ENTRE RISAS Y LÁGRIMAS
La distinción a antiguos pobladores, una ceremonia cargada de afecto en un nuevo aniversario de Bariloche
En un acto enmarcado dentro del cumpleaños ciento veinte de la ciudad, se realizó un reconocimiento a antiguos pobladores de Bariloche en la Escuela N° 273, ubicada en Palacios 876.
El acto sirvió para comprender ese sentimiento identitario tan particular que tienen los nativos y aquellos que desde hace tiempo escogieron como propia a la localidad.
Hay sitios con mucha más edad a cuestas que no causan ese tipo de huella en quienes los habitan.
Existen lugares pujantes de los que, sin embargo, sus lugareños desean partir en busca de nuevos horizontes.
No es que aquí no suceda. Por supuesto que también se aprecian personas que pretenden ir tras un sueño a otro rincón que los cobije.
Pero, mayoritariamente, suele observarse un perfil de vínculo estrecho con Bariloche que, más allá de las protestas diarias (porque el amor no significa la aceptación total de lo que no está bien), termina por predominar.

Está el encanto de la belleza natural, a la que nadie puede ser ajeno, pero el que pisa las calles barilochenses también es conocedor de que, tras la postal, se encuentra la dureza que conlleva vivir en esta geografía bendecida por el dedo de Dios.
El frío que cala en el alma; la nieve que -más allá de su encanto- guarda complicaciones diversas; una especie de concentración en la parte céntrica que, muchas veces, deja afuera a los que residen en aquellos sectores a los que los turistas no llegan -algo así como centralismo y federalismo dentro de la misma ciudad-; los precios que suelen estar pensados para los visitantes, pero dejan afuera a los locales; la falta de posibilidades con las que se lucha a diario….
Como se ve, el supuesto paraíso tiene rasgos que lo bajan a la tierra.
Sin embargo, pese a todo por lo que se reniega –casi siempre con razón–, predomina ese “sentirse barilochense”.
Y la fiesta en honor a los antiguos pobladores, una vez más, lo demostró.

Las más diversas profesiones se conjugaron en la entrega de los reconocimientos.
Un representante barrial, una maestra, un bicicletero, un panadero, una tejedora, una integrante de la Asociación de Recicladores Bariloche (ARB), un luthier, un vendedor de huevos…
Treinta y un nombres.
No todos pudieron asistir. Algunos, por cuestiones de salud, no estuvieron en la ceremonia, aunque su corazón sí. Es el caso, por ejemplo, del matrimonio formado por Ana María Gómez de Mogensen y Jorge Pablo Mogensen.
Pero ya el saberse incluidos en la nómina les procuró un poco a alivio en el espíritu.

La importancia de la ceremonia también se apreció en la cantidad de funcionarios presentes, desde la gobernadora al intendente, pasando por concejales, legisladores provinciales y nacionales.
Todos se sumaron a la propuesta.
La cantante Belén Álvarez dio inicio al acto entonando el Himno Nacional y el de la provincia de Río Negro, acompañada por el tecladista Franco Allende. Luego, la artista regresaría para interpretar Honrar la vida, de Eladia Blázquez, y Gracias a la vida, de Violeta Parra.
“Siempre nos emociona muchísimo reconocer a quienes han forjado la identidad de nuestra ciudad”, apuntó en la presentación la presidenta del Concejo Deliberante, Natalia Almonacid.
El intendente, Gustavo Gennuso, por su parte, remarcó que se llegaba a ese momento conmovedor tras haber transitado otro, en referencia al desfile. “Vamos a llegar a la noche con el corazón un poco apretado por tantas emociones”, señaló, a la vez que destacó que el reconocimiento a los antiguos pobladores se otorga a “personas comunes que han hecho cosas extraordinarias”, y detalló que, en este caso, “lo extraordinario reside en haber dado su vida de trabajo a una ciudad; de esa manera se forma comunidad”.
La gobernadora, Arabela Carreras, en tanto, se mostró conmovida, al borde del llanto. Dirigiéndose a los homenajeados, dijo: “Los veo y a muchos de ustedes los reconozco de mi infancia, en los momentos más alegres y felices de mi vida. Volver a encontrarlos acá es honrar todo lo que hicieron para que nosotros podamos ser lo que somos”.
“Son tiempos particulares, difíciles, pero a ustedes qué les voy a hablar de eso…”, indicó, para luego resaltar que los presentes habían atravesado numerosos momentos complicados para llevar adelante sus vidas. Al respecto, recalcó: “Cuando me encuentro con desafíos que parecen imposibles, y eso pasa muchas veces –créanme–, retorno a Bariloche y me encuentro con ustedes, y con mis raíces, y vuelvo a hallar toda la fuerza, todo lo que necesito para seguir adelante”.

“Desde que nací, los vi luchar, aprendí a luchar, y voy a enseñar a luchar a los que vienen”, concluyó, emocionada.
Y en ese tono se vivió una tarde muy especial, donde las risas se mezclaron con algún que otro llanto por la sensibilidad reinante… Después de todo, así es la vida, con esa mezcla de sensaciones. Y aquellos que fueron distinguidos lo saben mejor que nadie.