A VEINTINUEVE AÑOS DEL ATENTADO
Hermano de una víctima de la AMIA: “En ningún momento vamos a desistir de nuestro pedido de justicia”
Noemí, la hermana de Daniel Reisfeld, era asistente social en la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA).
Daniel vive en Bariloche desde 1982.
El 18 de julio de 1994 estaba tomando café con un amigo de Buenos Aires que se encontraba acá de vacaciones.
Estaban en Copos, una confitería que se ubicaba en Mitre y Palacios, y esa persona, que tenía un negocio a dos cuadras de la AMIA, le dijo que lo habían llamado desde su oficina para contarle que algo había sucedido.
Demoraron un poco en enterarse de que se trataba de una masacre en la mutual judía.
La hermana de Daniel tenía la obligación de presentarse en el edificio una vez por semana. Iba los jueves. Aquel año, el 18 de julio cayó lunes, así que él no imaginó que Noemí podía llegar a estar en el lugar.
“Pero había cambiado de día con una amiga”, evocó Daniel, para luego señalar: “Con el correr de las horas, como no teníamos noticias, nos dimos cuenta de que sí estaba ahí… Esa noche viajé a Buenos Aires, y el cuerpo apareció el sábado a la tarde”.
A veintinueves años del atentado, sobre lo que puede haber sucedido, manifiesta: “Solo tengo intuiciones… De nada hay prueba concreta. Se sabe que la camioneta fue la trafic que vendió Carlos Telleldín, pero nunca confesó a quién se la dio… Se conoce que Irán protegió y organizó, pero hasta ahora nunca agarraron a ningún iraní al que se lo pueda juzgar in situ. No hay duda de que Carlos Menem, en su momento, hizo todo lo posible para que la investigación estuviera encauzada hacia los policías de la provincia de Buenos Aires, que después se supo que no tenían nada que ver...”.
“En ningún momento vamos a desistir de nuestro pedido de justicia, lo que no quiere decir que se obtenga”, manifestó, al referirse al tiempo que transcurrió y las dificultades para que todo se esclarezca.

En el momento en que falleció, Noemí, la menor de tres hermanos, tenía treinta y seis años. Daniel es el mayor. En el medio está Adriana, presidenta de Memoria Activa, asociación civil que reúne a familiares de las víctimas del atentado.
Noemí tenía dos hijas, una de doce y otra de ocho. La más pequeña ahora tiene treinta y siete, y una de las cosas que durante mucho tiempo la atormentó fue que no podía recordar el sonido de la voz de su madre.