LA CEREMONIA FUE UN BÁLSAMO
Todos los colores políticos se unieron en reconocimiento a los antiguos pobladores
Desde hace tiempo cada cumpleaños de Bariloche tiene como elemento inseparable el reconocimiento a los antiguos pobladores.
La ceremonia, que este año se llevó a cabo en el Puerto San Carlos, suele ser un momento donde flamean las banderas blancas, no de rendición, sino de paz.
Los políticos de distintos colores comparten un festejo que llama, justamente, a la unión.
Así, en esta ocasión, había representantes municipales y provinciales, oficialistas y opositores, todos convergían en pos del encumbramiento momentáneo de aquellos que, en general, pasan desapercibidos: los que conforman la base de la sociedad, la gente laburante, que le puso el pecho a la vida, y a la vida, el pecho.

Mujeres y hombres que, en silencio, colaboraron para fortalecer una sociedad que, muchas veces, se ve lastimada por factores externos (y también internos).
Son los que colocan “curitas” diarias, aquellos que avanzan a pesar de todo.
Quizá en reconocimiento a esa gente sencilla –pero altamente valerosa– es que se propicia ese trato afable entre políticos de diferentes partidos.

Entre los que asistieron este miércoles, había varios que quieren calzarse el traje de intendente, sin embargo, no hubo gestos adustos, todo fue sonrisas, y, aunque parezca mentira, ni siquiera resultaban falsas.
En un salón repleto, las sillas eran ocupadas por referentes de uno y otro signo político, alternadamente.
Tendría que ser lo normal, pero, se sabe, la racionalidad, en estas cuestiones, no suele abundar.

En ese ámbito, cuando las cámaras se habían ido, se vio, por ejemplo, a la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras, conversar con la legisladora provincial María Eugenia Martini y la senadora Silvina García Larraburu.
En definitiva, los antiguos pobladores unieron a la política.
Se sabe que es probable que varios de los presentes, durante los meses próximos, en tiempos electorales, se tirarán de los pelos –esperemos que figurativamente–, pero el bálsamo de cordura que reinó en el Puerto San Carlos expuso la sensación de que hay espacio para la sensatez.
Esa impresión se la debemos a los antiguos pobladores. Algo más para agradecerles.