2022-04-14

TATUAJES EN EL ALMA

Entrevista a fondo con Sergio Maldonado: “Al pasar el tiempo, nos alejamos de la verdad”

Existen muertos que se niegan a callar.

Vaya a saber por qué… Si sus razones son válidas o no, pero lo innegable es que hay difuntos que insisten en hablar.

Santiago Maldonado es uno de ellos.

Vocifera a través de banderas, panfletos, remeras…

Su caso es complejo.

Quizá sea por el enigma que trasciende desde su imagen más difundida… Hay algo de Cristo en esa foto que no cesa de reproducirse, con un aura de cierta paz que el hombre retratado irradia, pero, también, según cómo se lo mire -y no hay por qué negarlo, aunque resulte incorrecto decirlo- el rostro contiene algo del siniestro Charles Manson, el tristemente célebre asesino de Hollywood, aunque sin la mirada desquiciada.

Más allá de que les pese a unos u otros, lo más probable es que el muchacho en cuestión no tuviera rasgos de santidad ni mucho menos de homicida.

Quizá, simplemente, haya sido un hombre más -y la expresión no pretende ser peyorativa.

Con sus particularidades, pero solo una persona.

El asunto es que, en su calidad de tal, persiste en vociferar.

Y esos gritos, que llegan desde quién sabe dónde, piden una cosa: claridad.

Que se sepa la razón por la cual su voz –aunque con dificultad– se descifra, pero ya no se escucha. 

Santiago nació el 25 de julio de 1989 en 25 de Mayo, Provincia de Buenos Aires; el 1° de agosto de 2017 desapareció tras haber participado de un reclamo de la Pu Lof en Resistencia de Cushamen, en Chubut, que tuvo como eco el accionar de Gendarmería.

Su cadáver fue hallado el 17 de octubre de ese año, en el río Chubut.

En medio, una búsqueda que mantuvo en vilo a gran parte del país.

¿Certezas?, pocas; ¿dudas?, muchas.

Luego, está la utilización política -innegable- que se le ha dado al caso, pero eso no quita la necesidad de un esclarecimiento rotundo, sin tantas sombras.

"Los dinosaurios van a desaparecer", parte de una letra de Charly García.

Y Santiago, entre los modos que tiene de "hablar", se manifiesta en la piel de su hermano Sergio, quien así se presenta: “Nací el 13 de mayo de 1973, nos llevábamos dieciséis años; desde 1999, vivo en Bariloche”.

El hermano del medio, Germán, en la actualidad tiene cuarenta y tres años.

Enrique, el papá, llegó al mundo en 1944; la mamá, Stella, en tanto, el 8 de marzo, en coincidencia con el Día Internacional de la Mujer, cumplió setenta.

En cuanto a Sergio, si se dijo que su piel habla del hermano fallecido, en parte es metáfora, pero tiene bastante de cierto.

Muchos de los tatuajes que cubren su epidermis se relacionan con Santiago.

Precisamente, en su brazo izquierdo, destaca el rostro de su hermano, en un trabajo hecho por un tatuador de Buenos Aires que era su amigo. También se observa una gran representación de la Justicia, en este caso realizada por un allegado de Chile.

Santiago, según cuenta Sergio, era una especie de trotamundos.

En determinada época del año, dejaba su 25 de Mayo natal y rumbeaba para diferentes puntos. Alguna vez, el destino fue Uruguay; varias, Chile; y el fatídico agosto de 2017 lo encontró en la Patagonia argentina, desde donde solo regresaría muerto.

Tal vez no sea aventurado indicar, de acuerdo a lo que trasciende de una extensa conversación con Sergio, que Santiago era un anarquista de alma exploradora que, durante sus viajes, solía recurrir al trueque para subsistir, y, por ejemplo, ofrecía tatuajes a cambio de alojamiento.

Detalle del brazo derecho de Sergio; el tatuaje lo hizo Santiago.

Y, como tatuador, también dejó varias “marcas” en Sergio, ya que trazó sobre él diversos diseños.

Así como sucedía cuando llegaba la noche con “el hombre ilustrado”, aquel personaje que hace más de setenta años delineó el escritor Ray Bradbury en el célebre libro del mismo título, durante la charla, los dibujos que cubren el cuerpo de Sergio toman vida, hablan, discuten, chocan y se amigan, tratando de descifrar el hilo principal de un ovillo enredado que, al pasar el tiempo, resulta más complicado de desenmarañar.

–De la familia, el que más se involucró con la causa, por lo menos a la vista de la sociedad, fuiste vos…

–Sí… En realidad, el primero que acudió a una marcha en Buenos Aires, que se realizó el 7 de agosto de 2017, en Congreso, fue mi hermano Germán. Yo ese día estaba en una manifestación en Bariloche. Después, como me encontraba cerca de Esquel, me hice cargo. Además, en un momento, decidí decir: “Yo me involucro”, porque lo veía a mi hermano más sensible, y la cuestión le hacía mal; él había compartido más años con Santiago.

–¿Por una cuestión de edad?

–Sí, él tenía otro apego. Y yo, al ser el mayor, me agarró una parte “paterna” de decir: “Me hago cargo, porque soy el más grande”. No sé si estuvo bien o no. Germán coincidió, y dejó que siguiera yo, así que fue de común acuerdo.

–¿Y tus padres? ¿Dejaron todo en tus manos?

–Ellos se sentían confiados. Cuando estuvimos aquellos setenta y ocho días buscando a Santiago, los llamaba todos los días y les hacía una especie de reporte de lo que sucedía. Delegaron todo en lo que yo hacía.

–¿Cómo se encuentran tus papás en la actualidad?

–Están recontra dolidos, quebrados, mal… 

–El paso del tiempo no menguó el dolor…

–Al contrario… Y si a todo le sumás la pandemia, peor. Mi viejo ya venía con problemas de salud, y mi vieja, antes de que sucediera lo de Santiago, se había jubilado, así que, al no tener una actividad, se queda en la casa… Hubo una conjunción de cosas donde el paso del tiempo creó más dolor. Aparte, empiezan a ver que, judicialmente, no pasa nada; y políticamente, tampoco… Es una causa estancada.

–Según tu opinión, ¿está paralizada desde lo judicial o por una decisión política?

–En realidad, por las dos cosas. Aunque hay que separar. Es un tipo complejo de causas… Y, en general, no considero que la política deba involucrarse en la parte judicial. 

–Por la división de poderes, obviamente…

–Claro, pero eso sí ocurrió durante el macrismo. Está comprobado, a partir de Darío Nieto (legislador porteño que fue secretario privado de Mauricio Macri; en el marco de la causa por presunto espionaje ilegal durante el gobierno de Cambiemos, se le secuestró un celular con información “picante”), que tenían injerencia sobre el juez Gustavo Lleral (quien estuvo a cargo de la causa de Santiago). De hecho, Pablo Nocetti, que era la mano derecha de Patricia Bullrich, tenía interacción con el primer juez, Guido Otranto. O sea que el macrismo intervino directamente con lo vinculado a la justicia; yo no pretendo eso del gobierno actual, pero sí una voluntad política para que actúe con un grupo de expertos independientes. Y esa es una cuestión que es aparte de lo que tiene que ver con el Poder Judicial… Porque si el juez no te acepta que se presenten pericias, ni pedidos de ampliación de la autopsia, ni nada de lo que solicitamos, y lo que hizo fue dormir la causa durante un año, el Estado, al menos, tiene que garantizarnos el derecho a la verdad, y eso estoy seguro de que puede hacerse a través de la conformación de un grupo de expertos independientes. De hecho, nosotros armamos uno, con gente de México, Chile y Colombia, con el que se avanzó en una etapa y se hicieron informes donde se dice, por ejemplo, que, junto al bastón que tenía Santiago, una especie de tonfa, había ADN de, al menos, otra persona de sexo masculino, ¿y eso no llamó la atención del juez?

–¿Ese dato hablaría de la existencia de un atacante o de alguien desaparecido…?

–De otra persona que tocó eso. Podría ser cualquier hombre, pero el juez no avanzó. Cuando dicen “cincuenta y cinco peritos dijeron…”, se trata de una mentira. En la autopsia, actuaron veintiséis, de los cuales solo dos estuvieron alrededor del cuerpo. Hay que considerar que las cosas delirantes que salen son las que después se repiten públicamente… Como aquello de que todos los peritos eran de la parte de Santiago… Nosotros pusimos uno solo, que no estaba preparado para el tema. Era un antropólogo que, en realidad, colaboraba en la búsqueda de mi hermano. Cuando la cuestión nos tomó de imprevisto, se hizo la autopsia y esta persona tenía indicaciones de no firmar nada, y lo único que hizo fue rubricar que se hacía en las condiciones garantizadas… Lo que salió de ahí es que la causa de muerte fue ahogamiento con ayuda de hipotermia, no que el cuerpo estuvo setenta y ocho días en el lugar, ni que se ahogó solo, como instalaron. Tampoco se garantiza en qué fecha murió. Según un peritaje, pudo haber estado treinta días en el agua; de acuerdo a otro, cincuenta y tres; y un tercero creo que hablaba de cincuenta y ocho… En ningún momento se sostiene que estuvo setenta y ocho días en el agua. De hecho, a los dieciséis se va el cuero cabelludo y las huellas digitales, pero Santiago tenía todo, además de polen, que, por la época, no coincide con la cantidad de jornadas de las que hablan. Cuando pedimos que se analizara por qué tenía signos de crioconservación, rechazaron la solicitud. Incluso presentamos un informe de una investigadora del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), Sara Maldonado –que luego falleció–, acerca de la crioconservación, pero tampoco se aceptó… Lo que hizo el juez fue poner un plástico en el agua –en vez del DNI original, porque él mismo había roto la cadena de custodia de esa documentación– y luego dijo que, como a los setenta y ocho días eso estaba intacto, el cuerpo también había permanecido ahí ese tiempo sin deteriorarse. Cerró la causa afirmando que la Gendarmería no tenía nada que ver. Eso en primera instancia, después fuimos apelando, y la causa sigue…

–Puntualmente, ¿cuál es el estado de la causa?

–Está abierta, pero paralizada en la Corte Suprema desde marzo de 2020. A todo esto, aclaro que los peritos solo dijeron la causa de muerte, no que el 1° de agosto de 2017 hubo una represión en la que participaron gendarmes, ni que el cuerpo apareció en un lugar que había sido rastrillado tres veces… No estamos hablando del mar, ni de un lago de las dimensiones del Nahuel Huapi, es un sitio (en el río Chubut) de unos diez por diez…

–¿Metros?

–Sí… Y, en cuanto a la profundidad, cuando apareció el cuerpo, a un buzo le daba en la rodilla, al otro en el tobillo… Es mentira que estaba a más de dos metros, eso no figura en ningún lado. Al mirar las imágenes, se ve que el que lo saca tiene el agua a la altura del pecho.

–Cuando lo encontraron, ¿estabas ahí?

–Sí.

–¿Te tocó reconocerlo?

–En ese momento, no quise hacerlo por una sugerencia del juez. Yo estaba medio shockeado… Queríamos que se preservaran las prendas y todo lo demás para que se analizaran, pero nunca se hizo nada… Deseábamos que se realizara todo en Buenos Aires, con los recaudos necesarios, porque en Esquel no estaban las cosas dispuestas para llevar adelante la autopsia. El juez dijo que se podía hacer en Buenos Aires, con los cuidados debidos… Obviamente, aquello tenía que ver con una estrategia… Eso fue un martes, el 17 de octubre, y todo había sido preparado, porque, a nosotros, el viernes 13 nos avisaron que lo iban a ir a buscar en esa fecha, pero que no dijéramos nada…

–Y el cuerpo, entonces, ¿cómo se reconoció?

–Quedó primero en Esquel, y el avión sanitario viajó recién el jueves; en Buenos Aires, el viernes se hizo la autopsia, que, “por casualidad”, terminó a las cinco de la tarde y una hora después salió el juez para contar que el cuerpo no presentaba signos de violencia; y así, “todos contentos”… El domingo fueron las elecciones y Elisa Carrió sacó el cincuenta y un por ciento de votos en la Ciudad de Buenos Aires (en las elecciones legislativas).

–Pero, a lo que iba es si, en Buenos Aires, ¿te tocó a vos reconocer que era Santiago?

–Sí, yo quería ir con mi hermano, así que fui con él, mi cuñada y mi compañera, Andrea. Estuvimos junto a mi abogada. Mi vieja no quiso ir… El cuerpo estaba intacto. Hay que pensar que, en el lugar donde se lo encontró, hay fauna acuática, y no podría haber soportado estar ahí tanto tiempo de esa forma.

–¿Cómo definirías políticamente a Santiago?

–Era anarquista. Yo lo respeto en cuanto a que se comportaba como decía que había que hacerlo. No es que se quejaba del sistema y vivía de él. Su forma de ser poseía una lógica, que era muy diferente a la mía. Para él, yo era un capitalista burgués –sonríe–. En realidad, teníamos cosas en común, pero con distintas maneras de llevarlas adelante.

–Después de la pérdida de Santiago comenzaste a sentir en carne propia algunas cuestiones dolorosas vinculadas a los demás, ¿verdad?

–Sí, y, además, empecé a entender a Santiago…

–¿Tras su muerte, decís?

–Cuando lo estaba buscando… Me encontré con otro Santiago. Uno era el que mi familia conocía y otro el que se involucraba en distintas cosas. Cuando vi que mucha gente había tenido vínculos con él, fue raro… 

–¿Y la relación con la lof? ¿Tenés idea cómo se dio?

–Yo no tenía conocimiento de eso… El sábado anterior fue a una marcha a Esquel, en apoyo a la liberación de Facundo Jones Huala, y después lo invitaron a ese lugar. Además, el 1° de agosto es el día la Pacha Mama, así que creo que, por su compromiso con la tierra, debe haber sigo algo que le debe haber llamado la atención como para decidirse a ir.

–¿Sabés si conocía a Jones Huala?

–Creo que no… No me dan las fechas para que lo haya conocido, en relación al tiempo que hubo entre que detuvieron a Jones Huala y cuando Santiago se involucró en el tema.

–¿Y vos, luego, hablaste con Jones Huala?

–No. En su momento, yo les reclamaba a los de la comunidad que fueran a declarar, pero no todos lo hacían porque no creen en el Estado y, además, veían que a los que declaraban no los tenían en cuenta para poder avanzar en la búsqueda de la verdad... Por otra parte, Santiago no tenía afecto solo con esa lof mapuche, sino que, por ejemplo, también había estado con los guaraníes en el Norte. No pertenecía a un grupo determinado. Incluso, dentro del anarquismo, cuestionaba un montón de cosas a la gente más grande.

Brazo izquierdo de Sergio: un tatuador amigo de Santiago realizó la figura de la Justicia.

–Concretamente, ¿qué pensás que ocurrió con Santiago?

–Cada día que pasa pueden surgir miles de hipótesis. Lo único que tengo en claro es que hubo una represión ilegal, donde ingresaron cuando no existía necesidad de hacerlo, porque la ruta había sido despejada el día anterior… Santiago desapareció durante setenta y ocho días, y apareció en un lugar donde el Estado había rastrillado tres veces: 5 y 12 de agosto, y 18 de septiembre… Apareció el 17 de octubre con signos de crioconservación. De esa manera, yo aseguro que el cuerpo no permaneció todo el tiempo ahí, porque me lo dijo el Estado, y, además, fui y no estaba.

¿Culpás a la Gendarmería?

–La Gendarmería hizo un operativo; ¿quién desapareció a Santiago?, no lo sé…

–Entonces, de lo que estás seguro, es que el cuerpo no se hallaba en principio ahí…

–Exacto… ¿Qué día murió? Lo desconozco. Ni siquiera se hizo una reconstrucción de lo que pasó el 1° de agosto de 2017, ni se llamó a ciertos testigos a declarar, ni se hizo un apartamiento de los gendarmes que participaron, ni una investigación interna… De pronto, el año pasado, apareció el teléfono de Nieto, que tenía agendado el número de mi vieja desde catorce meses antes de la desaparición de Santiago, entonces te preguntás el porqué: ¿hubo un seguimiento?, ¿algo previo?, ¿se buscó a la persona que iban a desaparecer?, ¿fue todo armado?... Me da para pensar cualquier cantidad de cosas. Lo cierto es que, en el momento en que necesitaban que apareciera, lo hizo, justamente un 17 de octubre…

–Una fecha emblemática…

–Sí, emblemática para un sector que era justamente el que apoyaba la búsqueda de mi hermano… Así, cuando estaban todos los organismos de derechos humanos levantando la bandera de Santiago, salieron a decir: “Se ahogó solo, estuvo acá todo el tiempo”. Fue una construcción que, en parte, con su silencio, es avalada por Alberto Fernández, una persona que no fue capaz de comunicarse con nosotros, hizo silencio, y después tuvo varios desaparecidos durante su gestión, cosa que ocurre a partir de la naturalización que se le dio a la desaparición forzada de Santiago, porque, al no investigar, y dejar todo en la impunidad, se genera que, dentro de las fuerzas de seguridad, se habilite a desaparecer personas.

–Cuando hablás de desapariciones durante la gestión actual, ¿a cuáles te referís?

–Hay varias, como la de Facundo Castro (el joven de Pedro Luro que en 2020 permaneció durante meses desaparecido y fue hallado muerto en el estuario de Bahía Blanca, con sospechas sobre la policía), Luis Espinoza (un hombre de treinta y un años, peón rural desaparecido también en 2020, en Tucumán, tras un operativo policial; su cuerpo apareció cinco días después), Lautaro Rosé (desaparecido tras una intervención de la policía, en Corrientes, durante 2021; su cuerpo apareció en el río Paraná)

–Desde que es presidente, ¿mantuviste contacto con Alberto Fernández?

–Lo único que hice fue mandarle un mensaje cuando, en abril de 2020, dijo que “la Argentina toda” estaba en deuda con la Gendarmería. Lo llamé y no me atendió, así que todo fue vía texto, y nunca supe si me respondió él o alguien en su lugar. Nunca le pedí una reunión, porque entiendo que el que debería hacer algo es él. Todo el entorno que está hoy dentro del gobierno apoyaba la causa, entonces, ¿por qué yo tengo que ir a pedirte algo…? Lo lógico es que, si respaldás los derechos humanos, levantes el teléfono y te involucres diciendo: “Che, ¿qué necesitan?".

–Con el secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla, ¿tuviste conversaciones?

–Hasta hace poco, sí; ya no.

–¿Por qué?

–Porque me parecía que no era bueno tener un contacto cuando, en realidad, no se manifestaba de la manera en que le pedimos que lo hiciera. Cuando era diputado, y Macri era presidente, firmó lo que yo pedía, acerca del pedido del grupo de expertos independientes, y después, estando dentro de la Secretaría de Derechos Humanos, no lo apoyó. No todo es lo judicial… En realidad, si se conformara el grupo de expertos independientes, más allá de que el juez no lo aprobara, se podría llevar adelante igual, desde el Ejecutivo, para avanzar en la búsqueda de la verdad. Después, quedaría un informe; si el juez lo quisiera ver y aceptar es otra cosa, pero nosotros llegaríamos a la verdad.

–Hay mucha gente que piensa que vos, o alguien de la familia Maldonado, percibe dinero del Estado, ¿es verdad o mentira?

–Es falso. Aparte, es ridículo. Cuando estaba Macri, decían que me pagaban doscientos mil pesos por mes… Pasaban los años y supuestamente me seguían pagando… Nadie mostró nunca nada. Yo era responsable inscripto, imaginate que, si me hubiesen entrado doscientos mil pesos de la nada en mi cuenta, la AFIP se hubiese hecho un festival… Además, ojalá hubiese sido verdad, porque eso significaría que hubo un juicio, una culpabilidad, y el Estado tendría que hacer una reparación; pero eso no ocurrió. De hecho, yo le hubiese podido realizar juicio al Estado; todavía no lo hice… Pero no recibo ni recibí ningún dinero. Por otra parte, ¿qué tendría de malo que yo trabajara en el Estado? Los legisladores Waldo Wolff y Fernando Iglesias, que instalaron esa mentira, trabajan en el Estado… En enero salió una campaña que decía que yo recibía doscientos setenta mil pesos como asesor de la Cámara de Diputados, labor que podría hacer, porque me siento capacitado, y, dentro de lo que es desaparición forzada de personas, en estos cuatro años y medio, estudié mucho, y puedo debatirle a cualquiera; incluso, sin serlo, conozco más que los propios abogados.

–¿Creés que alguna vez vas a saber por completo qué pasó con Santiago?

–No lo sé… Al pasar el tiempo, nos alejamos de la verdad, se borran pruebas… Ojalá pueda averiguarse…

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