EL DETRÁS DE LAS OBRAS EN EL ESTADIO MUNICIPAL
Una nota con desvaríos futbolísticos/literarios y la grata aparición de un gato
Una mañana cualquiera, en el Estadio Municipal de Bariloche José Jalil…
En realidad, la mañana no es tan “cualquiera”, porque, en momentos donde los días comienzan a alternarse entre un frío rotundo y los calorcitos que se presentan como últimos estertores veraniegos que le quieren robar unos metros al recién llegado otoño, resulta gratificante que la jornada en cuestión apunte a la última opción.
El sol parece decir: “No se preocupen, que hoy los voy a acompañar”.
Así, el verde del campo de juego brilla impetuoso, mientras un hombre, a bordo de un tractor corta césped, va y viene, en un andar que parece no tener fin, para dejar el espacio en condiciones óptimas.
Un observador casual, desde una grada, alucina con lo que podría pasar si, en determinado momento, aquel cortador de pasto decidiera cambiar su rumbo habitual y comenzara a dar giros y formar figuras sobre el verde; o, incluso, si se le diera por dibujar una especie de laberinto borgeano.
Aunque, en este punto, aquella fantasía iría contra los gustos del célebre escritor.
Jorge Luis Borges decía, por ejemplo, que “el fútbol es popular porque la estupidez es popular”, y también está aquella recordada opinión de que “once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos”.
Curiosamente, apenas unos días después de su fallecimiento (Borges murió el 14 de junio de 1986), un tal Diego Armando Maradona, en el estadio Azteca de México, surcó un laberinto borgeano encarnado por jugadores ingleses y marcó el mejor gol de la historia.
Se puede divagar y pensar que incluso el escritor, aun en su tozudez antifutbolística, sin siquiera verlo, por su casi total ceguera, solo al escuchar el relato de aquel tanto, hubiese reconocido su calidad de obra de arte…
Pero, más allá de este desvarío, estamos en el Estadio Municipal de Bariloche.
Hace unos días se inauguró parte de las obras que buscan darle un nuevo aspecto a un sitio emblema del deporte barilochense.
Hubo dinero aportado por la Municipalidad y también de Nación.
Así, ya hay nuevos vestuarios, y un túnel flamante, además de otras mejoras.
Para la ocasión, acudieron distintos funcionarios, aunque el ministro de Turismo y Deportes, Matías Lammens, involucrado fuertemente con el proyecto, no asistió, debido a que pocos días antes falleció su hermano, Carlos, que había sido dirigente de San Lorenzo.
Ahora bien, aparte de los partidos bautismales, de los actos protocolares y demás parafernalia de ocasión, debe recordarse que detrás de toda la labor (que aún se desarrolla, porque se prevén otros cambios) hay trabajadores.
Por ejemplo, cuadrillas de obreros y mujeres que forman parte de planes gubernamentales.
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Todos se desempeñan al máximo, y nunca pierden el buen humor.
Las tareas son agotadoras, pero no reniegan, y siempre intentan mejorar su quehacer.
Para varios, detrás está el sueño de que la Municipalidad los contrate de modo permanente.
No protestan ante la dureza de la faena, y la sonrisa raramente escapa de sus rostros.
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Así es el panorama que se puede ver una mañana de trabajo en el Estadio Municipal José Jalil.
Además, hay un gato… Sí, un gato.
Volviendo al plano literario, pero, en esta ocasión, a un escritor al que sí le gustaba el fútbol –y mucho–, fanático de San Lorenzo, podemos citar a Osvaldo Soriano, quien amaba a los felinos.
Si alguno aparecía, lo veía como una buena señal.
Y uno asomó en el Estadio Municipal de Bariloche.
Alguna gente que se desempeña en el lugar consultó con vecinos, pero nadie lo identificó como propio.
De esa manera, aunque no se conoce su origen, llegó en el momento justo.
Al empezar las obras, afloraron visitantes no deseadas: lauchas.
El gato se mostró como un gran cazador.
Lo bautizaron “Capataz”.
Y, cuando lo desea, se acomoda en una silla del sitio donde se reúnen los trabajadores en momentos de descanso.
Nadie lo molesta.
Con su desempeño, se ganó el derecho a actuar como amo y señor del lugar.
Además, como decía Osvaldo Soriano, trae buena suerte.