EL “APOSTOLADO” DE UNA ANTIGUA POBLADORA
Graciela Billinger, por amor a Dios
Lucas González es una ciudad de Entre Ríos. Allí nació, hace setenta y cuatro años, Graciela Carmen Billinger, una de las mujeres distinguidas como antigua pobladora en el cumpleaños ciento veintiuno de Bariloche, donde vive desde hace décadas.
Antes de llegar a esta parte de la Patagonia estuvo en diversas provincias como religiosa (había tomado los votos simples).
La tristeza que abordó a su madre por la muerte de un hermano de Graciela hizo que dejara –al menos en lo formal– aquel camino que había emprendido y decidiera venir a Bariloche, sitio al que su familia se había mudado.
Acá se desempeñó como preceptora en una escuela de la calle Albarracín.
“No me casé. Pero fue por elección. No soy solterona, soy soltera”, sonríe.
En realidad, ella siempre estuvo casada con Dios. “Él me preparó para que venga y trabaje acá. Sigo sirviéndole, pero sin hábitos, aunque con compromiso”, asevera.
Nunca estuvo de novia. “En mi corazón, lo que le prometí a Dios lo seguí viviendo”, señala.
Dice que los alumnos que la tuvieron como preceptora suelen saludarla con cariño. “Mi trabajo lo hice con amor”, sostiene.
También cuenta que, tras jubilarse, pasó a dedicarse a una tarea que, en realidad, ya realizaba, pero a la que, al disponer de mayor tiempo, se entregó por completo: trabajar en la parroquia del Carmen, en Pasaje Gutiérrez 1399. “Hago una labor comunitaria y religiosa, sobre todo en las 400 Viviendas, llevando el mensaje de Jesús”, expresa.
Explica que conoció esa iglesia en 1980, cuando paseaba con una tía. Se acercó y nunca se alejó. En ese sentido, rememora a mucha gente comprometida que transitó por aquel lugar, en el que ella permanece, poniendo el hombro para lo que haga falta, incluso, por ejemplo, organizando alguna feria para conseguir fondos.
“Es mi apostolado”, afirma.