LA HIJA DEL HOMBRE QUE EN 1995 GOLPEÓ A ASTIZ
“Veías la dignidad en los ojos de mi papá y te hacía ser valiente”
Flora Chaves es hija del hombre que el 1° de septiembre de 1995 golpeó al represor Alfredo Astiz en Bariloche.
“En el momento de la piña, yo tenía doce años, y mi hermana catorce”, contó.
“Recuerdo que llegué del colegio y mi papá estaba muy conmocionado, emocionado… Le pregunté qué le pasaba, y me contestó: ‘Me encontré a Astiz y le pegué’”, rememoró Flora.
Así, explicó que, en aquel momento, se dieron un abrazo fuerte, además de resaltar que en esa etapa del país todavía “había mucho miedo e incertidumbre”.
“Eran épocas de menemismo, y era difícil hablar del tema (de la dictadura) y buscar justicia”, sostuvo.
Pero resaltó que también afloró el coraje, y explicó el porqué: “Veías la dignidad en los ojos de mi papá y te hacía ser valiente”.
Justamente, en el sitio donde su padre golpeó al represor, en la zona del Monolito, en el kilómetro 1 de Bustillo, quedó una roca que se tomó como recuerdo de lo que muchos identifican como una acción que nació de un sentimiento de dignidad -cabe recordar que Alfredo Chaves, el papá de Flora, durante la última dictadura había estado detenido en el centro clandestino El Vesubio.
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Recientemente, a partir de las obras que se están realizando en ese sector de Bariloche, la piedra se retiró y apareció a un costado, tirada.
El hecho tomó trascendencia pública, y los operarios, al percatarse de la reacción que el descuido provocó en la comunidad (más alguna “tirada de orejas” de superiores provinciales), levantaron el símbolo y lo pusieron muy cerca de su anterior ubicación, ya que en aquel sitio ya no podrá estar porque por ahí pasará el nuevo trazado asfáltico.
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Antes de saber que la roca se había vuelto a alzar, se había difundido por las redes una convocatoria para músicos que quisieran ir a tocar por la causa.
Así, más allá de que aquel monumento natural había sido acomodado, los shows igualmente se desarrollaron.
“No se pueden sacar los espacios y símbolos que tenemos. En realidad, son pocos, tendría que haber más”, consideró Flora.
“Si se retiran, todo queda en el olvido, porque nadie más habla del tema”, añadió.
Además, reflexionó: “Decidimos volver al lugar del hecho para sembrar memoria, no solo para volver a poner la piedra”.
Y aclaró que el capataz de las obras que se están haciendo en ese sector de Bustillo se acercó para decirles que, al sacar la roca, no habían tenido ninguna mala intención.