ALGUNOS LO HACEN DESPUÉS DE DÉCADAS
Cada vez se aprecian más grupos que retornan a la ciudad para revivir su viaje de egresados
¿Los viajes de egresados a Bariloche nacieron por un plan relacionado con el turismo o todo se dio por casualidad?
¿Cómo es que la ciudad se transformó en el centro convocante de aquellos que cursan el último año de secundario?
Aunque algunos suelen hablar de la década del ochenta como disparadora de esta costumbre, no es así. Quizá sí podríamos hacer referencia a esa etapa como el momento en que surgió una manera de encarar el asunto mucho más “marquetinera”, pero lo cierto es que las primeras excursiones de este tipo se remontan mucho más atrás.
Si bien es difícil indicar exactamente cómo y cuándo afloró la costumbre, las experiencias iniciales datan de la década del cincuenta.
Más adelante, con el programa televisivo Feliz Domingo, donde la cuestión tomaba formato de premio, lo del viaje se instauró como una tradición argentina casi ineludible. Al menos, desde ese momento, siempre estuvo la intención de realizar el recorrido a Bariloche. Y aunque después hubo opciones al exterior para quienes pudieran abonarlas, lo cierto es que Bariloche se desmarcó de cualquier competencia y aún hoy permanece como la localidad más elegida.
Decir viaje de egresados en la Argentina es aludir a esta ciudad. Se trata de una especie de marca registrada.
Justamente, la “marca” Bariloche y el turismo estudiantil van de la mano.
Pero, como ya se advirtió, mucho antes de que se hiciera “costumbre”, ya estaban los estudiantes que recalaban en esta parte del mundo.
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El Cordillerano, el año pasado, contó el ejemplo de la primera promoción de la Escuela de Comercio N° 32 Dr. José León Suárez, de Buenos Aires, que llegó a esta ciudad en 1961. Veintiuna personas de alrededor de ochenta años volvieron en 2021 para festejar el aniversario redondo (sesenta años) de ese viaje de egresados.
Ahora, relatamos la historia de un grupo de mujeres que revivieron lo que hicieron hace dos décadas.
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Son muchos los grupos que, al mantener el contacto a través del tiempo, deciden repetir la experiencia del viaje de egresados por algún aniversario.
El asunto, incluso, se plantea como una puerta turística nueva para Bariloche, una ciudad que se “vende” sola, pero a la que no le hace mal cada nueva oportunidad que surge. Y no son pocos los que, tras la experiencia de la adolescencia, y más allá de las ocasiones en que regresan solos o ya con sus familias, deciden juntarse con sus viejos compañeros de la secundaria para emular, a la distancia, aquella etapa de sus vidas.