2023-08-09

VALENTÍN BALMACEDA, PURAS GANAS DE VIVIR

Con 13 años lo tienen que operar a corazón abierto y espera escuchando a Charly y Spinetta

Valentín Balmaceda tiene trece años.

Disfruta su vida al máximo.

Y le gusta la música.

Mucho. En realidad, muchísimo.

Pasó por un período donde oía continuamente a Queen.

Ahora está descubriendo los universos sonoros de Charly García y Luis Alberto Spinetta.

No solo escucha, también toca un par de instrumentos: teclados y guitarra.

Hasta ahí, un chico como todos, en el que destaca el buen gusto musical.

Pero hay algo más.

Valentín padece tetralogía de Fallot, un defecto cardíaco congénito que implica cuatro anomalías en el corazón y sus vasos sanguíneos: comunicación interventricular (orificio entre los ventrículos izquierdo y derecho); estrechamiento de la arteria pulmonar (la válvula y la arteria que conecta el corazón con los pulmones); cabalgamiento o dextraposición de la aorta, que se traslada sobre el ventrículo derecho y la comunicación interventricular, en vez de salir únicamente del ventrículo izquierdo; engrosamiento de la pared muscular del ventrículo derecho. 

Su mamá, Rosa Ávila, en cierta ocasión, sintetizó esa cuestión médica con palabras llanas y claras: “Las valvulitas de su corazón están mal”.

Valentín nació el 24 de abril de 2010, en el Hospital Zonal "Dr. Ramón Carrillo". En un control que le efectuaron en la jornada siguiente, los médicos detectaron que algo no estaba bien con su corazoncito, y decidieron que lo mejor era trasladarlo a un centro de mayor complejidad.

Aunque primero se pensó en Neuquén, prevaleció la idea de que lo mejor sería que fuera a Buenos Aires.

Valentín cumplió cuarenta y ocho horas de vida arriba de un avión sanitario, dentro de una incubadora.

Fue en el Hospital Garrahan donde descubrieron de qué afección se trataba.

La malformación puede hacer que se reduzca la cantidad de oxígeno de la sangre que va hacia el resto del cuerpo.

Cuando tenía cinco meses, en un nuevo viaje a Buenos Aires, los profesionales decidieron que había que operarlo. Así, le cerraron la comunicación interventricular con un parche, pero permaneció una fuga pequeña.

Cada año, Valentín debe concurrir al Garrahan para hacerse una revisión, aunque en 2019 no pudo ir debido a la imposibilidad de conseguir turno, y en 2020 la pandemia impidió que viajara.

La necesidad de esas visitas estuvo dada por una cuestión vinculada al avance de su estado: debían revisarlo porque, aunque la intención era colocarle una válvula pulmonar artificial a los dieciséis años, cuando su cuerpo ya hubiera alcanzado cierto grado de desarrollo, si apreciaban que correspondía hacerlo antes, todo podía cambiar.

Y eso fue lo que sucedió.

En julio le hicieron una resonancia. “Tiene el lado izquierdo del corazón más grande, por el esfuerzo que hace para compensar, y ahora alcanzó una dimensión que lo hace latir más lento que la parte derecha. Cuando se lo escucha, por la pérdida de aire, suena como un sifón”, explica la mamá.

Más allá de que, en el futuro, tal vez haya que volverlo a operar, porque todavía no alcanzó la edad de desarrollo que aguardaban los profesionales para intervenirlo, y quizá, con el crecimiento, la válvula quedó chica, es preciso hacerlo en este momento por ese inconveniente al que alude la madre.

En casos como el de Valentín, donde se alcanza tal nivel de complicación, suele pasar que se sufran desmayos y convulsiones. Por suerte, hasta ahora, a él no le ha pasado. Solo se agita.

Está previsto que el miércoles 6 de septiembre se realice los estudios prequirúrgicos en el Garrahan, y el martes 12 se interne para ser operado a corazón abierto. 

En cuanto a la recuperación, tendría que quedarse en Buenos Aires alrededor de dos meses.

Todo eso, desde lo económico, se traduce en gastos para la familia. En estos momentos la madre y el padre están averiguando si el Gobierno de Río Negro les cubrirá los pasajes a ellos (el del chico está asegurado). En cuanto al alojamiento, aguardan que, como en ocasiones anteriores, también reciban la ayuda provincial. Pero, más allá de que consigan que les provean de esas cosas, la movilización en suelo porteño y los gastos para comer y demás también son un asunto de preocupación.

Alejandro Balmaceda, papá de Valentín, desde hace tiempo que no tiene un empleo fijo. Hace changas, como arreglar calefactores o lavarropas.

Rosa, en tanto, la mamá, trabajaba en limpieza de hoteles, pero le diagnosticaron un problema en las manos, por lo cual tuvo que dejar la labor.

Quienes quieran colaborar con la familia pueden adquirir una rifa solidaria con el fin de ayudar en este viaje de Valentín. Para hacerlo, deben comunicarse por WhatsApp al +54 9 294 461-3102 o al +54 9 294 495-7999. El valor es de quinientos pesos y hay varios premios.

Lee también: Buscan un sitio para realizar un festival por Valentín

Mientras aguarda que llegue el momento de la intervención, Valentín continúa yendo a la Escuela Secundaria de Río Negro 45, en Albarracín 234, que tiene orientación musical. Dice que esa institución educativa es lo mejor que le pasó en la vida. “Le encanta ir”, señala su madre.

Por otra parte, el chico se caracteriza por hablar mucho... pero mucho, mucho. “Es una máquina; no para nunca”, ríe la mamá.

Así, entre palabras y música, transcurre la vida de un pequeño guerrero llamado Valentín.

Te puede interesar