2022-04-22

ES PARA TERMINAR SU CASA

Tras vivir una tragedia, una mujer y su hija necesitan ayuda

La muerte de Lucas Caro, el adolescente que fue atropellado a la vera de la avenida Bustillo por un conductor que huyó de la escena sin siquiera mirar atrás, deparó una tristeza generalizada.

El caso tocó el nervio sensible de la sociedad.

Se hicieron marchas y las redes sociales explotaron reclamando justicia.

Obviamente, la familia quedó envuelta en dolor. Luego llegó cierto desahogo con una sentencia firme, la sensación de que, a partir de eso, el muchacho descansaría en paz.

Pero las esquirlas de aquella muerte absurda aún envuelven a mucha gente.

Amigos que lo extrañan, padres, hermanos y abuelos a los que la ausencia les pesa.

Y, también, una mujer y su hija a las que aquella noche de febrero de 2021 en que el hecho ocurrió no se les borrará jamás de la cabeza: la novia de Lucas y Claudia Blasi, madre de la chica.

Cuando la tragedia sucedió, la joven iba de la mano del muchacho; la mamá, detrás. 

Hace unos días, llegó a la redacción del diario El Cordillerano la información de que ellas estaban pasando por una situación complicada.

Más allá del pesar, de las dificultades para enfrentar la vida (a la joven se le hace imposible estar sola; la madre trata de no salir, porque cuando ve un auto cree que se le tirará encima), los datos hablaban de un momento económico complicado, y la necesidad de terminar de construir una casita para contar con un sitio propio para vivir.

El que se comunicó con El Cordillerano fue un allegado que intentaba dar una mano y pretendía que la información de difundiera como una manera de ayudar.

El cronista, que siguió de cerca lo que se vivió en torno al episodio trágico, llamó a Claudia.

La mujer confirmó la situación, pero pidió que, por favor, no se divulgara. El amigo había expuesto lo que pasaba sin consultarle, y ella no quería que la cuestión saliera a la luz, por temor a que se creyera que pretendía lucrar con lo sucedido.

Así, contó que vendía prepizzas, y que su hija trabajaba los fines de semana.

La elaboración de las pizzas sucede en la casa de su madre, donde están parando, y de esa manera no deja sola a su hija, quien, por otra parte, cuando va al sitio donde se desempeña lo hace acompañada de una amiga, a causa del temor que aún la envuelve.

Ambas van a terapia, cosa que, dada su situación, les es imprescindible.

Entre el dinero que invierten en eso, y el pago de algunos servicios para colaborar en el hogar, la plata que ganan se esfuma.

Tras la negativa a que su situación se difundiera, obviamente, se respetó su palabra.

Pero, días después, en otra conversación, Claudia confesó que creía en aquello que se conoce como “cadena de favores”, y reiteró que su miedo radicaba en que se pensara que pretendía lucrar con la desgracia, porque no quería que ni siquiera se sospechara algo así. “Sería ofender la memoria de Lucas”, afirmó.

En esa charla, el cronista manifestó que, a su entender, no tenía nada de malo exponer que, tras los sucedido, estaba pasando por una realidad complicada, donde, al dolor por la pérdida (para ella, Lucas era prácticamente un hijo), se le añadía un contexto económico complicado.

Claudia tomó en cuenta las palabras del periodista.

–¿Estás seguro de que no se va a tomar a mal? –preguntó Claudia.

–Yo no veo nada de malo, al contrario, creo que mucha gente puede sentirse bien por ayudar…

–Bueno, publicalo. 

Así que, por favor, que nadie sostenga que Claudia pretendió hacer uso de la desdicha. No fue ella quien se comunicó con El Cordillerano, y, en un primer momento, al ser consultada, su reacción fue pedir que no se expusiera aquello por lo que transitaba.

El que insistió fue el periodista, precisamente, porque comprendió que Claudia no deseaba especular con lo sucedido.

De esa manera, la mujer narró que sus padres, el año pasado, le cedieron una parte de su terreno, para que construyera.

“Tengo techos y paredes, pero no puedo habitar la casa, ya que no dispongo de aberturas ni instalaciones”, explicó.

Su papá falleció en enero, y ahora están junto a la madre de Claudia. “Ella necesita hacer su duelo tranquila”, suspiró, mientras observaba, a un lado, su vivienda a medio construir, sin poder estar ahí.

Junto a su hija duermen en una pequeña habitación, una de ellas con un colchón en el piso.

“Comprendo que muchas personas están en situaciones peores, pero también sé que preciso que se entienda la mía”, señaló Claudia, quien siempre intenta hacer gala de discreción (por ejemplo, cuando fue lo de Lucas solo habló con la prensa al advertir que serviría para que el caso fuera tomado en cuenta en pos de que se hiciera justicia).

Ella aguarda que esa “cadena de favores” en la que cree arranque, y pueda hacer que la rueda gire, porque en la actualidad se siente estancada, sin posibilidad de realizar mucho más de lo que hace, con la impresión de estar nadando en el lodo.

“Quizá si alguien construyó y le sobró algo… Lo mínimo es máximo para nosotras”, apuntó.

“Necesito ayuda para poder terminar aunque sea una parte de la casa y así obtener un espacio de sanación para nosotras”, añadió.

Quien tenga algo para colaborar y desee comunicarse con Claudia puede hacerlo, por WhatsApp, al +54 9 294 448-4387, o bien escribir a su dirección de correo electrónico: claublasi@hotmail.com.

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