EL AUTOR DE LA "PIÑA DE LA DIGNIDAD"
Alfredo Chaves: “No me arrepiento de haberlo hecho, por el contrario”
“Una amiga pasó, sacó fotos y me las mandó; ahí me enteré que estaba tirada”, contó Alfredo Chaves, el hombre que en 1995 golpeó al criminal Alfredo Astiz, al referirse a la Piedra de la Dignidad, monumento natural que quedó como recuerdo del hecho.
Sucede que, a partir de las obras que se están realizando a la altura del Monolito, en el kilómetro 1 de Bustillo, habían retirado y volteado aquella roca.
Alfredo señaló que, al verla tirada, sintió “bronca y desazón”.
“Fue una imagen muy ingrata”, expuso, para luego explicar: “No por lo personal, sino porque es un lugar que ha marcado un hito en nuestra ciudad, donde se conmemoran un montón de actos referentes a los derechos humanos. Es un sitio que la propia sociedad que está atenta a la búsqueda de la memoria, la verdad y la justicia, y por el Nunca Más, siempre conservó con mucho afecto”.
“Ya habíamos tenido una desilusión muy grande cuando, en el gobierno del Beto Icare, habían sacado la casilla de colectivo”, señaló.
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Alfredo consideró que aquello había sido innecesario, porque la garita no interfería con las remodelaciones llevadas a cabo en aquel momento.
“El Refugio de la Dignidad, como lo llamábamos, estaba intervenido estéticamente, había unos murales bellísimos que hacían referencia a las Madres de Plaza de Mayo y a la lucha por el Nunca Más”, recordó.
“Por suerte, había quedado esta piedra como un emblema. Los 24 de Marzo, cuando íbamos a repintar los pañuelos de la plaza, también hacíamos lo mismo con la piedra, para que quede conservado el hito”, manifestó, en relación a la inscripción en la roca, donde se lee “Memoria y Dignidad”.
“Ahora, después de que la tiraron, reflexionaron al respecto y la volvieron a colocar”, suspiró Alfredo, y luego añadió: “Evidentemente, eso tuvo que ver con el revuelo que se armó. Ante la indignación de la gente, llamaron desde Vialidad y de todos lados para que la vuelvan a plantar. Está un poco corrida del lugar anterior, por fuera de la traza que van a realizar”.
En los setenta, Chaves militaba en una agrupación del peronismo revolucionario llamada Unión de Estudiantes Secundarios (UES), mientras concurría al colegio Carlos Pellegrini, de Buenos Aires.
Con el golpe de 1976, al saberse perseguido, dejó aquella institución y siguió en otra, alejada de la zona más “caliente” de la época.
“Me fui a un colegio más lejano, en la Provincia de Buenos Aires, donde terminé el secundario; y después hice el servicio militar en Boulogne, pero, dos días antes de que me dieran de baja, me 'chuparon’. Todavía estaba bajo bandera cuando me llevaron al Vesubio (el centro clandestino de detención que estaba ubicado en Aldo Bonzi)”, contó.
Allí estuvo ocho meses. “Me liberaron después de un consejo de guerra que me hicieron, una pantomima que organizaron los militares, que, en realidad, ya sabían el destino de cada uno de nosotros -si nos iban a matar o a liberar-, pero tenían que hacer ese circo para justificar que hubo una especie de juicio”, apuntó.
Cuando salió de allí, aunque suene increíble, lo volvieron a llamar para el servicio militar: “A la semana siguiente, me reincorporaron a la colimba como reservista por el conflicto del Beagle con Chile… O sea que, de un subversivo apátrida, pasé a ser un soldado de la patria, después nuevamente un guerrillero, y luego otra vez un soldado…”.
Alfredo, que nació en Villa Ballester, en febrero de 1979 se instaló en Bariloche. “No me podía quedar en Buenos aires, tuve este exilio interno y acá me quedé, aquí nacieron mis hijos y mis nietos, e hice mi vida”, expresó.
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Con esa historia a cuestas, el 1° de septiembre de 1995, en la garita de colectivos que estaba ubicada en la zona del Monolito, en el kilómetro 1 de Bustillo, mientras conducía su vieja camioneta, vio a Alfredo Astiz.
Bajó del vehículo y lo golpeó.
“No me arrepiento de haberlo hecho, por el contrario”, sostuvo Chaves, un poco más tranquilo al saber que la Piedra de la Dignidad seguirá en pie, y que, incluso, quizá vuelva a erigirse un refugio que la acompañe.