en la esquina de Mitre y Frey, el lunes de Navidad a la una y media del mediodía, señalando un local de comida mexicana ubicado a unos metros.
Y sí, se encontraba abierto, pero era uno de los pocos que lo estaba para almorzar.
Pasado el mediodía posterior a la visita de Papá Noel, el panorama céntrico mostraba un escenario de negocios mayormente cerrados.

Salvo algunos sitios de venta de souvenirs, las persianas bajas eran una constante (en muchos casos, carteles improvisados a mano avisaban que abrirían después de las 17).
Hasta las chocolaterías clásicas de la ciudad se hallaban cerradas, menos una que, precisamente, concentraba la presencia de turistas que estaban por irse y buscaban un sitio para, antes de partir, poder comprar los regalos chocolatosos emblemas de Bariloche.

Con los restaurantes, sucedía algo similar.
Los más jóvenes, en su mayoría en viaje de egresados, se inclinaban casi todos por dos locales de comida rápida ubicados uno a una cuadra y otro a dos del Centro Cívico.
El resto de los paseantes se aglutinaba en la esquina de Rolando, donde una cafetería que cuenta con oferta para almorzar se veía repleta.

Otra opción era un sitio de venta de empanadas al paso y un paseo que funciona como patio de comidas junto a la Galería del Sol (que también tenía las cortinas bajas).
Así, junto al citado restaurante mexicano de Mitre 585, eran de las pocas posibilidades para ir a comer algo. Hasta aquellos sitios ubicados en algunas de las calles que cortan la arteria principal del centro barilochense (por ejemplo, casi todos los de Palacios) decidieron no abrir al mediodía.

Como el clima acompañó, varios residentes y visitantes optaron por almorzar algo ligero a la orilla del lago, tras, quizá, alguna cena navideña excedida en calorías. Pero allí también la cuestión se complicaba, porque con supermercados cercanos cerrados, al igual que las panaderías e incluso varios kioscos, si ya no se tenía algo preparado para llevar era casi imposible encontrar cualquier cosa.
De esa manera, Navidad, para muchos, sobre todo turistas, llamó a una dieta obligada.
