HOMENAJE A CARLOS SOLIVÉREZ
El hombre que repudió a Priebke cuando la mayoría elegía callar
Carlos Solivérez fue uno de los homenajeados –en su caso, post mortem– durante un acto en honor a los cuarenta años de democracia que realizaron los concejales barilochenses.
A partir de la propuesta del edil Ariel Cárdenas de votar una ordenanza para incorporar al calendario de efemérides local el 30 de octubre como Día de la Recuperación de la Democracia en la Argentina –cosa que efectivamente pasó–, se rindió honores a quienes integraron el Concejo Municipal tras la última dictadura cívico militar, como así también a algunos de los que siguieron en la tarea de, desde su banca, defender la vida democrática.
Y ahí es donde entra Carlos Solivérez, quien primero fue concejal desde 1985 a 1987 y luego presidente del Concejo en 1991, cargo que desempeñó hasta 1995.
Militante radical, había participado en la campaña electoral que llevó a Raúl Alfonsín a la Presidencia, como así también en la que se hizo por el plebiscito por el denominado conflicto del Beagle, impulsando a votar por aceptar, tras la mediación papal, la firma del Tratado de Paz y Amistad con Chile (cabe recordar que la respuesta popular fue contundente: más del ochenta por ciento de los votantes respaldaron aquella propuesta).
Solivérez, más allá de sus pasos por el Concejo barilochense, fue subsecretario de Ciencia y Técnica de Río Negro (debe recalcarse que era un investigador destacado del Centro Atómico Bariloche).
Quizá una de sus intervenciones más famosas al frente del Concejo haya sido la toma de posición clara ante el caso de Erich Priebke, condenando la presencia del criminal nazi en la ciudad.
A la distancia, puede pensarse que aprobar aquella expresión de repudio debe haber sido un trámite. Pero la realidad se halló bastante distante de ese razonamiento.
Estuvieron quienes se opusieron.
Álvaro, uno de los hijos de Carlos, evoca aquellos días como complicados.
Ya la decisión de su papá de haber ingresado en la política activa había significado un gran cambio en la vida familiar (Carlos estaba casado con Camila Ovejero, con quien tuvo dos hijos, Álvaro y Gonzalo).
“El ritmo de trabajo en la política siempre es muy alto, más en aquella época”, señala Álvaro.
“La vida de político, cuando es algo que se hace con pasión verdadera, como fue el caso de mi padre, involucra muchas horas y poca recompensa, además de ser muy sufrido para la familia”, añade.
Aquí vale la pena hacer un paréntesis: más allá de que Carlos siempre militó para la Unión Cívica Radical, Álvaro es peronista (como anécdota que, dado el dato anterior, suena graciosa, el hijo recuerda que, de chico, en elecciones, iba al comité radical junto a su padre con la computadora de la casa –cuando esos aparatos no abundaban– para llevar adelante los cómputos de los comicios).
Hay que indicar que Carlos Solivérez nació en Jujuy en 1939 y se desempeñó como profesor en La Plata durante los años de plomo, en la década del setenta.
Siempre fue un hombre comprometido con lo que sucedía en el país. Y eso, claro, en los momentos donde las libertades estaban cercenadas, no era bien visto.
Volviendo a Priebke, Álvaro considera que la actuación de su padre en esa cuestión “fue impecable” (hay que mencionar que Álvaro era alumno del Instituto Primo Capraro, entidad íntimamente ligada al criminal nazi).
Para dar a entender la valía de la postura paterna, rememora que, en aquel momento, “las colectividades alemana, judía e italiana defendieron a Priebke”.
Por eso, más allá de todo, es destacable que, en un acto en honor a la democracia, el hombre que se animó a repudiar, desde su lugar de funcionario, a un jerarca nazi (a quien muchos veían como un “buen vecino”) haya sido homenajeado en el Concejo Municipal que alguna vez presidió.
Carlos Solivérez falleció el 2 de febrero de 2018.
Su recuerdo sigue vivo.