UN CENTRO DE JUBILADOS HISTÓRICO PIDE UNA MANO PARA SEGUIR AYUDANDO
Ricardo Kramm: “Hay que trabajar intensamente por la gente mayor”
Ricardo Kramm tiene dos años y medio más que la última vez que conversó con el cronista.
Sin embargo, parece más joven ahora que en mayo de 2020.
En aquel momento, su rostro transmitía tristeza.
Se lo veía abatido.
Temía que el Centro de Jubilados y Pensionados Bariloche, el más antiguo de la ciudad, del que es presidente, cerrara las puertas para siempre.
Dos meses antes se había declarado, en la Argentina, la cuarentena por la pandemia de Covid, y, sin ingresos, el panorama era más que desalentador.
No tenían dinero para el mantenimiento del lugar, ubicado en John O’Connor 876; ni siquiera alcanzaban a abonar los servicios.
El pronóstico, en ese entonces, era directamente catastrófico.
“Por ningún lado tuvimos respuesta. Estamos solos”, se lamentaba Kramm en aquel momento.
El presente, por suerte, es muy distinto: “Nos encontramos en un momento excelente”, señala un rejuvenecido Kramm.
Cuenta que, tras aquella nota, que salió en el diario El Cordillerano el 29 de mayo de 2020, la respuesta de la sociedad fue rotunda. “Mucha gente se acercó para darnos una mano. Estábamos en una situación muy complicada… El dueño de una farmacia comenzó a pagarnos la factura de gas, hubo personas que vinieron y dejaron plata diciendo: ‘Los quiero ayudar’. A algunas directamente no las conocíamos, otras hacía tiempo que no venían, pero todas expresaron su deseo de colaborar”, rememora el hombre.
Además, recalca que, si bien la importancia de la asistencia económica fue innegable, lo que más los fortaleció fue el apoyo anímico. “Estábamos solos, con todos los problemas, y recibimos esa inyección que nos motivó para seguir adelante”, señala.
De pronto, con los paliativos económicos y también del alma, a los que se sumó la merma en la intensidad de la pandemia, el sitio comenzó a revivir.
“Volvimos con las actividades que habían estado suspendidas. Tuvimos que reestructurar todo, y ahora podemos prestar más y mejores servicios”, apunta el presidente de la entidad.
En el lugar se brindan distintos tipos de talleres. Desde gimnasia, tai chi y yoga, hasta estimulación cognitiva, folklore y cursos de manejo de celular.
Con cada profesor se acuerda una tarifa social. Así, los socios abonan mil doscientos pesos por actividad, de los cuales mil son para quien la brinda y doscientos quedan para el centro. Aquellos que no están asociados, en tanto, pagan mil ochocientos. Las cifras están muy por debajo de las que se manejan en otros sitios.
Hay que resaltar que el número de socios activos (que abonan doscientos pesos por mes) se retomó, y, en la actualidad, ronda los trescientos cincuenta.
Además, claro, la institución ofrece su espacio para que diversos médicos atiendan por PAMI. Desde esa obra social, se da un sostenimiento económico, para colaborar con el lugar.
El centro de jubilados también le cede su espacio a la provincia de Río Negro, para que lleve adelante sus propios talleres.
Pero lo cierto es que Kramm y la gente que trabaja con él –todos ad honorem– desean darles, a quienes concurren a la entidad, otros servicios de los que ya otorgan. “Nuestra idea es hacer más cosas, ofrecer nuevas actividades”, indica el hombre.
Junto a la edificación donde funciona la institución, hay una estructura que también pertenece al centro de jubilados.
Se trata de terrenos que, hace mucho tiempo, donó el municipio.
Cualquiera que pase por allí observará, quizá, una especie de galpón a medio hacer, sin mucho sentido. Para Kramm, en cambio, esa obra gruesa representa el futuro. Así, imagina: “Acá se podría juntar la gente grande a tomar el té, mirar televisión, jugar a las cartas, conversar… Podríamos tener un auditorio, para que vengan a hacer prácticas de teatro, de música, de lo que quieran… Sería un lugar abierto para la comunidad de adultos mayores. Quisiéramos avanzar en la obra, para brindar servicios gratuitos”.
De esa manera, si bien está contento con el presente, viendo una circulación importante de gente grande que toma el sitio como un segundo hogar, él quiere algo más… “Yo siento que, por ahí, nos está faltando algo. Creo que hay que trabajar intensamente por la gente mayor. Y acá, como centro, tenemos la posibilidad… Contamos con el lugar, pero no podemos concretarlo”, dice.
Durante la charla, comenta que, tal vez, por tratarse de un sitio con el que PAMI trabaja, quizá desde ese organismo podría venir alguna cooperación. Lo mismo, desde la provincia de Río Negro. En cambio, cuando se le menciona la posibilidad de una ayuda municipal, desliza: “Con el municipio estoy un poco decepcionado”. ¿La razón? Hace alrededor de un año un funcionario con poder de decisión visitó el centro y preguntó: “¿Qué es lo que necesitan?”. Kramm le contó lo que precisaban. Incluso presentó un proyecto. Pero la contribución que se había sugerido no llegó nunca. De ahí, el desencanto.
Por lo pronto, Kramm recurre una vez a la sociedad barilochense, como la vez que pidió una mano en el peor momento de la pandemia. Ahora las cosas están mucho mejor, es cierto, pero él sueña despierto con un sitio que reciba a mucha más gente, nuevos servicios, actividades que satisfagan a los ancianos que suelen quedar marginados en un mundo que, a veces, se olvida de los mayores.
Cualquier tipo de ayuda vendría bien. Necesitan material, mano de obra y también ideas, para que la ilusión se transforme en realidad.
Aquellos que deseen contactarse con Ricardo pueden hacerlo por WhatsApp al +54 9 294 466-2614.
Por otra parte, el CBU del Centro de Jubilados y Pensionados Bariloche es 0110463340046311649844.