UN CENTENAR DE PERSONAS SE ACERCÓ AL CENTRO CÍVICO
Pidieron justicia por la muerte de Lucía
Cuando el reloj del Centro Cívico marcó que eran las siete de la tarde del jueves, una madre rompió a llorar.
Sus allegados la acompañaron a uno de los bancos de la plaza emblema de Bariloche, y allí las lágrimas siguieron brindando su testimonio de dolor hasta que media hora más tarde se desconcentró la marcha que había partido a las 18.15 desde Moreno y Onelli, en reclamo de que se haga justicia por Lucía Loise, la chica que, a los quince años, fue asesinada a cuchillazos por otra joven, de catorce, en el barrio Nahuel Hue, a la salida de un bar, en horas de la madrugada, en un conflicto que, según los familiares de la fallecida, habría comenzado dentro del local.
La mujer que, desconsolada, mostró su dolor en forma de llanto es la madre de Lucía, Mariela Martínez.
Durante el trayecto hasta el Cívico, la marcha se realizó en silencio.
El único sonido fue el de dos instrumentos de percusión que marcaron un ritmo constante sobre el final de la columna, de aproximadamente cien personas.
Seres comunes a los que les sucede un hecho tristemente extraordinario, neófitos en lo que refiere a realizar marchas, no avisaron a nadie de Tránsito para que desviaran la circulación de los vehículos, sin embargo, los conductores que se encontraban con la movilización, respetuosos ante el caminar de un pesar sin nombre, disminuían la velocidad hasta casi paso de hombre, sin queja alguna. Y si se escuchó algún bocinazo fue porque alguien mucho más atrás se topó de golpe con una fila de autos que iban muy lento, pero, al darse cuenta del porqué, cesó pronto en su protesta.
Incluso un par de colectivos aminoraron su marcha sin reclamar nada por la demora imprevista.
Y, en el Centro Cívico, un par de agentes de Tránsito que pasaban de casualidad por el lugar, al observar que durante unos pocos minutos la gente que se había movilizado cortaba el paso vehicular para mostrar los carteles que hacían referencia al motivo de la concentración, se acercaron a la mamá de Lucía y con unos modales que son dignos de resaltar, haciendo muestra de una sensibilidad que no abunda, le indicaron que en caso de volver a realizar una protesta de ese tipo, por favor, les avisaran, y que ellos se acercarían para controlar el trayecto y evitar cualquier tipo de inconveniente.
¿Y qué es lo que piden Mariela y todos los que la acompañaron durante la tarde del jueves? Como ya se explicó, en un sentido general, que se haga justicia. Ahora bien, ¿qué piensan que debería pasar? Por un lado, que se tomen medidas con el bar donde comenzó la pelea que derivó en la muerte de la joven.
Quienes se acercaron al Cívico hablaban de una fiesta clandestina, con expendio de alcohol a menores en horas de la madrugada.
Es lo que, justamente, explicaba una tía de Lucía a cada persona a la que se le presentaba con una carpeta con la intención de que firmara un petitorio, en relación al otro motivo que impulsó la marcha: que se baje la edad de imputabilidad.
Varios turistas pararon para informarse sobre la situación y estamparon su rúbrica en la planilla, además de brindar el pésame a la familia.