DANIELA ÁLVAREZ
Estuvo en Japón en cinco ocasiones y ahora enseña el idioma en Bariloche
“Vine a Bariloche con la familia –esposo, hija, hijo– para un cambio de vida ante el caos de Buenos Aires”, cuenta Daniela Álvarez, licenciada en estudios orientales que, al poco tiempo de llegar, se enteró de que Alejo Boeris, que había cursado la carrera con ella en la Universidad del Salvador, también buscaba en la ciudad un sitio de escape de la gran urbe porteña.
Juntos decidieron emprender la aventura de enseñar japonés en la localidad.
Daniela señala que empezó a estudiar esa lengua a los dieciséis años –ahora tiene treinta y nueve–, sólo porque quería introducirse en una opción idiomática distinta del inglés, que ya conocía por el colegio.
“Se trató de algo medio aleatorio”, reconoce. Es decir, fue japonés, pero podría haber sido francés, alemán o cualquier otro idioma.
Hasta aquel momento, las referencias que tenía acerca de lo japonés eran escasas. Recuerda, por ejemplo, que le había gustado mucho Karate Kid, aquella película donde el señor Miyagi, oriundo de Okinawa, interpretado por el gran Pat Morita, le enseñaba artes marciales al joven Daniel LaRusso, papel encarnado por Ralph Macchio.
Pero, más allá de eso y de otras pocas referencias culturales, poco sabía sobre lo nipón.
“El idioma me abrió las puertas a toda la cultura”, indica, para desarrollar: “Primero probé con el shodÅÂ, es decir, la caligrafía. Luego, con las artes marciales, como karate y kendo”. Y después hizo la licenciatura en estudios orientales.
Además, es licenciada en filosofía. Justamente, ese es el punto en el que más le agrada sumergirse en lo que refiere al mundo oriental. Cuando viajó a Japón por medio de una beca de intercambio, se interiorizó principalmente en las religiones.
En tal sentido, explica: “Estudié en la universidad de Sofía, en Tokyo, idiomas y cultura japonesa, sobre todo religiones, budismo, sintoísmo...”. Una cuestión que le interesa principalmente tiene que ver con “la filosofía japonesa moderna, autores de principios del siglo XX que estudiaron en Europa y llevaron esa experiencia a Japón, para luego combinar los conceptos, confluyendo las líneas de pensamiento”.
Aquel viaje no fue el único. Estuvo en Japón en cinco ocasiones. Alguna vez, como mochilera. Incluso pasó su luna de miel en ese país.
Ahora, mientras desarrolla en Bariloche el proyecto del centro de estudios japoneses Shinan junto a quien estudió con ella en la Universidad del Salvador, acompaña a su hija, de seis años, y a su hijo, de nueve, en la introducción al mundo del anime. “Compartimos series que yo no conocía, y les muestro cosas que veía cuando era chica, sobre algunas de las cuales se están haciendo remakes”, sonríe Daniela.