EN EL NOMBRE DEL SOBRINO
El tío del kayakista desaparecido en el lago Moreno quiere ser intendente de Dina Huapi
“En el nombre del Padre”.
Con esas palabras se acompaña el comienzo del gesto que los católicos realizan al llevar a cabo la señal de la cruz.
Aquella frase, también, corresponde al título de una película dirigida por Jim Sheridan y protagonizada por Daniel Day-Lewis, donde se narra la historia de un despropósito jurídico británico que llevó a la cárcel a varios inocentes durante años. Tras las rejas, en el filme, se producía una intensificación de la relación entre dos de los detenidos, padre e hijo.
Esto viene a cuenta de que en estas líneas puede utilizarse ese término que ya forma parte del inconsciente colectivo a fuerza de repetición, “en el nombre del padre”, pero variando una de las palabras: “El en el nombre del sobrino”.
Andrés Quinteros desapareció el 9 de diciembre de 2020 (cinco días antes había cumplido treinta y cinco años), en aguas del lago Moreno, en el sector de la Playa del Viento.
Las postales de aquellos días, para quienes cubrimos la búsqueda que siguió, apuntan al dolor de una familia que hacía lo imposible por no bajar los brazos.
Mirta y Juan, los padres, estaban abatidos, pero no se permitían rendirse. En ese sentido, mucho tuvo que ver Leonardo Nicolás, el menor de cuatro hermanos, de los cuales Mirta es la mayor.

Leonardo tomó el asunto como una cuestión que debía ponerse al hombro. No solo la búsqueda de Andrés (que al día de hoy ha resultado infructuosa, porque el cuerpo nunca se halló), sino el proyecto que siguió, de construir un sendero en aquel sector de la costa, que en la actualidad ya tiene una parte de su trazado terminado.
Hay que recordar lo que sucedió. Al menos, la versión que se proyectó, porque aún quedan muchos espacios en blanco por llenar.
En teoría, Andrés fue junto a un amigo a aquel lugar y se adentraron en el lago con un kayak. Una tormenta habría dado vuelta la embarcación: el compañero de Andrés logró llegar a la costa; él, no.
Para la familia del desaparecido, aún existen dudas acerca de lo que realmente pasó.
La actitud posterior del muchacho que estaba con Andrés, mostrándose hosco, poco colaboró a despejar la incertidumbre.

En lo que hace a esta nota, debe señalarse que Leonardo Nicolás, que sentía –y siente– a Andrés como un hermano, por la relación y por la poca diferencia de edad entre ellos (en la actualidad, Leonardo tiene cuarenta y dos años), decidió que debía apuntalar a su hermana y su cuñado. Así, estuvo en los recorridos por la orilla y, sobre todo, en la tarea que se calzó como una obligación moral: que naciera un camino en ese espacio, donde alambres de propiedades privadas se metían en el lago e impedían el paso (en caso de que Andrés hubiese logrado nadar hasta allí, con las condiciones climáticas que imperaban, aquello hubiera resultado un escollo insuperable).
El asunto es que, para que el proyecto se hiciera realidad, Leonardo comenzó a acercarse a algunos políticos –en ese punto, él siempre destaca el apoyo de la concejala Julieta Wallace–, y eso parece haberle despertado cierta inquietud que siempre lo acompañó pero que estaba algo adormecida.

Leonardo tuvo vínculo con la política desde joven.
Si bien nació en Bariloche, eso se debió a que en el paraje donde vivía su familia –Melicó, cerca de Corralito– no había hospital.
Pero su infancia, hasta que cursó segundo grado, la pasó en aquel paraje.
Luego sus padres decidieron venir a Bariloche.
Primero llegó Florindo, el papá. Luego la mamá, Felisa, con Nicolás y sus hermanos.
Cuando se pudo, en el barrio Nueva Esperanza, compraron un terreno (hasta entonces, Florindo acarreaba una casa prefabricada que instalaba en cada lugarcito que conseguía).
Florindo era empleado del municipio: limpió cunetas, se desempeñó en el cementerio y se jubiló como sereno del Corralón Municipal.
Falleció en 2022, por Covid.
La mamá de Leonardo, en tanto, hoy anda por los ochenta y siete años.

En su temprano adolescencia, Leonardo descubrió que la política era algo más que el rostro de algún candidato en un afiche.
Un amigo del barrio había conseguido un trabajo en Acción Social, para llevar adelante un programa que consistía en acercarse a grupos que se consideraban pandillas y tratar de encauzar la vida de sus integrantes.
“Íbamos y tratábamos de mostrarles actividades para que pudieran concretar proyectos”, cuenta, para luego añadir: "Nos dimos cuenta que no todos eran violentos. En realidad, solo había uno o dos por grupo”.
De aquella manera, por ejemplo, nacieron varias radios comunitarias.
Asimismo, en aquella época, Leonardo, invitado por otro amigo, comenzó a asistir a reuniones de la Juventud Peronista (recuerda que se hacían en Albarracín y Otto Goedecke).
De esos tiempos, evoca los debates acalorados, donde cada quien defendía sus ideas.
Más adelante, a quien a día de hoy continúa siendo su compañera de vida, Silvia, con la que tiene dos hijos, le surgió un trabajo en la Escuela Secundaria de Río Negro 96, en Dina Huapi.
El cargo era de preceptora, pero en el turno nocturno.
Ella, en ese momento, estaba embarazada del primer hijo de la pareja.
Así, decidieron que lo más conveniente era mudarse a Dina Huapi.
Silvia –profesora de Educación Física– siempre estuvo ligada a la política dinahuapense, a través del PJ local.
Además, ha mantenido un rol importante dentro de la Unión de Trabajadores de la Educación de Río Negro (UnTER).
De tal manera, en la casa, la pata política activa estaba ocupada por la mujer.
Pero, ya con los hijos más grandes –uno estudiando en la Universidad de las Artes en Buenos Aires y el otro en el secundario–, Leonardo, tras lo que sucedió con su sobrino, decidió volcarse de lleno a la cuestión pública y quiere ser intendente (representando al Frente Vamos con Todos) de la localidad en la que vive desde hace dieciocho años.
Siente que, en la actualidad, en Dina Huapi hay un abandono hacia los vecinos. “Venimos masticamos bronca”, afirma quien, desde hace algo más de década y media, se desempeña en el Correo Argentino (entró como cartero, después pasó al área de ventanilla en el sector comercial y ahora se encuentra a cargo de un equipo de trabajo en el rol de supervisor).
En lo que hace a las necesidades de la localidad que desea gobernar, apunta a la existencia de una carencia de gestión, además de la urgencia que observa en lo referido a los jóvenes, a quienes considera que debería prestarse mayor atención para crear un sentido de pertenencia.
–¿Piensa que tiene posibilidades reales de triunfar el 11 de junio, cuando se celebren las elecciones en Dina Huapi?
–Creo que sí. Sufro lo mismo que los vecinos y tengo sus mismas necesidades.
–¿Qué representó en su vida la desaparición de Andrés?
–Me cambió todo… Para la familia, era la persona ideal… Lo voy a extrañar siempre. Fue un golpe muy fuerte…
–¿Cree que algún día se encontrará el cuerpo?
–Su desaparición genera muchas dudas… El modo en que el amigo llegó a la costa y él no… Tenemos muchas preguntas acerca de eso. Ojalá que aparezca para que el ciclo se pueda cerrar. Creo que Andrés, en algún momento, se va a dejar ver.
