SUS PRODUCTOS TRASPASAN FRONTERAS
Albano: de profesión, escultor digital
Albano Álvarez tenía unos quince años cuando comenzó a interesarse en el anime.
Acá, de entrada nomás, cabe un asterisco, para que nadie se quede afuera: la palabra anime alude al género de animación de origen japonés que se caracteriza por un grafismo crudo y argumentos que, en general, tratan sobre temáticas fantásticas y futuristas.
Ahora bien, aquel adolescente, en su Chile natal, lejos estaba de saber que casi veinte años después se dedicaría, en Argentina, a idear modelos, muchas veces basados en los personajes de aquellas series animadas, que se replicarían en distintas partes del mundo.
Albano llegó a Bariloche hace poco más de diez años (en la actualidad, tiene treinta y tres).
De este lado de la cordillera contaba con familiares, así que se animó a dar el paso para probar suerte.
En la actualidad, sigue la carrera de Ingeniería Electrónica en la Universidad Nacional de Río Negro, pero, sobre todo, se dedica a hacer esculturas digitales que sirven para realizar muñecos.
Es decir, apunta al modelado en computadora.
Todo comenzó con la intriga que le causaba la difusión que tenían las máquinas de impresión 3D, lo que llevó a que, hace unos años, comprara una.
Luego fue cuestión de ver tutoriales, meterse en Internet (principalmente, bucear en YouTube) y, de esa forma, se dio cuenta de que quería ser un escultor digital. “Yo hago la escultura en la computadora y vendo el modelo a quien quiera imprimirlo”, explica, y, para que quede un poco más claro, añade: “Es como una escultura tradicional, sólo que, en vez de en un material como la plastilina, lo hacés en la computadora, con un lápiz y una pantalla”.
Al ingresar en la temática comprendió que había un mercado importante para esa labor, y el empuje de algunos amigos, que se dedicaban a lo mismo, le hizo probar suerte. Lo cierto es que le está yendo muy bien.
A Albano siempre le gustó dibujar. Quizá allí resida un punto de contacto con la actividad que lleva a cabo en la actualidad, pero, en sí, es un autodidacta.
Como se dijo, lo que aprendió del tema ha sido por husmear en la red de redes.
Dice que lo que hace es “parecido al modelado que se realiza para arquitectura, pero llevado adelante de un modo más orgánico”.
Y su trabajo en bien valorado. Recibe pedidos de diversos puntos geográficos. Principalmente, trabaja con Estados Unidos, países europeos, China y Japón.
En tal sentido, detalla que los estadounidenses que le realizan encargos son, sobre todo, “particulares que tienen impresoras y quieren poseer una figura que no se consigue en el mercado y es difícil de hacer”.
“Los chinos y los japoneses, mayormente, compran algo que no sea complicado de fabricar y hacen muchas copias, para comercializar”, diferencia.
A todo esto, si bien lo suyo va para el lado de la modelación en 3D, una de las pocas creaciones que él mismo llevó del diagramado a la realidad –imprimiendo las partes, pintando, colocando barniz automotriz, utilizando refuerzos metálicos, rellenando con espuma de poliuretano– es admirada a diario por los que pasean por el Shopping Patagonia.
En Instagram, se puede ubicar al creador del Gokú como albanogiovanni.
Se trata de una figura cuyo tamaño asombra, que un local especializado en el rubro de los cómics, muñecos y demás artículos que hacen a ese submundo –que cada día suma más adeptos– exhibe como una gema en uno de los pasillos del paseo comercial.
Durante los días de encierro por la pandemia, ante el tiempo que tenía disponible, Albano, que contaba con una impresora 3D pequeña, armó una mucho más grande, para poder realizar piezas de un tamaño considerable.
“Tenía ganas de hacer algo diferente”, cuenta.
Así nació el Gokú (un personaje de la serie de manga y anime Dragon Ball) que ahora está en el shopping. En principio, en realidad, lo creó sin intención de venderlo, pero en su casa carecía de espacio como para lucirlo debidamente y aceptó la propuesta de compra del negocio en cuestión.
Albano bromea: “Antes mis amigos iban a mi casa para sacarse fotos con el Gokú, ahora vienen acá”. Y no solo sus amigos, en realidad, muchos de los que se dan una vuelta por ahí se paran a fotografiarse con la figura.
Como ya se dijo, lo de Albano va por el lado del diseño, no de la impresión, aunque revela que hay dos figuras más, de gran tamaño, a la espera de ser terminadas… Y… ¡sí!, también pertenecen al mundo de Dragon Ball.