CON ACENTO ORIENTAL
Alejo Boeris: el arte de escribir, hablar y pensar en japonés
Alejo Boeris llegó a Bariloche proveniente de Buenos Aires en diciembre del año pasado.
Poco antes había venido Daniela Álvarez, junto a su marido, la hija y el hijo.
Ambos son licenciados en estudios orientales y comparten la pasión por la cultura japonesa.
Se conocieron mientras estudiaban en la Universidad del Salvador.
“Yo tenía ganas de traer una propuesta de clases al interior del país y vimos la posibilidad de hacer algo juntos”, explica Alejo, al referirse al nacimiento de Shinan, un centro de estudios japoneses que llevan adelante en conjunto. La palabra con la que denominaron la propuesta puede traducirse como “enseñanza” o “instrucción”.
Alejo cuenta que, con la pandemia, “aumentó muchísimo la demanda de clases virtuales”, algo que luego continuó.
“Nos dimos cuenta de que en el interior no había oferta presencial; sólo el año pasado tuve, virtualmente, cinco alumnos de Bariloche”, señala.
Más allá de que consideró que aquí podría haber interés para la propuesta que quería proyectar, tenía ganas de salir de Buenos Aires, “En lo personal, había cumplido un ciclo”, indica.
Junto a Daniela estuvieron en la Otaku Con, la convención sobre el mundo del comic, el anime y el manga que se realizó en Bariloche hace un par de semanas.
Allí, sorprendían a los paseantes con el ofrecimiento de entregarles un certificado de asistencia en el que escribían el nombre de la persona en cuestión… en japonés.
–¿Cuánto cuesta? –preguntaba la mayoría.
La respuesta era: “Nada, es gratuito”.
Los brazos de Daniela y Alejo deben haber quedado bastante doloridos. La cantidad de certificados en los que trazaron los nombres de los asistentes, con bella caligrafía japonesa, fue impresionante.
Alejo, en ese punto, hace una diferencia entre el grado de dificultad que implica la escritura nipona con el hablar en japonés, lo que, según él, no posee tanta complejidad. En ese sentido, dice: “Como hispanohablantes nativos, la parte de fonética nos resulta sumamente sencilla, porque el japonés es un idioma polisilábico. Construyen las palabras por asociación de consonante y vocal. Es muy transparente. No difiere tanto de lo que hacemos en español. No es como el chino, un idioma tonal, donde, justamente, dependiendo la entonación de la palabra, puede cambiar el significado”.
Pero en cuanto a la escritura, la cosa no resulta tan sencilla. Alejo señala que cuentan con “tres sistemas de escritura”, y los nombra: “Hiragana, para palabras locales; katakana, para palabras extranjeras; kanji, originalmente, ideogramas chinos, pero los japoneses se apropiaron de un pequeño corpus".
El muchacho, precisamente, manifiesta que, en Japón, en lo cotidiano, utilizan mucho el kanji, al que define como “un concepto gráfico, que transmite desde lo visual”.
“Se estima que para poder leer un periódico en japonés se tienen que dominar la lectura y la escritura de unos dos mil caracteres, aproximadamente. Las combinaciones son prácticamente infinitas, porque los tres sistemas coexisten”, apunta, y ejemplifica: “Dos ideogramas que por separado significan una cosa, al juntarlos se leen distinto y pueden hacer referencia a otra cosa”.
Alejo, que es practicante de kyudo (arquería tradicional japonesa) fue becario del Gobierno de Japón. Así, en 2012, viajó a Oriente, donde permaneció un año, para un perfeccionamiento de idioma y cultura japonesa. En 2015 fue de nuevo y estuvo tres meses.
–¿Cuándo comenzó tu pasión por Japón?
–Desde pequeño. Crecí rodeado de revistas de National Geographic, en una familia de fotógrafos, con imágenes que resultaban impactantes. En 2009 comencé a estudiar japonés, en el Laboratorio de Idiomas. Paralelamente, fui interiorizándome en la cultura, la filosofía, la religión, las artes marciales… Descubrí que existía la arquería japonesa y me enteré de que podía practicarla en Buenos Aires. Supe de la carrera de Estudios Orientales y empecé a cursarla. Así, pude postularme a la beca del gobierno de Japón. De esa manera, conseguí viajar un año para perfeccionarme.
–¿En qué lugar de Japón estuviste?
–En Tottori, la provincia con menos población. Fue la experiencia más campestre y más tradicional que se puede conseguir.
–¿Cómo fue estar ahí?
–Descubrí que Japón es un país increíble. La experiencia es muy distinta a lo que se puede imaginar en el extranjero, a través de lo que se ve en Internet y demás.
–¿En qué sentido?
–En que uno siempre piensa en las grandes ciudades, en la tecnología, el ruido… Y, cuando estás allá, te encontrás con mucha paz, con un contraste entre la metrópoli y, cerca, la naturaleza. Viven en armonía con eso. Allá uno se encuentra con gente humilde, amable, receptiva. Sobre todo, con los extranjeros que se interesan por su cultura. Uno, cuando habla de Japón, piensa en lo tecnológico, pero también está lo tradicional y típico. La gente mayor, en el dojo, se sorprendía ante un extranjero que hablaba su idioma y practicaba un arte marcial con interés y pasión. A ellos les interesa también aprender sobre nosotros. Ese intercambio cultural es sumamente interesante.