EXPLICÓ EL GASTROENTERÓLOGO CARLOS MATTA
Fiestas de fin de año: el volumen de comida ingerida supera la capacidad de digestión
Al término de cada año se producen las fiestas y por una cuestión cultural se come mucho, una costumbre que no siempre es saludable y por ello el doctor Carlos Matta, gastroenterólogo y representante del Centro Integral de Gastroenterología y Endoscopia Digestiva Bariloche (CIGEBA), indicó que “nos hace mal no solo lo que comemos, sino el volumen de lo que comemos ya que existe un valor calórico exorbitante” y explicó al respecto que “en una comida convencional, calculando que uno necesita alrededor de 1.500/1.800 calorías por día para vivir, en Nochebuena, Navidad o Año Nuevo se puede llegar a ingerir 5.000 calorías, 7.000 calorías y hasta 8.000 calorías, todo de una vez”.
El profesional ejemplificó al decir: “se comienza con el vermucito de la tarde, donde un puñado de maní ya tiene 600 calorías de acuerdo a la variedad del maní. Quiere decir que la persona aun no empezó a comer y ya tiene 600 calorías solamente en una pequeña cantidad de manicitos, después viene la cerveza, el vino, el exceso de carne, los postres, etcétera, etcétera, y obviamente nos tenemos que sentir mal. El aparato digestivo puede digerir mucho, pero tiene un límite y puede digerir una cierta cantidad por unidad de tiempo. Uno se puede comer 12 bananas en un día, pero no puede comer 12 bananas todas juntas, entonces uno se va a sentir mal sí o sí, no porque uno esté enfermo sino porque ese volumen supera la capacidad de digestión y eso es lo que nos pasa en esos días de Navidad y Año Nuevo o en cualquier otra comilona”.
A través del programa “Chocolate por la Noticia” que se emite por El Cordillerano radio (93.7) el entrevistado por Daniel Pardo y Daniela Lucero habló sobre la individualidad de cada caso: “cuando somos muy jóvenes podemos comer mucho, cuando estamos más grandecitos tendemos a comer menos en general, no todo el mundo respeta eso, pero cuando somos jóvenes necesitamos más calorías y cuando somos más grandes nos vamos a sentir mal si comemos como cuando tenemos 20”.

Asimismo refirió que "otro tema es cuando uno tiene una enfermedad de base, no está teóricamente enfermo, pero puede tener piedras en la vesícula por ejemplo, entonces comiendo ciertas cosas en cantidad en el momento de fin de año puede despertar algunos cólicos o algunas piedritas que estuvieran dormidas y darnos un susto y llevarnos al sanatorio o a un hospital para que nos atiendan de urgencia. Con una enfermedad de base mucho más, si no la tenemos solo se sentirá mal unos días más”.
Sobre si hay más personas que consultan en fechas festivas dijo que “a veces sí, a veces no, la gente aprende a que hay ciertas drogas que se pueden adquirir en farmacias que ayudan mucho con estos síntomas, entonces hacen una rápida automedicación, una gestión farmacológica y no consultan tanto al médico. Salvo en estos casos puntuales donde existe alguna patología de base que despierte algún dolor, que nos haga poner amarillos u orinar oscuro cuando esas piedritas se mueven dentro de esos conductos biliares o cuando se tiene un fuerte dolor por otros motivos. Una ingesta copiosa de alcohol puede desembocar en una gastritis alcohólica aguda, eso puede ocasionar dolor sin tener una patología de base en el estómago, por daño directo del alcohol en la mucosa y a veces hasta sangrado. La otra es que en ocasiones es el mismo alcohol que en algunas oportunidades puede generar ciertas intoxicaciones, excesos importantes, una pancreatitis aguda alcohólica, eso es un alerta importante que produce fuerte dolor, vómitos, etcétera, que requiere atención y tratamiento inmediato”.
Consultado con respecto a algún tipo de acostumbramiento a un medicamento sostuvo que “eso sucede, puede estar fundado en cosas reales por ejemplo el Sertal es un espasmolítico o sea en el sistema muscular esquelético, que maneja las manos, el cuerpo, etcétera, nuestros movimientos, son músculos estriados. Los músculos de las tripas se llaman músculos lisos, entre las arterias también, esos no usan descontracturantes como en el caso de las contracturas en el cuello. Las contracturas en la tripa las llamamos espasmos, entonces cuando nos sentimos mal o sentimos algún dolor usamos espasmolíticos, los que destruyen o deshacen el espasmo. Eso es porque uno tiene una patología de base, si volvemos a las piedritas en la vesícula, esa vesícula si uno come una comida muy copiosa, con mucha grasa, la vesícula almacena un detergente que se llama bilis y cuando nosotros la necesitamos, por una orden especial, unas hormonas que hacen que en la vesícula se contrae ese detergente, se vacía y se mezcla con la grasa que comemos, pero si uno tiene piedras en la vesícula las piedras se van a mover tanto como se mueve la bilis y esas piedras pueden atascarse en la salida de la vesícula y provocar dolor. Muchas veces los espasmolíticos en gotas o en comprimidos o en perlas suele funcionar muy bien, pero en casos agudos la mejor indicación es medicar por vía endovenosa. En cuanto a lo que comemos no es el espasmolítico lo que nos hace bien, sino es lo contrario, es algo que promueve movimiento, porque los espasmolíticos disminuyen los movimientos. Necesitamos algo que acelere como la metoclopramina, los remedios para quitar las náuseas, que aceleren los movimientos del estómago, el triperío que está adentro, que por otro lado funciona todo coordinado”.
También Matta mencionó las emociones en las fiestas como un elemento a considerar, “en casos puntuales -dijo y agregó-, yo provengo de una escuela de medicina del viejo hospital Rawson donde nos acostumbraron a no separar el cuerpo de la cabeza, entonces las personas deben ser estudiadas como un todo, entonces ‘no es tomate esta pastilla y venga a verme dentro de dos meses’, una persona es algo que tiene sentimientos, emociones, tristezas, en estos casos no tiene mucho que ver con lo que uno come, sino que esto viene a agravar lo que uno come, cuando come de más. Una señora, un señor, separado de sus hijos por primera vez por un divorcio, por la distancia puede tener o albergar emociones de tristeza, que puede en ciertos casos empeorar los síntomas que el paciente tiene, potenciarlos, sugestivamente ese paciente se puede sentir peor. Si todo lo que nos rodea es felicidad las tripas no lo van a sentir, si vivimos una vida miserable, con muchos dolores, mucha angustia, con problemas en el trabajo, con la inflación, etcétera, creo que es un momento difícil”.
Ante la pregunta sobre si el consumo de información impacta en la salud emocional, subrayó que “particularmente desde mi punto de vista creo que es al revés, no necesitamos de los medios para darnos cuenta que estamos mal, estamos mal socialmente, estamos mal económicamente, emocionalmente hay un quantum de tristeza en la gente, de abatimiento, de desgano. Entonces los medios eventualmente pueden potenciar, pero me parece que esto ya pasa por la vida propia, creo que la gente ya lo tiene incorporado porque lo vive cotidianamente aunque no escuche la radio o mire la tele”. Señaló: “Esto en el consultorio lo vemos todos los días, los cuadros de angustia, de depresión que observamos todos los días, después de ‘esta maldita pandemia’ y todo lo que significó el encierro, eso trasciende los medios, es la realidad, es lo que la gente vive. Si uno se sumerge en cierto grupo que potencia ciertas cosas y otros potencian otras, eventualmente uno puede empeorar, pero ni siquiera lo hace si uno prende la tele”.

Ante la detección de efectos de la pandemia, mencionó que “este nuevo virus y sus variantes son virus que mutan, hay más de 110 variantes del virus del resfrío que muta permanentemente, por eso no hay una vacuna contra el resfrío y este nuevo virus puede originar una cantidad de síntomas que con los años vamos a aprender qué podría provocar o que podría dar ciertas consecuencias. En la medida que pasen 4/5 años, porque la medicina funciona por consenso, entonces se juntan los gastroenterólogos y con información de miles y miles de infectólogos o clínicos del mundo se resuelve. Una cosa es lo que el virus provoca en el organismo con una base biológica, lo que se puede ver y lo que se puede palpar, aparato digestivo, los problemas en el corazón, los de confusión mental, daño en el cerebro y eventualmente el paciente puede tener cuadros de Covid digestivo, diarrea o dolor abdominal o inconvenientes respiratorios, es muy variable. La otra es lo emocional o la depresión que no necesitan del Covid, el hecho de haber estado encerrado tanto tiempo, perder contacto físico, en los niños especialmente ni hablar de los estragos que puede haber ocasionado un encierro como el que tuvimos, que fue espantoso y a mi juicio prolongadísimo e innecesario. En esas cosas es preferible que el paciente haya tenido Covid que haber estado encerrado un año”.
Por último, el doctor Carlos Matta refirió a los “problemas emocionales, intentos de suicidios de adolescentes, la depresión, la falta de contacto de los niños con los pares en un momento donde deben hacer contacto y esto a sabiendas que los niños no contagiaron, que el contagio era muy bajo. La falta de las escuelas socavó una buena parte de la base social y el ánimo de la gente”.
(Centro Integral de Gastroenterología y Endoscopia Digestiva Bariloche, Tiscornia 892, 3er. Piso. WhatsApp 2944-755050).