“PARA NOSOTROS, ROCA ES TAN ASESINO COMO VIDELA”
Carriqueo marca un paralelismo entre lo que sucedió durante la dictadura y lo que pasó en la Conquista del Desierto
“Para nosotros, no existen la memoria, la verdad y la justicia”, sentencia el werken (vocero) de la Coordinadora del Parlamento del Pueblo Mapuche-Tehuelche de Río Negro, Orlando Carriqueo, cuando se le consulta por el 24 de Marzo, fecha en que se inició lo que los golpistas denominaron "Proceso de Reorganización Nacional", una de las etapas más sangrientas de la Argentina.
“Todo lo que hizo el Ejército entre 1976 y 1983 ya lo había hecho con los pueblos originarios”, profundiza el concepto.
Para que sus palabras no lleven a confusiones, aclara: “Somos críticos de lo que sucedió en el 76”.
Sobre cómo sufrieron la etapa de la dictadura los pueblos originarios, señala: “Muchos referentes indígenas formaban parte de alguna organización o gremio, y eso fue igual para todos; no era que fueran perseguidos por mapuches, sino por la función que cumplían”. Pero hace una salvedad en cuanto a lo que sucedió en la región, donde expone que sí hubo situaciones de más peligro relacionadas con el origen de las personas y la posesión de las tierras: “Las comunidades de la zona sufrieron mucha violencia por parte del Ejército. Les pasó, por ejemplo, a la Tripay Antu y a la Millalonco Ranquehue. Las intentaron correr. Sufrieron ataques, que les tiren la casa abajo, que volteen corrales y maten animales”.
“En 1983, con la llegada de la democracia, eso se tranquilizó un poco. La violencia pasó, pero el Estado nunca ha resuelto la problemática del territorio”, expone, en referencia al conflicto en relación a esas tierras que el Ejército mantiene en guarda, sobre las que reclaman varias comunidades.
“Es más, incluso con un fallo de la Justicia Federal a favor, no podemos resolver ese tema”, añade Carriqueo.
Más allá de eso, para que se comprendan las primeras palabras que figuran en esta nota, el werken apunta: “Los desaparecidos no nacieron en la década del setenta; tampoco la tortura”.
“La violencia institucional del Ejército ya había aparecido en los campos de concentración a los que llevó a los indígenas, cuando violó, cuando se apropió de la identidad… Todo eso ya lo había hecho casi cien años antes”, aprecia.
“Eran las prácticas que utilizaba con nosotros”, afirma.
“Esa manera de actuar no la inventó en 1976, sino cuando entró a la Patagonia, y con la Campaña del Desierto hizo todas esas herejías con nuestra gente”, manifiesta.
En ese sentido, dice: “Hoy estamos reclamando que el Estado reconozca el genocidio, que tiene que ver con las prácticas que el Ejército Argentino llevó adelante en nuestro territorio”.
Y remarca: “Somos parte de la sociedad, sin embargo no se condena el genocidio fundante del Estado”.
“Por eso criticamos la bandera del kirchnerismo sobre ‘Memoria, Verdad y Justicia’, cuando eso es solo es para los blancos; para la gente indígena no hay nada”, opina.
De esa manera, recalca la violencia desatada en la Patagonia: “Roca y todos los que llegaron en la Campaña del Desierto usaron métodos sanguinarios: marcha forzada, campos de concentración… Y lo sabemos porque nuestras familias lo vivieron”.
“Para nosotros, Roca es tan asesino como Videla”, afirma.
Y menciona algunas atrocidades que se vivían en aquel tiempo: “En el campo, se los montaba con espuelas: se los ponía como caballos, en cuatro patas, y hacían que los propios familiares se les subieran, y, si no, los mataban”.
También refiere a los cambios de identidad, cuando se sustraía niños, similitud que marca con la última dictadura militar, al igual que las violaciones ejercidas contra las mujeres, y las pésimas condiciones en las que los mantenían en los campos de concentración, encerrados en corrales, las mujeres por un lado, los hombres por otro, para que no procrearan.
El relato de Carriqueo hace pensar que aquello que vivieron los pueblos originarios tuvo un eco que atravesó el tiempo y desembocó en los centros clandestinos de detención de la última dictadura.
Asimismo, vincula lo que sucede con los hijos de desaparecidos que buscan su verdadera identidad con el proceso identitario que, explica, “se está produciendo en este momento en la Patagonia, especialmente en la provincia de Río Negro”.
De esa forma, reitera: “Ciertos gobiernos que se dicen progresistas levantan la bandera de ‘Memoria, Verdad y Justicia’ hacia el mundo, cuando dentro, todavía, hay una herida abierta con los pueblos originarios”.
“Si esto no se salda, no es cierto que podamos construir una sociedad de iguales”, concluye.