HUBO FIESTA EN LA PARRILLA 5 ESQUINAS
Elena y un festejo centenario
En la Parrilla 5 Esquinas hubo fiesta. Y no se trató de un festejo cualquiera. Elena Rosa Garate cumplió cien años.
Uno de sus hijos, Mario Fuentes, quien está a cargo del restaurante donde se agasajó a la cumpleañera, resaltó “la suerte de tener una madre de esa edad”.

El 6 de noviembre, Elena sopló las velitas que hablan de una existencia centenaria.
El inicio de su vida fue con sabor a campo. Vivía en Pichi Leufu, con varios hermanos de los que, ante el fallecimiento de sus padres, se hizo cargo cuando ella andaba por los dieciocho años.

José del Carmen Fuentes era de Cushamen, Chubut, pero antes de la mitad del siglo XX, cuando los caminos escaseaban y lo normal era andar a caballo, llegó a Pichi Leufu como capataz de la obra del puente del lugar.
Allí se enamoraron.
Luego, ya como pareja, vinieron a Bariloche porque a él e dieron un empleo como sepulturero.
En el cementerio había una casita, y ahí vivían.
El hombre, luego, fue encargado del matadero municipal.
La familia también tuvo un almacén llamado “La flor del barrio”, en tiempos donde se fiaba y lo adeudado se anotaba en una libreta.

Mario, uno de los cinco hijos del matrimonio (en la actualidad son tres, además de él están Irma y Aldo; dos fallecieron), recuerda que en 1960 se instalaron en una casa de madera que había en una de las famosas cinco esquinas, en Elordi y Moreno, calle que, evoca quien está al frente del restaurante, “todavía no estaba asfaltada”.
En ese sitio pusieron una pensión. “La gente que venía del campo comía y se quedaba a dormir”, rememora Mario, quien detalla que en la parte superior de la edificación había cuatro habitaciones dispuestas para ese uso.

“Mi mamá les preparaba la comida”, sigue Mario, desatando recuerdos.
Hay que señalar que, además de la pensión, estaba el “Bar 5 esquinas”.
A mediados de los setenta, uno de los hermanos de Mario construyó el restaurante que, ahora, a los setenta y dos años, él maneja.
Pero acá lo importante es que doña Elena cumplió cien años.

Mario, orgulloso, la describe como “de buen carácter, pero porfiada, bien vasca”, y cuenta que, durante la pandemia, la mujer pasó dos meses en cama porque tuvo covid, pero se recuperó y sigue con su vida habitual, en su departamento, sin empleada doméstica, cocinando y llevando una vida normal. Eso sí, no le gusta ir al médico.