ESPERAN PODER TENER UN CONTRATO PERMANENTE
Mano de mujer en el estadio
“Estuvimos en las diversas etapas de la obra, haciendo de todo un poco, ayudando a los muchachos: algo de revoque, hormigonar, pintar… Y limpiamos.”
La que habla es Paola Palma, y la referencia es a la labor desarrollada en el Estadio Municipal de Bariloche José Jalil.
Lee también: Una nota con desvaríos futbolísticos/literarios y la grata aparición de un gato
Ella se desempeña a través de un plan gubernamental, junto a sus compañeras, como, por ejemplo, Inés Cuevas, quien está a su lado.
Paola cuenta que, desde hace siete años, cumple tareas a través de planes similares, y espera con ansia pasar a planta permanente.
Cree que esta vez sí sucederá.
Destaca las labores que se están desarrollando en el lugar, y cree necesario que se mantenga un cuidado de manera estable.
“Esperamos quedarnos, para hacer limpieza y ese tipo de cosas, para que las obras no decaigan”, dice.
Lee también: “Cuando llegamos, todo estaba hecho un desastre”
En tal sentido, cuenta que quienes las dirigen remarcan la labor que realizan: “Nos dicen que la mano de mujer es más detallista que la del hombre, y que sería bueno que nos quedemos”.
Cuando se le consulta con qué se encontró cuando llegó a ese espacio, sonríe y revela: “Hubo que hacer una limpieza a fondo; hasta nuestras ‘amigas’, las lauchitas, andaban por ahí, dando vueltas… Pasaban por nuestros pies…”.
“Con el gato, calculamos que eso ya no va a pasar”, apunta, y la referencia es a “Capataz”, el felino que apareció en el estadio y ya no se fue.

Paola señala que tiene cuarenta y seis años, y que gran parte de las labores que lleva a cabo las aprendió de su marido, que es plomero y gasista.
“Una trata de observar, ver cómo funcionan las cosas, cómo se arreglan”, indica.
Paola confía: “Cuando yo no tenía trabajo, iba con mi esposo, para sacar la casa adelante”.
“Así que, con albañilería, plomería y esas cosas, me defiendo”, añade.
“De esa manera, también aprendés a solucionar los problemas que pueden aparecer en tu casa”, expresa, aunque advierte: “Lo que no me gusta es la electricidad, porque le tengo mucho miedo; el resto, sí”.
Paola conversa mientras desea, por fin, pasar a tener un contrato permanente del municipio.