2023-12-21

EL ENCARGADO

¿La serie protagonizada por Francella tiene similitudes con la realidad barilochense?

El encargado, la serie protagonizada por Guillermo Francella, más allá de aplausos, supo cosechar protestas por parte de porteros de edificios que vieron en la producción un ataque a su trabajo.

Claramente, el personaje principal es alguien en el que se representan las sospechas que suelen existir acerca del modo de accionar en la vida real de quienes cumplen esa labor.

El asunto es: ¿en serio es tan así? Y, si la respuesta fuera que sí, ¿resulta lo mismo tener esa función en Buenos Aires que en el interior?

Puntualmente, en Bariloche, hay “encargados” como el que representa Francella.

Ante la primera cuestión, le duela a quien le duela, sí, existen tipos que se comportan de ese modo. Obviamente, quizá sin el exceso en algunos aspectos (el sistema de cámaras exclusivo con el que pispea todo lo que pasa en el edificio suena a película de James Bond rozando –con alguna variante– lo que planteaba el fime Silver, de 1993, interpretado por Sharon Stone). Pero que siempre los porteros han tenido fama de metidos es innegable. Lo mismo aquello de que intentan sacar el mayor rédito cuando les toca “aconsejar” a quién tiene que llamar un propietario para arreglar algo.

Más allá de particularidades, resulta imposible de negar que la generalidad –con la inclusión de ciertos preconceptos– llama a observarlos con tales características.

Ahora bien, ¿es la serie representativa también de lo que ocurre en terreno barilochense?

Ahí el asunto plantea respuestas más difusas.

Por una parte, debe aclararse que la figura del encargado, tal como se la presenta en la producción de la plataforma Star+, no aparece como algo muy común en la ciudad.

Si bien existen, no abundan las personas que vivan en un edificio encargándose de las labores de limpieza y demás. Más bien, suele pasar que trabajadores se acerquen determinados días a la semana y realicen las tareas en cuestión.

Pero ahí se plantea una diferencia notable con respecto a la ficción francellesca, porque en un momento de la primera temporada, cuando el protagonista resulta obligado a retirarse del edificio (el que no vio la serie que se quede tranquilo, puede leer estas líneas sin que se revele gran cosa del argumento) y contratan a trabajadores externos para limpiar, se aprecia una impersonalidad notoria. Se trata de gente que pertenece a una empresa, llega, hace su trabajo y se va, prácticamente sin enterarse ni quién vive en el lugar. En cambio, en Bariloche, esos puestos suelen ser “eternos”. Es decir, siempre van los mismos (o mismas, porque el tema no es cuestión de sexo: mujeres y hombres llevan a cabo mismas tareas; incluso, a veces, matrimonios). Así, aunque no residan en el edificio, tienen ciertos rasgos que los asemejan al encargado de Francella. Por ejemplo, el intentar estar al tanto de lo que sucede en los departamentos, en especial si se trata de una cuestión que después pueden comentar con algunos propietarios y así dar inicio a un rum rum a puro chisme. Eso sí, raramente intervienen en cuestiones en que obtengan alguna “comisión” por convocar a alguien para arreglar un desperfecto. Básicamente, porque no se encargan de eso. En la mayoría de los casos, quien lo hace es el presidente del consorcio. 

Justamente, el otro día –sabrán disculpar la omisión, pero en este artículo no se incluirán nombres más que los artistas de la serie– se escuchó quejarse a quien realiza la limpieza en un edificio bajo la modalidad descripta líneas arriba (sin vivir allí, yendo en ciertos momentos de la semana): “Con la serie de Francella todos me cargan a mí, pero acá ¿quién es el presidente de consorcio?”. En la ficción, durante la primera temporada, el puesto está a cargo de Matías Zambrano (Gabriel “el Puma” Goity) quien quiere hacer una pileta en la terraza, lo que implicaría inconvenientes para Eliseo (así se llama el personaje de Francella).

Con el correr de los capítulos, uno puede darse cuenta de que, quizá, más allá del lugar que ocupa cada uno en esa torre de Babel moderna, ambos tienen mayores similitudes de las que en un primer momento pareciera.

Volviendo a los encargados, pero en este caso sí a los que residen en edificios, que, como ya se dijo, en Bariloche no son mayoría pero también los hay, lo de ciertos “arreglos” con profesionales a los que suelen señalar como “los mejores” para ciertas tareas, así como las compras de repuestos, donde parece haber una “cercanía” con ciertas casas que se dedican a la venta de esos productos, bueno… ahí sí existen puntos de contacto con la serie.

Y no estaría mal sumar, en este acercamiento “patagónico” a la producción El encargado, las similitudes con otras figuras que cumplen tareas en un sector social determinado, que se han sumado en estos tiempos a un panorama donde se observa un “alejamiento” del resto de la ciudad a pesar de estar inmersos en ella. La referencia es a aquellas personas responsables de la vigilancia en barrios cerrados, que, al enterarse de horarios y modos en que arriban los propietarios, más cerciorarse acerca de quiénes son los visitas, pueden, en algunos casos, acercarse a la figura chismosa que muchos creen ver en los encargados.

Sobre cualquier opinión, favorable o no respecto a la serie, si existen tantos que han caído bajo su influjo, ya sea con opiniones a favor o en contra, debe ser porque algo hay, ¿no?

Más allá de ciertas características que la hacen particularmente afín al público porteño, desde la Quiaca a Ushuaia existen personajes que, sin tantas exageraciones, remiten al Eliseo francellesco. Claramente, Bariloche no es la excepción.

Algo más: se ha vuelto normal que, desde hace unos pocos meses a esta parte, muchos saluden a los porteros/encargados de sus edificios con expresiones como: “¿Cómo estás? ¡Eliseo!”.

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