Ola polar: cómo evitar intoxicaciones con monóxido de carbono
Aunque por calendario aún no llegó el invierno, las bajas temperaturas que trajo la ola polar en todo el país nos hizo prender las estufas, calefactores, caloventores o la calefacción a leña o carbón, según sea el caso en nuestras viviendas.
Las estufas, calefacción a leña o a carbón pueden resultar ser un peligro muchas veces. La intoxicación por monóxido de carbono constituye una de las principales causas de muerte por envenenamiento para todas las edades, tanto para nuestro país como en el mundo.
La razón es que es un gas muy tóxico, inclusive se lo llama "asesino invisible" porque debido a sus características resulta difícil de detectar. El monóxido de carbono es incoloro, inodoro, insípido y no irrita los ojos ni la nariz.
La gran mayoría de estos casos son evitables y para ello pueden utilizarse detectores de monóxido de carbono. Estos artefactos son tan pequeños como los censores de las alarmas. En internet, hay una amplia oferta que va desde los $2.000 hasta $18.000 y pueden ser a pila o con enchufe.
Las intoxicaciones con este gas suelen ser más comunes en épocas frías porque suelen cerrarse puertas y ventanas y aumenta el uso de todo tipo de calefactores, termotanques, calderas, estufas, braseros, cocinas, anafes, entre otros.
Las recomendaciones con este tipo de artefactos son: mantener los ambientes bien ventilados, en el caso de encender braseros no hacerlo dentro de la casa y no irse a dormir con las llamas prendidas y no usar el horno y hornallas de la cocina para calefaccionar el ambiente.
Las concentraciones altas de monóxido de carbono provocan dolor de cabeza, náuseas y vómitos, mareos, debilidad general y pérdida del conocimiento.
Síntomas de intoxicación
En las primeras fases de la intoxicación podemos observar: cefaleas, siendo común el sentir las palpitaciones en las sienes; náuseas y vómitos; y olor extraño en el aliento.
En tanto, si la exposición al monóxido de carbono se prolonga en el tiempo, se siente debilidad e incluso parálisis de los miembros inferiores. Somnolencia, con frecuencia la víctima bosteza mucho como reflejo del cuerpo para suplir la falta de oxígeno. Pérdida de visión y audición (pitidos y zumbidos). Dificultad al respirar, como si faltase el aliento.
En las últimas fases de la intoxicación: pérdida de los reflejos y la conciencia. Puede haber convulsiones, pupilas dilatadas, respiración muy debilitada y la piel puede adquirir una tonalidad azul, especialmente se observa en labios y uñas.