CARRIQUEO Y EL MONUMENTO A ROCA
“Sacar la estatua no solucionaría el tema de fondo”
“La solución que plantea el intendente es lavarse un poco las manos”, sostuvo el werken (vocero) de la Coordinadora del Parlamento Mapuche-Tehuelche de Río Negro, Orlando Carriqueo, acerca de la propuesta de Gustavo Gennuso referida a retirar de la plaza central del Centro Cívico las pintadas de los pañuelos y el monumento ecuestre a Julio Argentino Roca.
“Uno puede analizar que en la Argentina hay un montón de estatuas de Roca, calles y hasta la ciudad que lleva su nombre, y también existen un montón de plazas donde los pañuelos están pintados. Son cuestiones que, si bien están relacionadas, son distintas. Justamente, lo que faltan son debates sociales con respecto a lo que pasó y a lo que aún sucede”, expuso Carriqueo, para quien “lo de los pañuelos, directamente, plantea un error, porque es algo que la sociedad ya ha debatido”.
Sobre ese punto, señaló: “Estamos a cuarenta años del regreso de la democracia, y existió un juicio donde se condenaron los hechos aberrantes que sucedieron durante la dictadura que llegó en 1976”.
Cabe recordar que Carriqueo ha asociado lo que sucedió en los años de plomo con el genocidio indígena, aunque, a la vez, protestando por la diferencia con que se trataron los temas. “Para los indios, en la Argentina no hay derechos humanos”, manifestó en su momento.
Lo que sorprende es que no lo satisfaga que se corra de lugar la figura ecuestre que suele ser objeto de diversos vandalismos cuando se realizan concentraciones en el Cívico vinculadas a los pueblos originarios. “Nadie puede negar que la estatua de Roca y las calles que llevan su nombre están cuestionadas fuertemente en la Argentina”, expresó, para luego considerar: “Hay un debate social que está pendiente, que tiene que ver con el genocidio. En la medida en que la sociedad discuta, y vaya sabiendo lo que pasó en aquel primer genocidio, que es lo que venimos reclamando, estas discusiones van a ser más transparentes frente a toda la comunidad”.
“Roca ha sido un personaje que en la historia ha sido valorado por la construcción de un Estado, y lo que nosotros estamos cuestionando es esa construcción del Estado nacionalista, fundado sobre un genocidio de pueblos indígenas”, explicó, aclarando que “esto no pasa solo en la Argentina, sino en toda Latinoamérica”.
Al respecto, sostuvo: “El Estado moderno se construyó en Europa y se instaló en todos los países de América, frente a una sociedad indígena con otra manera de vivir, una forma distinta de entender cómo funcionaba el mundo”.
Luego, teniendo en cuenta también el simbolismo de los pañuelos blancos, volvió a marcar un paralelismo entre la Conquista del Desierto y el proceso militar. “Hay un hilo conductor entre las dictaduras militares y una parte de la sociedad que, a la vez, fue funcional, construyó y financió la Campaña del Desierto. También existe una clara relación entre ese genocidio de fines del siglo XIX y lo que sucedió en 1976”, comparó.
De esa forma, habló de las víctimas de los pueblos originarios como “los desaparecidos iniciales” y apreció que en aquella época existieron “campos de concentración donde ocurrieron violencias indiscriminadas”.
“El Ejército de Jorge Rafael Videla contaba con esa experiencia”, remarcó.
Igualmente, puso el ojo en lo que cree que es la gran diferencia entre una y otra cosa: “Con respecto al golpe del 76, hubo una política de Estado, con todo lo que significaron las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo enfrentándose a la dictadura, sin el apoyo de ningún sector social ni político, incluso con poco acompañamiento de los gremios: ellas se pusieron al frente de la resistencia, en un intento por salvar vidas. En cuanto a ese tema, entonces, hay un reconocimiento social y una política de Estado; con lo otro, no. Por supuesto que tenemos una mirada opuesta a Roca, pero el tema no se va a salvar sacando una estatua sin hablar de lo que sucedió. Eso es lo que falta”, resaltó.
“Debe hacerse una revisión de la historia, que, para nosotros, es muy cercana, porque cuando se habla de la Campaña del Desierto se piensa que fue hace muchísimo, pero a la Patagonia la incorporaron al Estado argentino después de aquello, hace ciento cuarenta y cuatro años”, expuso, y recalcó: “Me preocupa que se cumplan cuatro décadas de democracia en un marco de clara radicalización del discurso antimapuche, alejado de la verdad histórica”.
“En la medida en que todo se conozca, los nombres van a caer solos, y también las estatuas”, reflexionó.
“Si tiramos el monumento sin discutir el genocidio, dentro de cinco años va a estar de nuevo”, opinó.
A la vez, expresó: “Reconocer el genocidio no va a saldar las diferencias, porque siempre las va a haber, pero se puede conseguir un cierto grado de reconocimiento para que las políticas de reparación sean posibles. Nuestras familias fueron torturadas, asesinadas, disgregadas… Y se trató de una política de Estado. Eso es lo que cuestionamos”.
“Sacar la estatua no solucionaría el tema de fondo”, concluyó Carriqueo.