2022-05-25

25 DE MAYO

Un miércoles con mucho de domingo… y pocas banderas

Durante la tarde del miércoles, caminar la calle Mitre, arteria principal del centro barilochense, dejaba cierta sensación de estar en domingo.

Era obvio que al tratarse de un feriado inamovible, y caer entresemana, esta vez, el 25 de Mayo no iba a traducirse en un aluvión de turistas. Pero, aun así, la escena mostraba una escenografía incluso más despoblada de lo en principio imaginable.

Salvo las chocolaterías y algún que otro negocio de ropa –y varios de los locales gastronómicos–, los comerciantes optaron, en su mayoría, por hacer horario cortado, o bien abrir sólo de mañana o de tarde.

Y aquellos comercios que tenían sus puertas abiertas tampoco tuvieron gran movimiento.

Incluso los sitios dedicados a la venta de chocolate no contaban con demasiados clientes.

Además, como la celebración patria no se tradujo en un fin de semana largo, tampoco abundaron expresiones artísticas callejeras ni una oferta cuantiosa de artesanías en la vía pública.

En la zona del banco Nación, por ejemplo, se veía a un caricaturista y un pintor; a pocos metros, una mujer con su hija, vendiendo sahumerios; enfrente, un artesano con una pequeña mesa con anillos y pulseras… Y nada más.

Quizá los barilochenses optaron por “guardarse” para el atardecer y la noche, ya que comenzaba el Festival de Música Internacional Bariloche, y todas las propuestas, que comenzaban a las 19, estaban con entradas agotadas.

Más allá del paisaje dominguero, hubo algo que llamó la atención. Este año, fueron pocos los comercios que embanderaron sus vidrieras.

La celeste y blanca se observaba en una par de locales de ropa, en un kiosco que la colocó afuera, flameando, y no mucho más.

Y lo mismo sucedió con las viviendas.

En fechas patrias, suele ocurrir, en el centro y alrededores, que, al mirar hacia arriba, en los edificios destaquen las banderas en las ventanas, ya sea del lado de adentro o bien colgando hacia el exterior.

Pero, esta vez, eso tampoco sucedió.

En las edificaciones de Mitre, el cronista buscó, pero no encontró colores patrios en los ventanales de los departamentos.

En las calles paralelas, alguna bandera se veía, aunque tampoco demasiadas. 

Quizá por eso llamaban la atención. Por ejemplo, donde las O’Connor se cruzan, en la esquina más alta de un edificio, había una insignia que, ante la escasez de tonos argentinos, destacaba particularmente.

A una cuadra, unos pocos chicos acompañados de sus padres disfrutaban la tarde de feriado en la plaza de la Catedral. Y, en ese caso, que no hubiera demasiados niños se entendía por el clima, ya que si bien el sol intentaba desmentirlo, lo cierto es que el frío imperaba.

En definitiva, la tarde del 25 de Mayo, en el centro, pasó sin gran cantidad de gente, con pocas banderas y la necesidad de abrigarse.

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