2022-12-12

CON DIFERENTE PRONÓSTICO, LUCHAN POR SUS VIDAS

El policía golpeado y el que fue atropellado son amigos

El policía Leo Román Álvarez, alrededor de las siete de la mañana del domingo 4 de diciembre, tras ser golpeado por Darío Leandro Aravales (aunque la familia duda acerca de si los atacantes fueron más), a la salida de un pub de la calle España, sufrió heridas de tal magnitud que hoy lo tienen al borde de la muerte.

Otro efectivo, Francis Andrés Isla, cuando iba en moto hacia el destacamento de Villa Mascardi, el mismo día, apenas unos minutos después, aproximadamente a las siete y cincuenta, fue embestido por un auto que se cruzó de carril. El conductor, Santiago Guerrero Vivar, estaba ebrio.

Las heridas de Francis también incluyen gravedad, e incluso está a la espera de diferentes prótesis, pero su pronóstico, al menos hasta el momento, augura mejores expectativas.

Leo y Francis se conocen.

Además de compartir la profesión, tienen, entre ellos, una relación de amistad.

Hasta la semana pasada, compartieron los partidos de fútbol casi diarios.

Tras los respectivos hechos que los llevaron a sus estados actuales, ambos recalaron en terapia intensiva.

Si bien en principio Francis había sido llevado al Hospital Zonal Dr. Ramón Carrillo, luego, por un desperfecto en el tomógrafo, tuvo que ser trasladado al Hospital Privado Regional (HPR), donde se encuentra también Leo.

Sus familias atraviesan juntas el dolor y la bronca, porque, más allá de los daños físicos, días atrás se hicieron las formulaciones de cargos correspondientes y, entre las medidas cautelares para los imputados, no se incluyó la prisión preventiva.

De esa manera, quienes perpetraron los hechos están en libertad, y eso, aún teniendo en claro los caminos judiciales, a sus familiares, que ven cómo su ser querido, en un caso, está con muerte cerebral, y otro, a la espera de elementos externos para introducir en su cuerpo con el fin de que no quede postrado (y con otros daños en zonas íntimas que de sólo imaginarlos estremecen), obviamente, no les cae para nada bien.

A Francis, cuando se le retiro la sedación, tras recuperar poco a poco el conocimiento, le contaron que el destino también se había ensañado con Leo, y le cuesta asimilarlo, porque no sólo debe cargar con el dolor en su físico, sino, también, con esa información: la vida de su amigo pende de un hilo.

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