2022-09-14

CIERRE DEL 2° FORO CONSENSO BARILOCHE

Kovadloff habló de "la prosperidad de la violencia"

Lo del filósofo y escritor Santiago Kovadloff en el hotel Cacique Inacayal, en el marco del 2° Foro Consenso Bariloche, fue mucho más que una disertación, una exposición o como quieran llamarlo.

Ni siquiera podría decirse que fue una clase magistral, a menos que a uno se le venga a la cabeza un profesor que, en su sapiencia, no se muestre distante, sino como un tipo que analiza, saca conclusiones, y espera que quien está del otro lado se vaya con ganas de pensar, de razonar sobre el momento vivido.

Por un instante, olvídense de ideologías (más allá de que el orador claramente se posiciona en contra del kirchnerismo), de los peros que puedan tener los que no ven con buenos ojos al espacio Consenso Bariloche.

Se sabe que en el marco actual de la Argentina, la grieta a veces nubla la mente.

Si quienes están en desacuerdo con los organizadores del foro no aceptan ver más allá de las diferencias, pueden no advertir que el cierre estuvo a cargo de un caballero que habla como escribe, es decir, muy bien.

Durante la jornada, llamó la atención verlo sentado atrás, tomando notas acerca de lo que exponían los demás participantes –varios de ellos no estuvieron en el lugar, sino que disertaron vía Zoom-, para, en el final, brindar sus fundadas conclusiones.

Su ponencia comenzó demorada con respecto al horario pautado, porque, como suele pasar cuando hay varios participantes, el encadenamiento de exposiciones, que se estiran y duran más de lo previsto, da paso a un atraso para el último que le toca en suerte.

Así, en vez de a las 16.30, Kovadloff "pasó al frente” a las 18.

Si alguien pretendía un ataque acérrimo contra los mapuches, se había equivocado de dirección.

En el salón Tehuelche del hotel ubicado en Juan Manuel de Rosas 625, lo que hubo fueron palabras lúcidas sobre la situación que se observa en el mundo actual, donde reina la incomunicación, y existió, eso sí, una condena clara a la violencia, al mismo tiempo que dardos verbales contra el kirchnerismo.

“Lo característico de una posición esperanzada es encontrarle un lapsus al sistema, poder advertir, en un panorama que parece inequívoco, equivocidades que permiten entender que no todo es igual, que hay indicios de que las cosas pueden ser distintas”, dijo Kovadloff.

“Este posicionamiento, naturalmente, es más amigo de lo complejo que las simplificaciones propias del optimismo o el pesimismo”, apreció, para luego señalar: “No es un rasgo fácil de conquistar, requiere no solo sensibilidad, sino también educación, apego a posiciones no inamovibles, propensión a lo complejo”.

Así, consideró que no solo no se trataba de una característica distintiva de la sociedad argentina contemporánea, sino tampoco del mundo en general.

“Creo que es importante empezar por comprender que la turbulencia, la incertidumbre, la pregunta en torno a la viabilidad del porvenir, es hoy una pregunta extendida a todo el planeta”, señaló el escritor.

En tal sentido, expuso que lo que se había escuchado en el foro, precisamente, apuntaba “a las dificultades de la interlocución”.

“Privilegiamos el monólogo, el yo sobre el nosotros”, sostuvo sobre la problemática planteada.

Ante un posible “pero” en torno a si tales consideraciones respondían a cuestiones filosóficas, como si fuera algo peyorativo, Kovadloff contrapuso un fundamento rotundo: “La filosofía se ocupa de la vida cotidiana, no es una abstracción. Describe dilemas vivientes, y me parece importante tenerlo en cuenta. ¿Cuál es el porvenir del planeta? ¿Cuál es el porvenir de las democracias occidentales, en este momento de auge de los populismos y crisis institucionales que abarcan no solo a los países llamados subdesarrollados, sino a los que se consideran centrales? ¿En qué momento de la historia estamos? Todos hemos asociado siempre la decadencia de las civilizaciones al pasado, a cosas que ocurrían antes: Roma decayó, Grecia también, la Edad Media se extravió, la modernidad empezó y tuvo su crisis… ¿Y nosotros? Es bueno preguntárselo”.

De esa manera, dijo: “Ser esperanzado implica sobre todo tener un buen diagnóstico de aquello que desafía nuestro discernimiento, porque la costumbre y el prejuicio suelen opacar el discernimiento de la realidad”.

Sobre lo que se había disertado en la jornada, resaltó la complejidad de la cuestión, a la que calificó como un tema “inquietante”.

“Hay algo que está siendo desoído, que es la preeminencia de la ley sobre el poder, sobre la ideología, sobre el fanatismo”, reflexionó.

“Hemos escuchado muchos rasgos que permiten hablar de la prosperidad de la violencia, de lo bien que le va en el mundo en el cual vivimos y en el país en el que estamos”, manifestó, y desarrolló: “Para que la violencia prospere, hay algo esencial que tiene que ocurrir: la negación del otro”.

“La violencia es la expresión de una posición fanática, persuadida de que al otro no le queda otro porvenir que la aniquilación”, remarcó.

“Hay una dimensión estructural en el conflicto que hoy fue retratado, y otra más coyuntural. Pero creo que es importante que hablemos de política, porque el problema específico que aquí se está viviendo es un síntoma hermanado a otros que el país presenta, que muestran qué honda es la crisis política de la Argentina”, aseguró.

De esa forma, expuso que, sin la resolución de la crisis estructural, los distintos problemas que se aprecian en el país no se solucionarán.

En ese punto, arremetió contra el kirchnerismo, aunque de un modo “elegante”, sin caer en insultos ni discursos baratos de salón. “Las elecciones de 2023 no son normales, diría que tienen un rasgo patológico. Una elección normal es la que se lleva a cabo mediante la confrontación de fuerzas de distinta orientación dentro de un mismo sistema, es decir, que aspiran a sostener el sistema con los matices propios de una perspectiva determinada en relación a otra. Pero no va a ser así. Lo que se va a producir el año próximo es la confrontación de dos concepciones distintas de la organización política de la Argentina. Una, populista, anticonstitucionalista, antijudicial, que hace descansar en el estatismo macrocefálico, en el dominio del Estado y del Ejecutivo por parte de un partido, y de ese partido por parte de una líder autocrática, la concepción del porvenir argentino. La otra, tenue, vacilante desde muchos aspectos, incluso frágil, es republicana, aspira a afianzar el sistema republicano en la Argentina, reconoce a la Constitución Nacional como elemento vertebrador de la organización social y política del país, entiende que deben existir tres poderes y que la interdependencia entre ellos lucha contra la jibarización de dos de ellos por parte de uno solo”, expresó.

“No hay duda alguna de que la violencia está alimentada desde el poder, de muchas maneras. A través de la ideología que se difunde en la educación, donde la consigna primordial es: ‘Somos la certeza’”, indicó.

“Estamos enfermos de omnipotencia desde el punto de vista de la gestión que primordialmente se está llevando a cabo desde el oficialismo”, afirmó.

En esa reflexión, incluyó la existencia de una falta de tolerancia para el adversario, totalitarismo y violencia.

“Si solo importa acumular poder, desaparece el sentido de la convivencia, democráticamente entendido… De eso está enfermo nuestro país, y de eso se habló acá”, sostuvo.

“Tenemos un proyecto de Nación, que hay que realizar, pero, a través de la segmentación, se destruye. Y la segmentación es la violencia reivindicada, la fragmentación ideológica, el desprecio del prójimo, la concentración del poder económico en el Estado y en corporaciones que no tienen un proyecto de Nación”, opinó.

“El riesgo es durar, en vez de existir”, distinguió.

Los aplausos fueron muchos. Sin embargo, tras el modo en que Kovadloff había hablado, casi utilizando las palabras como un hipnotizador, daban ganas de que el batir de palmas se multiplicara.

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