ANÁLISIS SINGULAR RESPECTO A LA PROBLEMÁTICA INDÍGENA
La Constitución, una teoría surgida del ámbito económico y conflictos relacionados con mapuches
Carlos Pascuali es licenciado y doctor en Economía.
Vive en Rosario.
Durante un viaje que hizo junto a su familia en 1998, en la provincia de Neuquén atravesó una situación que provocaría que se volcara al análisis de la cuestión indígena de una manera particular.
En aquella ocasión, daba una caminata cuando fue interceptado por un hombre que, de mala manera, le dijo que se tenía que retirar, y lo justificó afirmando que aquel era “territorio sagrado”.
Carlos estaba seguro de que no existía ningún tipo de demarcación ni nada por el estilo. Simplemente, era una persona que daba un paseo apreciando la naturaleza. Pero, para evitar inconvenientes, el economista dio media vuelta y se fue.
Desde entonces, algo quedó palpitando en él, cierta inquietud que lo hizo interiorizarse en el tema.
“Esto, inevitablemente, va a terminar en conflicto”, pensó en aquel momento.
A raíz de ese episodio, ha seguido la problemática que se observa en el sur argentino y también en Chile.
Como ya se indicó, no es abogado, sino que se dedica a la economía, así que a partir de una teoría económica ha razonado acerca de la situación.
El nombre preciso del método sobre el que se para Pascuali para hablar sobre la temática es “teoría de juegos”.
Se trata de una rama de las matemáticas y de la economía que estudia la elección de la conducta óptima cuando los costos y los beneficios de cada opción no están fijados de antemano, sino que se relacionan con las elecciones de otros individuos.
Así, si bien nació como algo específicamente destinado a los números, lo cierto es que luego fue utilizado en campos muy diversos, desde la biología a la ciencia política, pasando por muchos otros puntos, incluso la psicología y la psiquiatría.
Un especialista en teoría de juegos fue el matemático ganador del Nobel John Forbes Nash, quien introdujo lo que ahora se denomina “el equilibrio de Nash”, en referencia a una situación en donde los individuos no tienen ningún incentivo a cambiar su estrategia tomando en cuenta las decisiones de sus oponentes, ya que cada participante de un conflicto ha escogido la mejor opción, dada la táctica que han elegido los demás.
Sobre Nash se hizo la película A beautiful mind, que en la Argentina se conoció como Una mente brillante, basada en la novela homónima de Sylvia Nasar.
Todo esto viene a cuenta de la aclaración del economista Carlos Pascuali: “Lo que digo es desde el ángulo de la teoría de juegos”.
De esa forma, el licenciado y doctor en Economía remite a la reforma constitucional de 1994 para desarrollar su concepto: “Hasta ese momento, en la República Argentina, el criterio de nacionalidad, básicamente, estaba basado en el derecho de suelo (ius soli): quien nacía en el territorio era argentino”.
Pascuali aclara que “existía una excepción por la que se reconocía el ius sanguinis (derecho de sangre, por la nacionalidad de los padres) para aquellos hijos de funcionarios que trabajaran en el exterior”.
Pero, recalca el economista, eso se daba, entonces, solo en casos particulares, la regla general apuntaba al ius soli.
El porqué tenía que ver, sobre todo, con las necesidades que, en el pasado, marcaban al país. “Los fundadores de la Nación precisaban poblar el territorio y usaron ese criterio, que era el más razonable, para favorecer la inmigración, con la rápida nacionalización de los hijos de los inmigrantes”, explica.
El 11 de agosto de 1994, con la incorporación del artículo 75 inciso 17, se implantó un cambio fundamental para los indígenas.
“Se introdujo un criterio nuevo. Así, al ius sanguinis, que estaba como excepción, se le da amplitud, al ‘reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos’”, señala Pascuali, quien amplía: “Se reconoce un criterio de nacionalidad étnica, algo inédito”.
“Ese fue un paso muy significativo, que visibilizó a sectores de nuestra población; no se le puede restar importancia”, sostiene.
Igualmente, el economista advierte que, quizá, tendrían que haber figurado acotaciones para despejar dudas. “Al incluir este criterio étnico, faltaron, a lo mejor, ciertas aclaraciones. Por ejemplo, al ver lo que ocurre, parecería que este reconocimiento étnico da derecho a una fragmentación nacional, a generar Estados dentro del Estado. Nuestra Constitución, en realidad, habla de ‘garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural’, es decir, reconocer esa diferencia, lo que no implica una fragmentación del Estado ni de la Nación, sino que se visibiliza a un grupo. Que se los reconozca como pueblos originarios no implica que dejen de ser argentinos; lo son también”, expone Pascuali.
“Tal vez el mismo artículo constitucional tendría que haber sido un poco más claro respecto a eso, y a que la cuestión comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan también tiene un límite, porque quizá ahora haya otra gente allí”, indica, para luego completar: “Si no se ponen límites a estas cuestiones de espacio, lo único que se hace es generar conflictos”.
“Tiene que haber un consenso, porque, por supuesto, se les debe reconocer los derechos, pero también hay que reconocer otros”, considera, a la vez que apunta: “Si uno empieza a analizar qué había antes en la historia, en el caso particular de los mapuches, no así de otras etnias, ellos arribaron mayoritariamente a la zona alrededor del 1700, eso está demostrado, entonces tampoco es que estuvieron toda la vida allí”.
Pascuali reflexiona: “Evidentemente, acá es necesario buscar un equilibrio para reconocer derechos de una manera armónica, y que el tema no implique una fragmentación social, que es lo que se está generando en la actualidad”.
Asimismo, subraya por qué toma como punto de inflexión la modificación de la Carta Magna: “Si se ve una correlación estadística, se observa que la frecuencia de conflictos de esta índole aumentó a partir de la reforma constitucional, es decir, desde 1994 hasta el presente”.
“Hay que comprender la repercusión geopolítica de esto y los riesgos que implica”, reflexiona.
En ese punto, acentúa: “La Patagonia, a veces, figuró en mapas de otro país… Teniendo en cuenta eso, lo más importante es garantizar la indivisibilidad del territorio nacional”.
De esa forma, retoma el pensamiento que lo invadió a fines del siglo XX, con aquel episodio que vivió en el sur argentino que le hizo especular con conflictos futuros: “Lamentablemente, no me equivoqué”, afirma.
Luego, añade: “La cuestión es mucho más grave en Chile”.
“Hay sectores significativos de los pueblos originarios, particularmente el mapuche, porque otras etnias no he escuchado que hagan esto, que quieren formar un Estado, incluso con contactos internacionales”, asevera, y cita una cadena que llega hasta Inglaterra.
En ese punto, se nota una coincidencia con el líder del NOS, Juan José Gómez Centurión, quien en su reciente visita a Bariloche mencionó la existencia de “organizaciones armadas en estudios jurídicos británicos”, en una situación que, decía, ya venía desde la década del noventa.
Gómez Centurión hablaba de agrupaciones gemelas a uno y otro lado de la cordillera, que responden a un diagramado originado en Europa.
“Este es un conflicto de carácter internacional donde el gobierno nacional tiene que recuperar su soberanía”, afirmaba, y recalcaba que se trataba de una cuestión de geopolítica.
Esa posición, acerca de un financiamiento exterior tendiente a un resquebrajamiento interno, abona la teoría de que organizaciones europeas (en especial, una radicada en Bristol, Reino Unido) apoyan a agrupaciones radicales mapuches en el sur de América.
Como se observa, de acuerdo al método escogido por Pascuali para analizar la temática, basado en la teoría económica de juegos, que, tal como él mismo aprecia, “más allá del nombre, se especializa en el análisis de situaciones conflictivas”, el ingreso de jugadores no parece tener fin.