2023-09-21

ENTREVISTA CON EL POLITÓLOGO

Sergio Berensztein y la problemática mapuche

El politólogo Sergio Berensztein fue uno de los disertantes del foro Consenso Patagonia que se llevó a cabo en San Martín de los Andes, con la problemática territorial vinculada a la cuestión mapuche como punto principal.

Más allá de aclarar que, si bien sigue el tema con interés, no es especialista en el asunto indígena, se prestó a una entrevista que tuvo como fin realizar una lectura acerca de los inconvenientes que se observan en la materia. 

De entrada, advirtió: “No hay que generalizar, no se debe tomar a la Patagonia como una unidad conceptual o geográfica homogénea”.

En tal sentido, habló de “una situación donde hay focos de conflicto, problemáticas puntuales que deben atenderse, con diferentes lógicas”.

–Teniendo en cuenta eso, ¿ha logrado entender lo que sucedió y sucede en Villa Mascardi?

–Para ser sincero, sí y no… Obviamente, he seguido la cronología, los puntos más críticos… Estuve allá en febrero, y las evidencias físicas de lo que ha pasado son impactantes. Desde Buenos Aires –lo digo autocríticamente– no hay, en absoluto, dimensión de lo que implica estar ahí. Incluyendo el espectáculo de las banderas argentinas al costado del camino, que es algo muy fuerte.

–Esas banderas aparecieron tras el desalojo que se produjo el año pasado.

–Hay países donde las banderas están permanentemente, como paisaje natural. Es el caso de los Estados Unidos. Acá, rara vez pasa. De pronto, ver en una zona banderas ubicadas sistemáticamente llama la atención… Por otra parte, hay cosas que todavía no terminé de entender. Es evidente que existen contactos con actores que están más allá del conflicto, y todavía no sé bien cuáles son los puntos de intersección.

–¿Actores políticos?

–Sí. Algunos locales y otros de afuera.

–¿Cree, entonces, en la teoría del contacto con el exterior?

–Por lo menos, tengo la hipótesis. No cuento con la evidencia. Nadie que conozca me supo explicar el mecanismo.

–Cuando se refiere a ese punto, ¿el comentario apunta a contactos ubicados en Chile o en Gran Bretaña? Porque esas son las presunciones que se manejan.

–A ambos. Digo externos en general, no me refiero a una red en particular. Lo de Chile sería lo más obvio, por una cuestión de proximidad, y porque hay una simetría en términos de la conflictividad, de la violencia y la organización que existe de aquel lado de la frontera, la que, por otra parte, para ellos (los mapuches) no es tal.

 

–A nivel nacional, ¿se le da el debido relieve a la cuestión indígena?

–No hay dimensión del tema. Cada tanto surge alguna situación extrema que llama la atención, pero para el público en general, ni siquiera digo en la clase política, no hay una comprensión acabada.

–A nivel gestión, ¿debería existir un involucramiento mayor para que el problema no derive en algo peor?

–Sí, pero acá hay un lío importante. Es una mezcla de jurisdicciones: federales, provinciales y, a veces, locales. La combinación es un desastre. En los funcionarios que se dedican a estas áreas existe una especie de asimetría. El tema es como el patito feo de la gestión pública, porque nadie le da bolilla. El conflicto muchas veces avanza hacia lados insólitos, con la Justicia que corre detrás.

–Pareciera que la Justicia tiene un ojo puesto en la política, y la política, en la Justicia…

–Ese casamiento siempre funciona mal. Al margen de eso, digo que corre detrás porque siempre acciona “pos”, a pesar de que existen motivos previos para iniciar alguna causa. Se podrían hacer cosas si hubiese voluntad política.

–¿Cómo analiza el acuerdo al que se llegó por Villa Mascardi?

–Como politólogo, soy pragmático, y cuando la cuestión sale de la confrontación y la violencia es un éxito. Para los politólogos, siempre puede haber una crisis de gobernabilidad, y cuando eso ya no pasa es una buena noticia. Podemos aplicar el término “no news, good news”. Entonces, al salir del terreno de la confrontación, ya estás mejor que antes. Ahora, si ese es el camino a la solución, a la integración… O sea, ¿esto alcanza para encauzar un vínculo entre los grupos mapuches y los pobladores? Ahí me parece que faltan cosas.

–El asunto es que el acuerdo se dio con causas judiciales que quedaron a la deriva…

–Ese es un problema. Esos capítulos quedan pendientes. Hay que ver cómo se resuelven…

–De acuerdo a quién triunfe en las elecciones presidenciales, ¿cambiará en algo el enfoque hacia la temática indígena?

–Estoy tentado a decir que, en principio, veo un giro hacia el pragmatismo y a la necesidad de ordenar un poco la agenda, independientemente de los candidatos. El gran enigma es qué pasa si gana Sergio Massa, porque es el exponente de una coalición recontraplural, en la que se ubican muchos de los que estuvieron involucrados en el conflicto, y no precisamente para mitigarlo. Conociéndolo un poco, diría que está más del lado de apaciguar la situación, pero hay que ver hasta qué punto puede ser el jefe de un gobierno homogéneo sin que se cuelen estos pequeños grupos ideológicos

–¿Y qué pasaría con Patricia Bullrich o Javier Milei?

–Bullrich tiene una postura muy firme, dura. Con Milei hay un capítulo difuso, relacionado con la idea de juntar Seguridad y Defensa, algo que en la Argentina no sucedió nunca.

–En el caso de Milei, además, hay que recordar que su candidata a vicepresidenta, Victoria Villarruel, había presentado un proyecto para derogar la Ley 26.160, de emergencia territorial indígena, algo con lo que no coinciden ni siquiera muchos de aquellos que tienen una visión dura contra los mapuches, porque, si se desechara la norma, todo quedaría en una especie de limbo difuso.

–Exacto. Incluso existen posturas maximalistas que pretenden anularla también en Juntos por el Cambio, porque hubo un mal uso de la ley. ¿La solución es derogarla? Creo que no. Estoy de acuerdo con la posición de mejorarla. Se pueden hacer muchas cosas. Caso contrario, como consecuencia de una eventual derogación, se va a ir a una conflictividad mayor.

–¿El caso de Rafael Nahuel puede influir electoralmente en contra de Patricia Bullrich en la Patagonia? Porque muchas personas, en la zona, la ubican –metafóricamente– junto a Dios; pero, para otras, es una asesina. No hay términos medios.

–Esa polarización es un riesgo. Las posturas duras, como la suya, generan esos eventuales costos políticos electorales.

–¿Qué piensa acerca de lo que sucedió con Rafael Nahuel?

–Hay que esperar y ver qué pasa en el juicio. Cuando tenés la obligación de poner límites, un marco de orden, presencia estatal, los riesgos existen. Muchas veces no hay capacitación por parte de las fuerzas de seguridad, lo que también es un problema. A veces se cuelan inconvenientes de cada lugar, porque no siempre la relación entre las fuerzas nacionales de seguridad y las locales es la óptima. Entonces, en ocasiones surgen dificultades que no tienen que ver con el conflicto en sí.

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