JULIETA LOUSTAU: PANDEMIA, INFLACIÓN, GUERRA EN UCRANIA, FMI, Y MÁS...
Diálogo a solas con la subsecretaria de Industria de la Nación
La subsecretaria de Industria de la Nación, Julieta Loustau, tras recorrer el sector del Parque Productivo, Tecnológico e Industrial de Bariloche, donde se inauguraron las primeras obras, aceptó un mano a mano sin desperdicio en la confitería del hotel Cacique Inacayal.
Julieta Loustau, junto a la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras, durante el recorrido en el Parque Productivo, Tecnológico e Industrial de Bariloche.
–El sector de la industria –hablo en general– fue muy golpeado durante la pandemia. ¿Se llegó a reactivar lo deseado o todavía falta?
–La realidad es que estamos en números récord de actividad de industria. Tuvimos el mejor diciembre en niveles de capacidad industrial de los últimos cinco años; en cuanto al nivel de actividad, fue el mejor desde 2015. Nos encontramos en grados prepandemia. Tenemos más de cuarenta y ocho mil puestos industriales creados desde diciembre de 2019, y eso tiene que ver, en parte, con las más de ciento cincuenta medidas tomadas desde el Ministerio (de Desarrollo Productivo, órbita bajo la cual funciona la Subsecretaría de Industria), y con esta decisión política de tener industria nacional y fomentarla, no solo de sectores tradicionales, sino también todo lo relacionado con la industria de economía del conocimiento, como por ejemplo, la satelital.
–En ese punto, ¿cómo definiría la importancia de INVAP?
–Es una empresa estratégica. No son muchos los países que poseen ese tipo de tecnología, con la capacidad que tiene INVAP, desarrollada a lo largo de tantos años. Este esquema, con la cantidad de investigadores que hay, es un activo particular de Bariloche que es importantísimo seguir y acompañar a través de los diferentes programas que tenemos del Ministerio.
–¿Cómo fue llevar adelante el trabajo en su área durante la etapa inicial, la más complicada, de la pandemia?
–Se trató de un desafío grande. De pronto, en dos meses se frenó todo y hubo que pensar políticas para que la industria pudiera seguir activa. Rápidamente, se acompañó para que armaran los protocolos sanitarios para continuar operando. Se precisó realizar un relevamiento de toda la industria de salud, con los insumos que eran necesarios, desde gasas hasta respiradores, para ampliar las capacidades de abastecimiento del sistema.
–Durante esa etapa, ¿fue difícil conseguir esos insumos?
–No, pero hubo que hacer un trabajo de potenciar a empresas de determinadas actividades; por ejemplo, en que pudieran importar máquinas para hacer barbijos, que ya había, pero no en la cantidad que se necesitaba en ese momento. Se acompañó con créditos y financiamiento, y también estaba el tema de disminuir el impacto sobre el empleo, con la ATP (Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción) y los créditos para las pyme (pequeñas y medianas empresas).
–Usted dijo que, tras los momentos duros de la pandemia, hubo un avance del área notable, pero, en la Argentina, hay una realidad innegable: la inflación. ¿Eso no perjudica a la industria, quizá cuantitativamente?
–En el tema, hay una realidad argentina y una internacional, que tiene que ver con una inflación mundial por los problemas que trajeron tanto la pandemia como la guerra en Ucrania, y eso genera un alza de algunos commodities en particular, que pueden llegar a afectar a la industria, pero no estamos viendo grandes problemas.
–Previo a la guerra, ¿no se veían inconvenientes por la temática inflacionaria?
–En algunas cuestiones, por la pandemia más que nada, había sobre todo problemas de abastecimiento, por algunos cortes de cadena a nivel mundial, en relación a inconvenientes logísticos a nivel internacional.
–¿Y problemas acerca del nivel inflacionario local que afectaran a la industria?
–No… Obviamente, puede ser que, en algunos sectores en particular haya algunos problemas, pero no a nivel general.
–En cuanto a lo que mencionó de la guerra en Ucrania, económicamente hablando, en cuanto a las derivaciones que tiene, ¿estamos lejos o afecta en algo puntual a la Argentina? A veces se habla de los efectos del conflicto como generalidades, ¿pero el país está siendo aquejado en algún aspecto?
–Estamos atentos al tema del precio del gas, por cómo puede llegar a influir en la industria. Es un problema al que hoy le ponemos atención, para estar atentos y brindar soluciones en el caso de que haya que tomar alguna medida. Por ahora, observamos a ver cómo afecta.
–Usted es licenciada en Economía, ¿qué piensa del nuevo pacto con el Fondo Monetario Internacional (FMI)?
–Para mí, era una condición que, de alguna manera, era necesaria para poder mantener una calma macroeconómica, y continuar pensando en cuestiones más de largo plazo que potencien a la industria y a la economía en general. Es decir, era un paso que había que dar para tener este espacio donde definir políticas más estructurales.
–Hay una visión generalizada, cuando se habla de la industria, acerca de que existe una presencia mayormente masculina. ¿Es así o se trata solo de una impresión?
–Es así. A nivel de empleo industrial, hay una participación fuertemente masculina, más que nada en algunas ramas, mientras que en otras existe una tendencia femenina, como en los sectores de salud, laboratorios y de confección, por ejemplo. Pero, generalmente, hay sectores que tienden a estar masculinizados.
–¿Eso se produce porque es algo establecido socialmente? ¿O porque no existe el deseo desde las mujeres de intervenir en esas actividades?
–Es medio como el huevo y la gallina -sonríe-… En algunos sectores, como el metalúrgico, la actividad tiende a ser más masculinizada, pero no es que no la puedan hacer las mujeres. En algunos sitios están viendo que las soldadoras trabajan incluso mejor que los hombres. Pero es una realidad estructural que viene de muchos años, donde no es normal contratar mujeres para ese tipo de trabajos. Son cuestiones que se van transformando… Nosotros tratamos, en todos los programas del Ministerio, de incorporar la perspectiva de género para favorecer la inclusión, la participación femenina en las actividades industriales, y por eso hay beneficios adicionales, como, por ejemplo, en un crédito si, a partir del mismo, se va a incorporar mujeres; se trata de generar incentivos para que se sumen a la industria.
–Entonces, por ejemplo, eso sucede cuando se contrata a mujeres…
–Tenemos regímenes de promoción de empleo que, si incorporás mujeres, tenés mayores beneficios, o, también, las empresas lideradas por mujeres tienen un punto extra de bonificación en un crédito, por ejemplo. Hay programas donde las empresas que van a tener impacto de género dentro de alguna actividad tienen alguna priorización. Pero la realidad es que el empleo industrial apunta a estar masculinizado, cuestión que tratamos de revertir con cada una de las provincias y los programas.
–Tal vez en el sector científico eso no es tan así, ¿verdad?
–Claro, quizá ahí está un poco más parejo. A nivel industrial, en algunas actividades, como las asociadas al sector de hidrocarburos, hay una participación masculina mucho más fuerte. Son cosas que se van trabajando… Existen ejemplos de actividades que están muy masculinizadas en las que las mujeres empujan para que otras se sumen, y esa es una labor que hacemos desde el Ministerio, acompañados por las cámaras y las empresas.