ACUERDO PARCIAL DE JUICIO ABREVIADO
Admitió haber asesinado a Rodrigo Navarro pero discutirán la pena
Juan Pablo Vera aceptó su culpa en un acuerdo parcial de juicio abreviado, pero por la pena en expectativa que le corresponderá no pudo acordarla en el marco del abreviado. Así la misma se definirá en el marco de un juicio de cesura convencional.
Vera, de 39 años, aceptó haber cometido el brutal crimen de Rodrigo Navarro, mientras gozaba de prisión domiciliaria en el marco del cumplimiento de varias condenas previas que habían sido unificadas en 16 años de prisión. Los jueces, Marcelo Álvarez Melinger, Marcos Burgos y Gregor Joos, aceptaron el acuerdo y lo declararon culpable por el homicidio.
El homicidio ocurrió en diciembre del 2020. Juan Pablo Vera acumulaba condenas y le aplicaron una pena única de dieciséis años. Pero por su estado de salud, obtuvo el beneficio de la prisión domiciliaria y otra vez transgredió las condiciones de cumplimiento para delinquir.
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Se desprende de la investigación por el crimen de Rodrigo Navarro, que encabeza la fiscal Betiana Cendón, que al menos en las horas previas se quitó el dispositivo electrónico de monitoreo y lo dejó dentro de su domicilio. Así, pudo concretar sus fechorías sin que los organismos de control detecten alguna anomalía.
Vale recordar que en el año 2000, cuando Vera era apenas un adolescente y permanecía alojado en el instituto roquense El Maruchito, donde se albergaba a menores en conflicto con la ley, escapó de los controles y ya en Bariloche, protagonizó un violento asalto armado al comercio Casa Lucas, ubicado en calle Santa Cruz, a pocos metros de Elordi. Tras una rápida intervención policial, Vera se vio acorralado y se trabó en un duro enfrentamiento armado con los uniformados que lo perseguían. Resultó herido de gravedad y sufrió secuelas permanentes que lo dejaron en silla de ruedas de por vida.
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Según la investigación que despliega Cendón, Vera procuró embriagar al fallecido desde horas de la madrugada del día del hecho, con el propósito de disminuir su capacidad. Y repitió una maniobra que ya se acreditó en otros expedientes: sin dañar el dispositivo de monitoreo de su prisión domiciliaria, se lo quitó y salió de la vivienda a concretar sus planes.

Tras largas horas de bebidas, visitas a otros domicilios y trámites bancarios, golpeó a la víctima en la cabeza, abdomen derecho, tórax izquierdo, ambos miembros inferiores, en la cara y en la frente, provocándole diversos traumatismos. Todo sucedió en un espacio temporal cercano o simultáneo a la muerte, ocasionada mediante dos disparos en la cabeza, efectuados desde atrás y a poca distancia, con un arma de fuego presumiblemente calibre 38.
Para intentar ocultar el hecho, Vera convocó a dos personas que ya fueron condenadas por encubrimiento. Janet Lagos Ruíz (tres años de prisión en suspenso) y Martín Páez (cuatro años y seis meses de prisión efectiva). Utilizaron un par de guantes amarillos para procurar tapar la cámara de seguridad ubicada en la vivienda de Vera, maniobraron con el vehículo del fallecido para acercarlo hasta la puerta del domicilio, estacionarlo de culata y, con ayuda de los otros involucrados, cargar el cadáver y luego descartarlo al arrojarlo por un barranco cercano al domicilio, al tiempo que limpiaron la escena del crimen, baldeando el interior de la vivienda y procuraron destruir evidencia objetiva que podría permitir vincularlos.