DÍA NACIONAL DE LA MEMORIA POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA
Gustavo Gennuso: recuerdos de los años de plomo
Azul, en la Provincia de Buenos Aires, al inicio de la década del setenta, vivía cierta tranquilidad pueblerina vinculada a su característica de ciudad chica.
Pero la noche del 19 de febrero de 1974, en la última etapa de Juan Domingo Perón en el poder (el líder fallecería el primer día de julio de ese año), se produjo un ataque a la guarnición militar de la localidad por parte del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
Durante las horas tardías de aquel día, y las primeras del siguiente, murieron un soldado conscripto, y un coronel y su esposa, mientras que un teniente coronel fue secuestrado para también perecer meses después.
Falleció, además, un miembro del ERP, y otros dos fueron detenidos y luego pasaron a integrar la lista de desaparecidos.
De alguna manera, el hecho significó, para aquel sitio, un despertar a la violencia setentista.
“Marcó de una forma muy fuerte a la ciudad”, dice alguien que nació allí y algo más de cuarenta años después sería elegido intendente de Bariloche: Gustavo Gennuso.
Y, cómo él mismo cuenta, aquel episodio, en cierta forma, para los habitantes de aquella localidad, significó una especie de antecedente de la barbarie que terminaría de eclosionar al poco tiempo en todo el país.
Cuando el 24 de marzo de 1976 se produjo el golpe de Estado que sumió a la Argentina en su etapa más oscura, Gennuso tenía dieciséis años.
De los días previos a aquello, señala: “Recuerdo las conversaciones de mis padres, y con mis compañeros, en la escuela industrial, porque veíamos que se venía el golpe militar”.
En tal sentido, expone un dato que representa un signo de esos tiempos: “Desde que nací, había vivido un golpe militar tras otro; el tema era una cuestión recurrente”.
En ese sentido, suspira: “Por suerte, ninguno de nuestros hijos escuchó hablar de la posibilidad de algo así”.
–En esa época, ¿cómo se tomaba?, ¿como una noticia más?
–No era una noticia más, pero se veía como algo que sucedía cada tantos años. Lo vivíamos con esa zozobra. En lo personal, recuerdo que, cada vez que había un golpe militar, el Ejército incautaba camiones, por si los necesitaban, no sé bien para qué, por lo cual, cuando parecía inminente que iba a pasar algo, la primera reacción de mi papá, que tenía un camión de hacienda, era ir a esconder el vehículo, para que no le sacaran su herramienta de trabajo. En ese momento, en el país pasaban cosas complejas, había mucha violencia, incluso parainstitucional, de grupos armados.
–¿En Azul también?
–No, salvo aquella vez, cuando quisieron tomar el cuartel, donde había un gran arsenal de armas. Fue muy traumático para la ciudad. En mi casa existía una mirada contraria a los golpes militares, que, hasta aquel momento, habían sido muy duros, en el sentido de no tener libertades y que te mandaran preso por cualquier cosa, pero sin comparación con el genocidio que fue después. En mi familia, se sabía que nunca era bueno que hubiera un derrocamiento, pero jamás imaginamos que lo que llegaría sería tan malo.

Ya con la dictadura instalada, Gustavo Gennuso realizó el servicio militar en Tandil. “Para mí, eso fue muy traumático”, cuenta. “Era plena dictadura, y la situación me causaba rebeldía… Además, me tocó lo que fue la casi guerra con Chile. Nos trasladaron un tiempito cerca de la cordillera, pero, por suerte, no pasó nada. Eran esas locuras que hacían los militares, de llevar a pelearnos entre hermanos”.
Así, sobre aquel período de la colimba, aprecia: “En ese momento, uno generaba anticuerpos para todo lo militar. Era muy duro estar ahí adentro, recibir órdenes mientras se intuía que afuera pasaba algo muy grave”.
Igualmente, marca los parámetros de la molestia que sentía: “Comparado con lo que pasó con los desaparecidos, eso fue un juego de niños, pero, internamente, para mí, fue feo”.
“Después, me trasladé a La Plata, a estudiar Ingeniería”, relata Gennuso, sobre cómo continuó su deambular en aquellos años.
Cabe recordar que esa localidad fue un sitio especialmente convulsionado por aquella época.
“Había que pisar con pie de plomo”, certifica Gennuso. “Existía muchísima militarización, incluso en la universidad. Todo era muy complejo… Fue una de las ciudades que más sufrió la violencia del Estado, con muchos desaparecidos. En ese sentido, fue un sitio muy golpeado. Se debía tener muchísimo cuidado, uno se sentía mirado por todos lados”.
Sobre cómo vivió ese período, expone: “Veías que al país le pasaban cosas graves, y querías poner el hombro. Creo que a muchos de los jóvenes de esa generación nos pasó que, cuando volvió la democracia, sentimos que teníamos que hacer algo, cada uno desde su lugar, para recuperar lo que se había perdido”.
“Aunque, en términos reales, lo que se había perdido era la vida de muchísimos ciudadanos de una forma atroz”, sostiene.
Cuando se le consulta si tuvo personas realmente cercanas desaparecidas, dice que no, aunque sí varios conocidos, y también amigos que debieron exiliarse.
Como marca de aquella época, también menciona lo que, en definitiva, haría que la dictadura cayera barranca abajo hasta un fin inexorable: la guerra de Malvinas. En ese punto, asevera: “Más allá del reconocimiento que tenemos por los héroes de Malvinas, la guerra fue llevada adelante por un acto irracional de la Junta Militar, para poder preservarse en el poder. Fue un momento muy duro. En la universidad se dieron mesas de discusión que fueron complejas. Había una dualidad en el ambiente, porque la causa Malvinas moviliza mucho. Aquellos que criticábamos la guerra no éramos bien vistos. Recuerdo que tuve un debate muy fuerte al respecto…”.
La vida de Gennuso, luego, al venir a Bariloche para continuar sus estudios en el Instituto Balseiro, tomaría un rumbo nuevo, para, mucho después, llegar a ser intendente de la localidad. Ahora, desde esa posición, al dirigir su mirada atrás, hacia aquellos años de plomo, considera: “Fueron momentos atroces para la Argentina, con la pérdida de más de treinta mil vidas. Es lo peor que ha pasado en nuestra historia. Por eso la memoria, la verdad y la justicia. No nos debemos olvidar jamás de lo que pasó; y tampoco tienen que olvidarse nuestros hijos, nietos y todos los que vengan”.
Así, habla de la necesidad de transmitir “la memoria dolida de este país”, para que se conozca la razón de “una llaga enorme”.
“La llegada del 24 de Marzo me ocasiona mucho dolor. Cada vez que se aproxima la fecha, por lo menos a mí, que viví la dictadura, que era un pibe cuando pasó, pero la viví, siento en las entrañas todo eso tan duro qué sucedió, y voy recordando historias, cosas que leí, que hablé con personas que fueron afectadas, con gente que tuvo que irse… Este día me trae un sufrimiento antiguo”, concluye Gustavo Gennuso.